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Jukebox, una enciclopedia (primera entrega)

PARA LA NACION
Domingo 08 de enero de 2017
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Jukebox (del ingl. joog = perverso y box = caja): enciclopedia desordenada, caja perversa, banco de canciones, diccionario acústico, museo, acumulación: el inquietante mundo de los hoarders. Una enciclopedia está arbitrariamente ordenada alfabéticamente; en una jukebox las músicas están dispuestas según coordenadas alfanuméricas. El consumidor de canciones introduce una moneda y elige un título en un repertorio. Hasta hace poco, en algunos viejos cafés de París había dos esclavos mecánicos: una jukebox y un flipper. Con una se seleccionaba el ambiente, con la otra se jugaba a la bolita. Ambas producían músicas que se mezclaban aleatoriamente en el aire. Esa dulce cacofonía será para mí, para siempre, la música de París, y no la insoportable voz de Piaf.

Flipper (no trata del delfín homónimo sino del billar eléctrico): de todos los deportes que he practicado, que no son muchos, el que más me entusiasmó es el flipper, ese ruidoso y fascinante debate con la gravedad. Recuerdo con nostalgia los salones de juegos eléctricos y electrónicos del siglo pasado, donde la acumulación de ruido, música apilada y rumor humano era tal que resultaba difícil escucharse los propios pensamientos. Ese nivel de cacofonía sólo la volví a experimentar en los insondables pachinkos tokiotas, suerte de agujeros negros donde todo el ruido del universo está concentrado en una habitación. Aquí la eterna dialéctica tensión/distensión se experimenta entre un adentro inquietante y enloquecedor, donde los jugadores son esclavos de las máquinas (en latín, esclavo era addictus) y un afuera pacífico (lo contrario a la ideología paranoica de la seguridad). El pachinko es como la acumulación de todas las músicas, un ruido blanco cósmico.

Música y flipper tienen mucho en común, ya que impulso y caída -tensión entre una imposible levitación e inevitable recaída- proponen una gramática independiente de cualquier lenguaje, tonal o atonal: voluntad de quedarse suspendido en el aire versus caída previsible. La música desde la noche de los tiempos se basa en esta tensión/distensión: impulso/voluntad contra caída/abandono, metáfora de nuestra relación ineludible con la adherencia de la tierra.

Esclavo: La pianola fue el primer esclavo robotizado, su inventor ganó plata mientras los músicos se quedaban sin trabajo. La propina de los músicos se introducía en un sombrero; la de la pianola se introducía por una ranura.

El robot musical garantiza que no haya pérdida entre la voluntad del compositor y la respuesta acústica. No hay intermediarios, no hay interpretación. El otro extremo sería la supuesta libertad total de la música aleatoria, donde todo o casi puede suceder ya que el compositor, si hay uno, apenas sugiere caminos posibles y el intérprete, si lo hay, se sorprende a cada paso por sus propias decisiones. En este sentido, la distancia entre música aleatoria e improvisación es imperceptible.

La cadena musical darwiniana parecería estar en este estado: esclavo => músico esclavo => músico por propina => pianola => disco => jukebox => spotify.

El autor es compositor

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