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Así está hoy Invasor, a 10 años de su consagración como el mejor caballo del planeta

En marzo se cumple una década del retiro de las pistas del campeón argentino, que ganó 11 de sus 12 carreras, incluida la Triple Corona de Maroñas, el Classic de la Breeders' Cup en los Estados Unidos y la Copa del Mundo en Dubai; en Uruguay tiene una segunda oportunidad como semental

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LA NACION
Viernes 06 de enero de 2017 • 10:00
Invasor, en un duelo de miradas con su padrillero
Invasor, en un duelo de miradas con su padrillero.
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Once triunfos en una docena de carreras corridas en poco más de dos años es la cara pública de Invasor, el caballo argentino que más ganancias ha logrado en la historia (U$s 7.804.070) y que hace 10 años se consagraba como el mejor del mundo.

Número uno del ranking tras sus conquistas en la Breeders' Cup Classic, en los Estados Unidos, yla Copa del Mundo, en Dubai, con el paso de los años se ha hecho leyenda su historia. Es la del potrillo que llegó a manos de un grupo de propietarios uruguayos que debieron cambiar de recorrido cuando un desperfecto en una avioneta los obligó a buscar un haras (Clausan) más cerca para elegir su próxima ilusión en tierra argentina. Después, el viaje a Montevideo, la consagración como triplecoronado invicto tras una operación en una rodilla y ser rebautizado (se llamaba Quiet Style), y la irresistible oferta de 1,4 millones de dólares del jeque que lo disfrutó en su segunda y superadora etapa en las pistas, fuera de Sudamérica.

Tras ser retirado de la competencia, la vida como padrillo en Estados Unidos resultó un tobogán vertiginoso. El costo de su servició, fijado en 35.000 dólares en 2008, se fue desmoronando hasta ser de apenas 4.000 en 2013 y tras cubrir 78 yeguas en su primera temporada en la cría bajó cinco años más tarde a sólo nueve. Por entonces, se lo veía apagado, triste, sin furia, en un amplio potrero de Shadwell Farm, que fue quitándole apoyo hasta comercializarlo.

Así, se abrió la puerta en 2013 para su regreso a Uruguay, con un contrato por tres años en el haras Cuatro Piedras, a casi una hora del centro de Montevideo. Allí es donde hoy pasa sus días, con una segunda oportunidad como semental, y la admiración de quienes lo visitan, entre ellos sus antiguos dueños, que no pudieron contener la emoción y lloraron la tarde del reencuentro.

El interrogante es si serán capaces sus hijos sudamericanos de responder a las expectativas en mayor medida de lo que lo han hecho sus descendientes norteamericanos, con un 68% de sus hijos en las pistas y un 38% de ganadores, pero sólo cuatro clásicos. La respuesta estará desde 2018, cuando quede habilitada para competir su primera generación uruguaya, compuesta por casi 40 productos. Mientras, Invasor retoza en un país que parece sentarle mucho mejor.

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