Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Moana: un mar de aventuras viaja hacia el océano Pacífico

La nueva película de Disney intenta renovar la tradición del estudio sin perder la magia de sus films del pasado con un relato repleto de fantasía y emoción para toda la familia

Jueves 19 de enero de 2017
SEGUIR
PARA LA NACION
0

cerrar

Tras el suceso de Frozen: una aventura congelada y Zootopia, los estudios Disney decidieron romper el molde con su flamante película animada y ya no hay ni princesas en busca de un amor para toda la vida ni animales parlanchines de buen corazón. Moana: un mar de aventuras se centra en la relación de una adolescente rebelde y decidida con un semidiós egoísta y caprichoso. Detrás del proyecto están Ron Clements y John Musker, verdaderas leyendas vivientes del mundo de la animación. La dupla es la responsable del resurgimiento de Disney en la década del 90, gracias a La sirenita y Aladino y para este film se les sumaron Don Hall y Chris Williams (Grandes héroes).

Para Moana decidieron situar la acción en las islas del Pacífico, con la historia de una joven que necesita salvar a su pueblo de una catástrofe natural ocasionada por Maui, un semidiós arrogante y soberbio que puede transformarse en cualquier animal.

En diálogo con LA NACION, los realizadores contaron por qué eligieron esta inusual trama, qué sintieron al trabajar en su primera película animada por computadora y qué opinan de la versión de La sirenita que prepara Disney con actores de carne y hueso.

Ustedes son parte de la cultura popular del siglo XX y son responsables de las fantasías y los juegos de varias generaciones de niños, ¿son conscientes de eso? ¿Sienten presión?

John Musker: -¿Vos decís que somos responsables de tu educación? ¡Nos declaramos culpables de todo lo que haya pasado! [Risas.]

Ron Clements: -Nos sentimos muy afortunados de haber tenido la chance de hacer estas películas y de que personajes como Ariel de La Sirenita o Aladino sigan siendo hoy tan populares...

-¿Por qué eligieron contar la historia de Moana?

J. M.: -Todo el tiempo estamos pensando en relatos y cuando nos encontramos con la mitología polinesia descubrimos un universo totalmente nuevo e inspirador. Y que, además, era ideal para la animación y para los tiempos que corren porque es casi como una película de superhéroes, pero con mucha diversión, personajes muy atractivos y humor.

R. C.: -También nos atrajo el hecho de que nadie había contado estas historias antes, lo que nos ponía en una situación de "página en blanco" muy desafiante porque teníamos completa libertad de contar lo que nos gustaba del modo en que queríamos. Y a medida que investigábamos, aparecían más y más ideas, conceptos, imágenes.

-¿Y cómo conocieron todo este nuevo universo de la cultura de las islas del Pacífico?

J. M.: -En realidad, lo que nos había atraído originalmente era Maui, este semidiós que tenía algo que se parecía al martillo de Thor y que se podía transformar en cualquier otro animal, que tenía una misión para reconocerse a sí mismo y aceptar su origen... Pero cuando viajamos a las islas para conocer los paisajes, empezamos a escuchar nuevas historias, vimos a nuestros anfitriones bailar, cantar... ahí nació el personaje de Moana, ahí nos dimos cuenta de que necesitábamos un personaje femenino fuerte que acompañara este camino del héroe. Nos imaginamos a una niña de 16 años que debía salvar toda su isla compitiendo con monstruos. Eso sucedió en el primer viaje. Cuando volvimos nos interesaron la navegación y sus barcos, porque descubrimos que los primeros habitantes de Oceanía eran exploradores mucho antes que el resto de los pueblos, pero que 3000 años atrás de repente habían dejado de navegar.

-En ese sentido, Moana no es una película tradicional de Disney porque no hay un príncipe, ni un castillo, ni un villano... Es un camino que comenzó Frozen, pero que aquí se profundizó

J. M.: -Eso que decís es cierto y en algún punto llegó a preocuparnos. Nunca dudamos de nuestra historia y de la potencia de lo que queríamos contar, pero cuando terminamos el guión uno de nuestros productores nos dijo: «Las películas de Disney siempre tienen una historia de amor, ¿dónde está la suya?», y eso nos alarmó mucho.

R. C.: -Recuerdo que le dije a John: «¡Tiene razón! ¿Habremos metido la pata?». Pero lo cierto es que se sigue tratando de una historia de amor, aunque quizá no en el sentido más tradicional. Es una historia de amor a la familia, de conexión con su abuela, de responsabilidad por los suyos...

-Eso me lleva a hacerles la pregunta del millón. Ustedes crearon a Ariel y a Jazmín, ¿Moana es una «princesa de Disney»?

R. C.: -¡Todo el mundo nos pregunta eso! En la película respondimos a esta cuestión. Moana es la hija del jefe de la tribu y tiene dos animales, un chancho y una gallina, como compañeros.

J. M.: -Tomamos esa suerte de estereotipo de Disney y jugamos en la pantalla con eso. Hay una escena que nos hace reír mucho, que al escribirla pensamos que la iban a dejar afuera en la sala de edición, pero que finalmente quedó y nos encanta. Moana no es una princesa. Es mucho más. Es la hija del jefe de la tribu... En todo caso, es una clase distinta de princesa.

-Luego de tantos años de trabajar en animación tradicional, Moana es su primer proyecto digital, ¿extrañan algo de los días del lápiz y el papel?

J. M.: -Sin dudas fue un proceso de mucho aprendizaje y sorpresas. Nosotros amamos la animación a mano, pero entendemos y valoramos las ventajas del mundo digital. Pero, por ejemplo, nos sorprendimos con el personaje de Maui y sus transformaciones en varios animales. Eran más fáciles de realizar a mano que por computadoras. ¡Nosotros hicimos que el Genio de Aladino se transformara en mil cosas!

R. C.: -Otra cosa que es increíble es que hasta hace seis meses sólo existía una escena de la película. Hicimos una completa hace dos años para entender los colores, probar cómo se vería el mar, entender la dinámica de los elementos... y nada más. El resto fue crear personajes, realizar muchas versiones del guión e ir corrigiendo cosas. Una vez que tuvimos la historia completa, hace relativamente poco, el equipo se puso a realizarla y cada semana teníamos nuevas escenas. Y allí apareció la película, en seis meses.

-Disney está trabajando en versiones con personas de carne y hueso de sus clásicos animados. Ya tuvimos El libro de la selva, en pocos meses se estrena La Bella y la Bestia, y está confirmada La sirenita. ¿Están involucrados en este proyecto? ¿Cómo se sienten?

J. M.: -Es raro... La sirenita ya ni siquiera es nuestra hija, ¡nos sentimos más bien como si fuera nuestra nieta! No tanto por la edad, claro, sino que somos sus abuelos porque somos esas personas que tienen algo que ver con todo lo lindo que le sucede y no con las responsabilidades o problemas de «criarla». Como con los nietos, nosotros le deseamos lo mejor, de corazón, pero no es nuestra responsabilidad. Ya hubo un musical de Broadway de La sirenita, en el cual nosotros no participamos, pero fuimos a verlo y fue una experiencia distinta.

R. C.: -Me gustó lo que hicieron con Maléfica, por ejemplo, en el sentido de que se reinventó la historia, no buscaron copiar la versión animada de La bella durmiente cuadro a cuadro. Lo mismo con El libro de la selva. En ese sentido, creo que harán lo mismo con La sirenita, será algo divertido de ver...

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas