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Juan Mónaco: “Siento que la vida se me pasa muy rápido”

El tenis le dio grandes satisfacciones, pero despertarse cinco veces por noche con dolor de muñeca o la rutina de las giras lo llevaron a replantearse todo. En pareja con Pampita, hoy sueña más con la paternidad que con el deporte. El amor, la amistad y las nuevas pasiones

Domingo 15 de enero de 2017
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LA NACION
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Juan Mónaco, durante la producción de fotos para LN Revista
Juan Mónaco, durante la producción de fotos para LN Revista.

Los autos de Buenos Aires se deslizan sobre la crema negra que es el asfalto porteño en verano. A salvo de ese infierno, que se adivina por la ventana, Juan Pico Mónaco (32), el muchacho del momento, el que está en las revistas del corazón por su relación con Carolina Pampita Ardohain, charla en una de las habitaciones del hotel Four Seasons, donde acaba de terminar la sesión de fotos. El infierno de la calle es nada. Infierno es otra cosa, y él lo sabe.

Antes se hablaba de otra cosa. Por ejemplo, de su mano. El 3 de agosto de 2015, en Kitzbuhel, Austria, Robin Haase lo esperaba para continuar el partido que Mónaco ganaba por 6-2, 1-1. Al cabo de un 40 iguales, Mónaco rasguñó el aire. Sólo una vez contrajo los dedos de su mano derecha; eso bastó para darse cuenta de que no podía seguir. No era una lesión, era el abismo: un tenista que no podía sostener su raqueta. Abatido, miró su mano enferma y rompió en llanto.

"Decidí jugar hasta que se me explotara la mano"
Mónaco

¿Cuántas veces habías infiltrado esa muñeca?

Cuando me detectaron la lesión hicieron una infiltración que duraba cinco meses. Al quinto mes me volvía a infiltrar y me duraba cuatro; cada vez duraba menos. Me infiltraba puntualmente para partidos de Copa Davis o alguna final, porque no quería sentir ningún tipo de dolor. Eso fue desgastando los tendones y cartílagos hasta que un día, de tanto infiltrarme, jugando ese partido en Austria pegué un golpe y me explotó la mano.

¿Qué sentiste?

Un desgarro total. La mano me quedó de tal manera que no podía sostener la raqueta. No podía moverla. La solté y llamé al médico. Sabía que me iba a pasar, pero no esperaba que pasara, y fue jugando un partido que iba ganando.

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Sabiendo lo que desgastan las infiltraciones, ¿pensabas cómo estaría tu cuerpo a los cincuenta años?

Sí. Sabía que la mano me quedaría inmóvil. Si me hubiese pasado a los 24 años (fue a los 31) me habría operado, habría parado un año y arrancado de cero. Pero los médicos me decían que si me operaban no garantizaban que pudiera volver a jugar. Era una decisión muy difícil. Yo sabía que daba ventaja porque me dolía la mano, pero infiltrándome las cosas me estaban yendo bien. Tenía espejos de jugadores que se operaron y no volvieron a jugar nunca más. Juan Martín (Del Potro) se había operado de algo así y estuvo tres años parado. Yo tenía mucho temor.

¿Sentías que era decidir terminar la carrera?

Sí. Entonces decidí jugar hasta que se me explotara la mano. La operación salió bien, pude jugar un año más. El año pasado jugué poco, pero me di el gusto de ganar un torneo, llegar a los cuartos de final de Roma, ganándole al 3 del mundo, Wawrinka, jugué un juego olímpico (tercero), representé al equipo campeón de Copa Davis. Si bien no terminé en el ranking que quise (30 mejores), sentí que me di muchos gustos.

Juan Mónaco, durante la producción de fotos para LN Revista
Juan Mónaco, durante la producción de fotos para LN Revista. Foto: LA NACION / Ignacio Coló

En un momento pensaste en retirarte. ¿Qué hecho puntual te hizo pensarlo?

He llegado a despertar a la mañana con la mano tan empastada de tantas infiltraciones, que tenía que abrir la canilla de agua caliente y dejar la mano debajo del agua durante cinco minutos para poder empezar a moverla. Eso lo viví durante cinco meses antes de operarme, todos los días. Me levantaba entre cuatro y cinco veces por noche con dolor de mano. Los últimos dos meses dormí con una faja para tener fija la muñeca. Para cada entrenamiento que hacía antes de operarme necesitaba de media hora de masajes de mi kinesiólogo para que la muñeca entrara en calor y estuviera en condiciones de entrenar. Y para jugar, pastillas e infiltración. En Copa Davis he llegado a tomar cuatro Dolten de 75 mg para poder terminar un partido de cinco sets. Hice malabares para poder terminar de jugar un partido.

¿Llorabas?

Muchísimo. Terminaba un partido y liberaba la angustia de tanto trabajo que teníamos por la muñeca. Las pastillas que tomaba me reventaban el estómago; no podía ni cenar. Me amargaba muchísimo cuando no me salían las cosas; ahí veía el retiro muy cerca. Estaba tan pendiente de mi muñeca que ni pensaba en el rival.

¿Llegaban a armar estrategia de partido?

No había estrategia. Las charlas con mi entrenador eran “Pico, ¿cómo venís del dolor? Trata de bancártela”. Con el preparador físico: “La pastilla tomala a los 20 minutos, así te hace efecto”. No hablábamos de táctica de partido. Cuando empecé a ver ese tipo de cosas… Muchas veces me iba a dormir pensando que no lo iba a soportar. También pensaba “ojalá me rompa la mano”.

Que se terminara, pero que no fuera por decisión tuya.

Sí.

¿Por qué te bajaste del abierto de Australia?

Por la muñeca. Me operé en 2015, tengo que elegir bien el calendario. Era traumático empezar tan temprano la pretemporada, muy exigente prepararme 35 días en una cancha de cemento para jugar solamente un torneo (Australia). Con mi equipo de trabajo decidimos esperar un poco más y arrancar la temporada en canchas lentas que es donde menos resentimiento tengo en la muñeca.

Te aburrís bastante en las giras, ¿no?

Lo que me aburre en sí es el hotel, la vida nómada, cambiar de continente, idioma, clima, comida. El avión. Al principio de la carrera es todo nuevo, después se vuelve rutinario y después te aburre. A medida que uno se va poniendo más grande piensa que la va a tener más clara y que será llevadero, pero no. Al contrario: extraño más cosas, siento que la vida se me pasa muy rápido.

Estás más consciente del tiempo.

Exactamente. Uno se pone a pensar demasiado.

¿Ahora la cabeza trabaja más?

Sí, porque me voy dando cuenta de que estoy grande. Que son trece temporadas seguidas que estoy haciendo lo mismo, y tengo que encarar la decimocuarta. Ya siento que los más jóvenes vienen ganando terreno y se hace difícil competir con ellos. Me cuesta mucho más recuperarme. Tuve que reinventarme, tratar de tener una nutrición perfecta, viajar con un kinesiólogo a todos los torneos. De los 20 a los 28 años me levantaba, entrenaba tres horas y me podía acostar a las tres de la mañana que al otro día podía entrenar sin ninguna complicación; ahora tengo que buscar variantes como el yoga, dormir mínimo ocho horas.

¿Hacés yoga?

Hice mucho tiempo. No viajo con una profesora, pero sí hago muchos ejercicios de prevención que son del yoga. Me sirvió muchísimo en la elasticidad, en no alterarme, no estar ansioso.

Juan Mónaco, durante la producción de fotos para LN Revista
Juan Mónaco, durante la producción de fotos para LN Revista. Foto: LA NACION / Ignacio Coló

¿Quién es Pinchetti?

¡Uh! ¡Pinchetti! Era un periodista de Tandil, que tenía un programa de radio, muy popular ahí. Cuando estábamos en el exterior, con un grupo de trabajo que tuve con Gustavo Marcaccio, de 2011 a 2014, se nos daba por joder a mi viejo. Llamábamos por teléfono a casa, nos hacíamos pasar por Pinchetti y le hacíamos creer que se ganaba premios, que tenía que ir a buscarlos a cualquier lado. El que hablaba era Gustavo.

¿Le hicieron creer que había ganado treinta kilos de helado?

Treinta kilos de helado. Y los fue a buscar al supermercado. Fue y lo sacaron cagando (ríe). Lo hacíamos de aburridos. La mejor fue hacerle creer a un amigo que le revocaban la visa de Estados Unidos.

¿Es de la que más orgulloso estás?

Sí, es la que mejor nos salió porque la planeamos durante una semana. Investigamos todo: qué día había hecho el trámite, el número. Gustavo hablaba con voz neutra, se hacía pasar por un venezolano que trabajaba para la embajada de Estados Unidos en la delegación de Buenos Aires. Lo llamábamos cada tres días. Le preguntábamos si tenía tarjeta de crédito, de qué trabajaba, si estaba en blanco, si tenía pareja, cuántas relaciones sexuales tenía en una semana, qué relación lo vinculaba a Juan Mónaco (él había dicho que viajaba a ver un torneo mío), qué propiedades tenía yo en el exterior.

Pico Mónaco, en la pileta
Pico Mónaco, en la pileta. Foto: LA NACION / Ignacio Coló

¿Mintió?

Decía la verdad en muchas y en otras mentía. Le decíamos que el calibre de su voz no nos daba con las respuestas anteriores, que teníamos un detector de mentiras. Era la primera vez que salía del país, primera vez que viajaba en avión.

¿Es verdad que sólo tu mamá te llama Juan?

Sí, es verdad. En Tandil me dicen Piquito, porque Pico es mi papá. Fui el primer hijo varón, entonces los amigos de mi viejo decían “nació Piquito”.

¿Por qué le dicen Pico a tu papá?

Mi papá es sietemesino, estuvo en una incubadora y le daban de comer por una sondita, que tenía como un piquito. Fue en el año 47. Entonces cuando iban los amigos de mi abuelo a visitar al hijo y preguntaban cuál era, las enfermeras respondían “el del piquito”.

Y tu abuelo no estuvo en el nacimiento de tu papá, ¿por qué?

Mi abuelo era jefe de médicos de la base aérea de Tandil. En ese momento había viajado a Inglaterra a buscar los aviones que había comprado Perón.

Un tenista juega por dinero, pero no durante toda su carrera. ¿En qué momento dejaste de jugar por dinero?

Cuando tuve mi primer departamento y mi auto.

"No la voy a leer nunca en mi vida (la biografía de Agassi) porque es mi ídolo. Muchos que la leyeron quedaron como tocados por cosas que cuenta que hizo mientras jugaba"
Mónaco

¿Estabas preocupado por generar tu plata?

No, porque gracias a Dios el primer año que jugué profesionalmente me fue muy bien. El tenis es un deporte muy rentable. Si te va bien es un buen trabajo, tenés un buen pasar, se gana en moneda extranjera. Cuando me compré el departamento y el auto dije ya está, tengo lo que siempre quise. Después, uno va buscando dónde invertir.

¿Qué significó Andre Agassi para vos?

Mi ídolo de chico. Miraba tenis, veía su carisma, lo loco que estaba. Quedaba hipnotizado frente a la tele.

¿Seguís sin leer la biografía?

No la voy a leer nunca en mi vida porque es mi ídolo. Muchos que la leyeron quedaron como tocados por cosas que cuenta que hizo mientras jugaba. Prefiero quedarme con ese recuerdo lindo que tengo.

¿Por qué no mirás tenis?

Porque es lo que hago todo el tiempo. Cuando tengo tiempo libre prefiero mirar una película u otro tipo de deportes: fútbol americano, NBA, ver a Estudiantes de La Plata, la Selección. Soy muy hincha de Argentina en todos los deportes. Tenis es la quinta opción, salvo que sea un evento muy especial: la final de un Grand Slam o alguna Copa Davis que por ahí me quedo afuera y la miro.

¿Cuál era el truco del córner por el que se enojaban Moya y Ferrer? [Mónaco hacía pareja en PlayStation con Nadal]

La verdad es que no teníamos un truco, teníamos mucha suerte. Con Rafa jugábamos con Manchester United y ellos con el Barça, o el Real Madrid. Jugaban con equipos mejores, nosotros decíamos que éramos “un equipo con carisma”. Después quedó “la pareja carismática”. Cuando ganamos un torneo juntos en Doha al firmar la cámara pusimos “la carismática”. Era un chiste interno. Nos iba bien en el córner, no sabíamos por qué pero metíamos goles. Moya y Ferrer miraban y decían que teníamos un truco. Cuando los escuchamos nos pusimos de acuerdo para decirles que sí. Los hemos hecho romper controles diciéndonos : “¡Dígannos el puto truco del córner!”. Les decíamos que no podíamos, que habíamos investigado en una revista. Se volvían locos.

"Me cuesta tomar la decisión. Es muy difícil cuando te mirás en el ranking, estás 60 del mundo y entrás en todos lados. Para mí sería muy fácil estar 300 del mundo y decir no juego más""
Mónaco, sobre el retiro

¿Pensás en el retiro ahora?

Todo el tiempo. Estoy grande, son muchas temporadas. Todo lo que soñé cuando era chico, lo logré. Fui top ten, representé al equipo campeón de Copa Davis, me entregué a Argentina a representarla en cantidad de series, 8 años ininterrumpidos de Copa Davis sin importar mi calendario. Me pude dar el lujo de participar en Juegos Olímpicos, formar amistades para toda la vida. Tengo reconocimiento, me siento querido y eso es lo que me llevo. Lo que me replanteo muchas veces es si vale la pena seguir esforzándome.

¿Y entonces?

Y entonces eso, ¿y entonces? Es lo que me pregunto. ¿Me sigo levantando a las 7 todos los días? ¿Cómo alimento la motivación para seguir queriendo ser mejor, sabiendo que estoy grande y lo que me cuesta?

¿Te lo respondiste?

Me cuesta, porque es algo que hice toda la vida. Me cuesta tomar la decisión. Es muy difícil cuando te mirás en el ranking, estás 60 del mundo y entrás en todos lados. Para mí sería muy fácil estar 300 del mundo y decir no juego más.

Lo que te mata es tomar la decisión, ser el responsable. Antes fue “que se me rompa la muñeca…”

O caer en el ranking. Pero yo no fui. Y por otro lado, pienso: “¿Y si tomo la decisión y me retiro contento?” Pero es tan difícil. El ranking me da, el nivel de tenis me da. Lo que sí tengo claro es que estoy en la etapa final de mi carrera.

¿Trabajarías, y de qué, al retirarte?

Sí, porque soy hiperquinético. Tengo una cervecería con socios amigos en Mar del Plata (se llama La Paloma) que me requiere tiempo y me encanta. También tengo un campo de yerba. Son cosas que fui armando a medida que se acercaba el final de la carrera para que, cuando llegara el cimbronazo de no jugar más, automáticamente, al día siguiente, tuviera la cabeza ocupada.

¿La adrenalina?

Va a ser difícil. Creo que la tendré cuando sea padre, en el día a día con mi familia. Creo que sería una adrenalina mucho mayor a la de competir. Obviamente que ese dolor de panza previo a un partido va a ser difícil de lograr. Pero yo me estoy dando cuenta de que el tenis no es todo. Es parte de mi vida, pero tengo otros proyectos que me llenan muchísimo.

Hablabas de la Davis, participaste de este ciclo, pero no de la final. ¿Sentís que la ganaste?

Los que la ganaron fueron los chicos que estuvieron ahí, porque fueron los que ganaron los puntos para ganarla. Lo que sí siento es que fui parte de un proceso muy largo. Desde Tito Vázquez. Con Martín Jaite, donde tanto Juan Martín, Leo Mayer y Fede Delbonis fueron compañeros míos, hasta cuando ellos fueron sparring. En mi carrera di todo lo que pude por cada representación de la Copa que tuve. Siento que los chicos la levantaron en nombre de todos los que formamos parte de ese proceso. Nalbandian, que jugó muchísimos años, Berlocq que estuvo ahí, yo, que formé parte mucho tiempo. Ellos culminaron el trabajo que hicimos todos juntos.

Con Carolina, ¿los presentó una amiga?

Sí. Nos pasó los teléfonos. Si bien nos habíamos visto en eventos, nunca habíamos charlado. Nos querían presentar, pero no se daba porque yo estaba de pretemporada (en enero) en Tandil, después empecé la vorágine de viajes, volví en abril y ahí sí nos pudimos conocer.

¿Por qué los querían presentar?

Porque esta amiga en común sentía que era una relación que se podía dar. Fue muy loco porque cuando nos presentaron sentíamos que las cosas estaban bien y teníamos química, pero como yo estaba viajando, no podíamos avanzar. No podíamos ponernos de novios. Hasta que terminé mi último torneo y sabía que estaría tres meses en Argentina, ahí podíamos vivir un día a día.

Mónaco y Pampita, juntos
Mónaco y Pampita, juntos. Foto: LA NACION

¿La agendaste como Carolina o Pampita?

Carolina. La tengo agendada como el primer día: Caro. Nunca cambió.

¿Es cierto que era “mala para el histeriqueo por WhatsApp”? [Lo dijo ella]

¡Sí, es verdad! Al principio, cuando empezamos a chatear, sentía que era muy cortada, me contestaba muy seca. En un momento le pregunté si la estaba pasando bien. “No pienses que soy así, soy malísima escribiendo”, me dijo. Entonces le dije que hiciéramos la antigua: hablemos por teléfono.

En una nota de 2001 decías: “Después del tenis, mi sueño es formar una familia con muchos hijos, más de cuatro”

¿2001? Bueno [ríe], uno a medida que pasa la vida va pensando distinto. En 2017, te puedo decir que con uno se puede ser muy feliz también. Me veo con uno, dos, tres hijos. ¿Por qué no? Me encantan, tengo mucha química con los chiquitos, tengo sobrinas, soy padrino, hoy en día están los hijos de Carolina. Me encanta pasar tiempo con chiquititos. ¿Me veo como padre? Sí, me veo.

¿Carolina ya sabe de tu problema con las almohadas?

Sí, lo supo desde el minuto uno que vio que le ponía toallas a las almohadas. Me acuerdo de que estuvo dos días sin decirme nada y al tercer día me preguntó por qué hacía eso, ¡en mi propia casa!

¿Qué es exactamente lo que hacés?

La envuelvo. Sobre la almohada con funda, va la toalla. Lo hago en un hotel, en cualquier casa.

¿Cómo nació esto?

En la India. 2005. El olor era muy fuerte, en todo: la comida, la gente. No estoy siendo despectivo, pero todo allá tiene un olor muy fuerte. Fui a jugar a Bombay y había un olor tan intenso… la sábana lo tenía impregnado. Entonces se me ocurrió agarrar una toalla, que tenía olor a perfume. Me dio tranquilidad. Y me gustó. Y me gustó. Y se me hizo un toc. Y se me hizo un toc. Y se me hizo una rutina.

¿Pero no te queda la cara marcada?

No, porque agarro una suavecita. Me he llevado la toalla del torneo si no me gustaba la del hotel.

¿Qué torneo tiene la mejor toalla?

Wimbledon. Son espectaculares.

Producción: Lucía Uriburu

Asistentes de producción: Camila Pepa y Macarena Dell Elce.

Asistente de Fotografia: Juan Pablo Soler. Make up: Sofia Carnevale para estudio novillo con productos Yves Saint Laurent. Agradecimiento: AY NOT DEAD, BOLIVIA, SISMO, KEY BISCANE, GARÇON GARCíA, MáS NEGRO. agradecimiento Especial: Four Seasons hotel, Posadas 1086. www.fourseasons.com

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