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El año en el que la red empezó a aterrarnos

The New York Times
Jueves 12 de enero de 2017
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WASHINGTON.- Y así fue como a fines de 2016 el mundo llegó a un punto crítico que quedó al descubierto gracias a un impensable elenco de figuras: Vladimir Putin, Jeff Bezos, Donald Trump, Mark Zuckerberg y la tienda departamental Macy's. ¡Quién lo hubiera dicho!

¿A qué punto crítico me refiero?

Fue el momento en el que nos dimos cuenta de que la masa crítica de nuestra vida personal y laboral se había transferido del mundo terrestre al ámbito conocido como "ciberespacio". O sea que gran parte de nuestras interacciones se había mudado a una dimensión en la que todos estamos conectados, pero nadie está a cargo.

Al fin y al cabo, en el ciberespacio no hay semáforos, no hay policías patrullando, ni tribunales, ni jueces, ni Dios que castigue el mal y recompense el bien, y ciertamente no hay ningún 0800 al que llamar si Putin hackea unas elecciones presidenciales. Si alguien te ensucia en Facebook o en Twitter, a menos que sea una amenaza de muerte, buena suerte a la hora de pedir que lo retiren, especialmente si fue bosta anónima, algo de lo más común en el ciberespacio.

Y, sin embargo, ése es el ámbito donde ahora pasamos cada vez más horas de nuestros días. En el ciberespacio es donde hacemos cada vez más compras, más citas, más amistades, donde aprendemos y enseñamos más, donde cada vez más buscamos información y donde vendemos cada vez más nuestros productos, servicios e ideas.

Es el ámbito en el que nuestro presidente electo y el líder de Estado Islámico pueden comunicarse con igual facilidad con millones de sus respectivos seguidores a través de Twitter, sin editores, sin nadie que verifique los hechos, sin demandas por injurias ni filtro alguno.

Y también agregaría que 2016 será recordado como el año en que terminamos de entender lo escalofriante que resulta todo eso, lo fácil que fue para un candidato presidencial tuitear falsedades y verdades a medias con tal velocidad que nadie tenía tiempo de desmentirlas, lo barato que le costó a Rusia intervenir en las elecciones a favor de Trump hackeando las computadoras del Partido Demócrata y lo indignante que resultaba escuchar al jefe de seguridad de Yahoo!, Bob Lord, decir que su compañía todavía "no ha sido capaz de identificar" cómo fueron hackeadas en 2013 las cuentas de 1000 millones de usuarios.

Hasta el presidente Barack Obama quedó pasmado por lo rápido que ese momento llegó a ser crítico. "Creo que subestimé hasta qué punto esta nueva era de la información hace posibles la desinformación y el ciberhackeo, y el impacto que puede tener en nuestras sociedades", dijo Obama en el programa de noticias This Week de la cadena ABC.

En Navidad, Amazon.com les enseñó a los vendedores más tradicionales que el punto cibercrítico golpeó a fondo el mundo de las ventas. La semana pasada, Macy's informó el despido de 10.000 empleados y el cierre de decenas de locales porque, según The Wall Street Journal, "Macy's no ha logrado resolver el vuelco de los consumidores al mercado de ventas online".

Al principio, Zuckerberg, fundador de Facebook, insistía en que las noticias falsas que corrían por la red social que inventó "seguramente no tuvieron impacto" en el resultado de las elecciones y en que afirmar lo contrario era "una idea bastante loca". Pero en unas elecciones tan ajustadas la idea no era loca en absoluto.

Facebook, que quiere acaparar a todos los lectores y anunciantes de los medios tradicionales, pero sin tener que cargar con sus editores y verificadores de datos humanos, ahora está tomando con más seriedad su responsabilidad como proveedor de noticias.

Alan S. Cohen, director comercial de la empresa de ciberseguridad Illumio, señaló en un artículo publicado en siliconAngle.com que la razón por la que el punto se ha vuelto tan crítico es que muchas empresas, gobiernos, universidades, partidos políticos e individuos han concentrado una ingente cantidad de información en centros de datos y otros entornos de la nube informática.

Hace diez años, dice Cohen, los tipos malos no tenían la capacidad de acceder a todos esos datos y extraerlos, "pero ahora sí", y a medida que los macrodatos y otras herramientas creativas, como la inteligencia artificial, puedan ser utilizadas como armas, el problema no hará más que agravarse. Se trata de un problema enorme desde lo legal, lo moral y lo estratégico, y según Cohen, para desactivarlo será necesario un "nuevo pacto social".

Para forjar ese nuevo pacto social lo primero es empezar a enseñarles civismo digital a los chicos en todas las escuelas. Y eso implica arrancar enseñándoles que Internet es una cloaca a cielo abierto de información sin filtro ni verificación, de la que deben dudar.

Un estudio publicado en noviembre por la Escuela de Ciencias de la Educación de la Universidad de Stanford reveló "una descorazonadora incapacidad de los estudiantes para razonar sobre la información que ven en Internet".

El profesor Sam Wineburg, autor del informe, dijo: "Muchos creen que como los jóvenes tienen un manejo fluido de las redes saben discriminar lo que encuentran ahí. Nuestro trabajo demuestra todo lo contrario". En esta era en la que una parte cada vez más grande de nuestra vida se ha trasladado al ámbito digital, eso es lisa y llanamente escalofriante.

Traducción de Jaime Arrambide

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