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Al fin solos: un viaje a la Patagonia menos conocida

La lejanía, las distancias y la aridez preservan a la región andina del norte de Santa Cruz como uno de los grandes paraísos naturales del país. Un nuevo circuito, compartido con Chile, permite explorarla en pocos días

Paisajes de otro planeta, pero en la provincia de Santa Cruz
Paisajes de otro planeta, pero en la provincia de Santa Cruz.
Domingo 22 de enero de 2017
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El chofer del auto apenas tuvo tiempo de parar sobre el camino de ripio. ¡Un puma! El animal ya había saltado hacia el monte al borde del camino. Al reparo de la vegetación, sin embargo, se tomó el tiempo de mirar a los intrusos que interrumpieron su plan de caza. Luego de comprobar que no se trataba de depredadores y que nadie vendría a pelearle el rebaño de guanacos cercano, se alejó tranquilamente, lo suficiente como para dejarse sacar unas fotos.

La escena parece improbable, pero es íntegramente de primera mano. Le puede pasar a cualquiera que se anime a recorrer las inmensas soledades del noroeste de la provincia de Santa Cruz. Lejos de El Calafate (unos 700 kilómetros), el turismo masivo nunca llegó a Los Antiguos, Perito Moreno y menos aún a Lago Posadas.

La ruta 40 apenas roza esta comarca: "Si los viajeros no paran a recorrer esta región es más que nada por falta de información", dice Guido Vittone, coordinador de la Fundación Flora y Fauna para el Parque Nacional Patagonia. Este porteño se instaló hace varias décadas a orillas del lago Buenos Aires y se convirtió en uno de los mejores conocedores y promotores de la región. Es uno de quienes prepararon el nuevo circuito que puso en pie y difunde su fundación, junto con el Conservation Land Trust (CLT) del fallecido ambientalista Douglas Tompkins. Hace meses que recorre la zona y la plasma sobre el mapa que se entrega desde hace algunas semanas a los viajeros de paso. Esta ruta se puede considerar como la novedad turística del verano en el sur.

Modelo de preservación

Paisajes de otro planeta, pero en la provincia de Santa Cruz
Paisajes de otro planeta, pero en la provincia de Santa Cruz.

Flora y Fauna y el CLT son dos organismos similares. De hecho el primero fue inspirado por el segundo. Aplican el modelo de Tompkins: comprar tierras en forma privada para devolverlas a su estado natural y entregarlas luego en condiciones para que sean erigidas como Parques Nacionales. De esta forma se creó el año último el parque más joven del país, Iberá, en Corrientes; y el Patagonia en 2015. Vittone agrega que "además de crear parques, como dice la viuda de Doug, la idea es fomentar el turismo bajo un modelo de preservación y difusión".

Flora y Fauna adquirió varias estancias en aquella remota región. La primera fue la 9 de Julio. Hoy es el Parque Nacional Patagonia, cuyo objetivo consiste en tratar de salvar el macá tobiano, un ave acuática endémica y a punto de desaparecer. La fundación también es dueña de La Ascensión, a orillas del lago Buenos Aires y de Los Toldos, donde se encuentra el sitio arqueológico de la Cueva de las Manos.

"La meta es seguir comprando tierras para agrandar a futuro el parque existente. Del otro lado de la frontera, el CLT compró lo que era la mayor estancia del sur chileno en el Valle Chacabuco. Se prevé que junto a otras dos reservas naturales ya existentes pase a formar el Parque Nacional Patagonia de ese país en 2020. De esta forma, cuando los dos parques se unan en la frontera, tendremos el primer espacio natural protegido binacional".

No falta tanto, ni parece una utopía. Pero le tocará al turismo desempeñar un papel clave. Marian Labourt, la portavoz del CLT, comenta a los viajeros de paso que "en Los Toldos, por ejemplo, queremos lograr lo antes posible la incorporación al parque, porque las mineras quieren hacer estudios de suelo. Al mismo tiempo, queremos que el sitio sea conocido por la mayor cantidad de visitantes posible porque es impensable que quien haya conocido un sitio como la Cueva de las Manos no se enamore del lugar y no nos ayude a preservarlo".

Así se arman las charlas en el casco de La Ascensión, la estancia transformada en base de operaciones ambientalistas a unos 20 kilómetros de Los Antiguos y 40 de Perito Moreno. Los voluntarios de la fundación, que participan en el Proyecto Macá Tobiano y realizan campañas en la fría y desolada Meseta Lago Buenos Aires, son los ocasionales anfitriones que reciben a los primeros viajeros desde diciembre, en busca de mapas e información para emprender este nuevo circuito.

La meseta del macá tobiano

Una agencia en Los Antiguos ya lo incluyó entre sus propuestas. Pero quienes se hayan animado a manejar por los interminables y solitarios tramos de la ruta 40 en el sur, o hayan cruzado media Patagonia para llegar, no se achicarán para realizar la gira.

Un nuevo circuito para explorar la Patagonia menos conocida
Un nuevo circuito para explorar la Patagonia menos conocida.

Se empieza en La Ascensión, que Flora y Fauna califica como portal. Estos llamados portales son las bases turísticas que preparan para impulsar el turismo en torno a sus proyectos de conservacionismo. Vamos a encontrar varios, tanto en la Argentina como en Chile, ya que el circuito es binacional, anticipándose a lo que será el parque dentro de unos años.

Antes de subirse al auto se recorre la infraestructura de La Ascensión, como su galpón de esquila y su escuelita rural; y se caminan senderos por el monte estepario o la playa del lago Buenos Aires. La fauna todavía no regresó masivamente como ocurrió en el Valle Chacabuco en Chile, pero Vittone explica que lo primero que hacen es sacar las cercas en los campos, así vuelven los grandes animales como los guanacos y los choiques, y con ellos sus predadores. Así se vuelve a formar la cadena natural original.

También cuenta que el lago Buenos Aires es compartido con Chile. Del otro lado de la frontera lo llaman General Carrera. Es el más grande de la Patagonia pero la mayor parte de su superficie está bajo la custodia de la bandera de la estrella. Uno de sus brazos se ha convertido en uno de los hitos del sur chileno, gracias a las Capillas de Mármol.

Lago Buenos Aires es también el nombre de la meseta cuya silueta cierra el horizonte mirando al sur. Con el mapa que distribuye la fundación, Vittone sigue entusiasmando sus visitantes: "Es el mayor relieve de la región. Es como una inmensa montaña trunca y prácticamente plana. Dentro de ella, la Capital Federal entraría un montón de veces. Su altura es de unos mil metros, así que la tenemos presente en el paisaje a lo largo de la mayor parte del recorrido. Es allí arriba donde se encuentran las lagunas en las que nidifica en forma casi exclusiva el macá tobiano".

Bajo la custodia de la meseta llegó entonces el momento de emprender viaje, dejando el primer portal atrás. El siguiente está en Los Toldos.

La cueva del enigma

Hay que ir hasta Perito Moreno (por cierto: desde el principio de esta nota se trata del pueblo, no del glaciar) y empalmar con la ruta 40 hacia el sur. A unos 60 kilómetros, un cartel avisa dónde bifurcar sobre un camino de ripio para ir hasta la Hostería Cueva de las Manos. Se trata de un pequeño hotel de campo concesionado en lo que fue el casco de la estancia Los Toldos. Aunque la intención no sea pernoctar allí, se puede parar y pedir más precisiones sobre la Tierra de Colores, una especie de Purmamarca del sur, sólo que totalmente desconocida.

Cueva de las Manos
Cueva de las Manos.

Es muy probable pasarla por alto, ya que no está indicada. Además de las orientaciones dadas en la hostería, hay que estar atentos al costado de la ruta, hasta ver una combi o un par de autos estacionados delante de grandes rocas ocres.

Caminando por encima de ese paisaje marciano, se descubre un cañadón multicolor escondido entre los relieves. Es como si se hubiesen tirado miles de tarros de pintura pastel de colores rosa, naranja y amarillo. Al caminar en medio de ese cañadón, es fácil sentirse como un Toulouse Lautrec o una Mary Cassatt en busca de inspiración.

Se sigue luego la ruta 40 por un corto tramo hasta un camino de ripio en dirección al sitio de la Cueva de las Manos (esta vez sí hay carteles). Al poco tiempo está el Cañadón Caracoles. Merece ser visto: el río desapareció y ha dejado un rastro salitroso de un blanco cegador bajo el sol, en el fondo de un cañadón. Se camina sobre este arroyo de sal hasta una pequeña laguna -también salada- donde vive una fotogénica colonia de flamencos.

Finalmente se llega al Portal Río Pinturas, el centro turístico desde donde se accede a las cuevas. Cuenta con los servicios básicos y una sala de interpretación. La Municipalidad de Perito Moreno se encarga de su operación y de las visitas. Las cuevas -que en realidad son más bien aleros rocosos- se conocen únicamente con guías, desde pasarelas de madera. En el fondo del cañadón corre el río Pinturas. Este cauce sí tiene agua y crea un oasis bien verde en medio del desierto.

En cuanto a las pinturas rupestres, son tal y como se las vio tantas veces en fotografías y reproducciones. Pero no por eso dejan de impactar. Además de las manos, hay algunas escenas de caza y motivos abstractos. Cada estilo corresponde a una época. Las más antiguas tendrían hasta 13.000 años, según los estudios más recientes. Este dato pone en duda la teoría más consensuada sobre la colonización de las Américas por el Estrecho de Bering en la misma época. ¿Como podrían estar los primeros americanos recién ingresando por el actual Alaska y dejar sus manos en las rocas del extremo opuesto del continente al mismo tiempo?

De paso por Chile

La Cueva de las Manos no es el único sitio con petroglifos de la región. Pero ninguno aporta elementos para resolver el enigma. Se llega así a Bajo Caracoles, donde se deja la ruta 40 y su confortable asfalto (a partir de entonces sólo habrá caminos de ripio hasta volver a Los Antiguos). Los mapas son benévolos y le dan el rango de pueblo. En realidad se trata de un pequeño conjunto de casas: sin duda hay más guanacos que vecinos en los alrededores. Su valor es más bien estratégico, ya que cuenta -en medio de la nada- con un hotel, un restaurante y, sobre todo, un surtidor de nafta.

El recorrido sigue luego por la ruta 39, al menos que se haya elegido la opción de la ruta 41. La meta es Lago Posadas, una localidad que sigue apareciendo en algunos mapas como Hipólito Yrigoyen. Es una metrópolis al lado de Bajo Caracoles: tiene varias manzanas y una plaza central.

La localidad toma su nuevo nombre del lago más cercano, donde nos esperan dos de los mayores atractivos del circuito. Se trata por un lado de un arco natural de piedra en medio del agua; y por otro lado de una curiosidad geográfica única. El lago está pegado a otro, el Pueyrredón: ambos están separados por una estrechísima y rectilínea franja de tierra. Cada espejo de agua tiene temperaturas y colores distintos: uno es turquesa y el otro más bien azul. Se comunican gracias al que es seguramente uno de los ríos más cortos del mundo: mide apenas unos 200 metros y vuelca las aguas del Posadas dentro del Pueyrredón (también compartido con Chile, donde lo llaman Cochrane).

El camino sigue luego hasta el futuro Portal Roballos, que recibirá a los visitantes cerca del paso fronterizo del mismo nombre. Vemos una última vez la Meseta Lago Buenos Aires en el retrovisor al ingresar a Chile por el Valle Chacabuco, que nos acerca a la Cordillera. Ya estamos sobre las tierras que Tompkins compró para formar el futuro PN Patagonia en el país vecino. Los paisajes han cambiado notablemente y la estepa desértica, con sus pequeñas salinas, ha dejado lugar a una vegetación que se fortalece kilómetro tras kilómetro. Pero más que los verdes, lo que llama poderosamente la atención es la enorme cantidad de guanacos. Las manadas se suceden sin tregua. Y por esta razón, es altamente probable avistar pumas a la vera misma de la ruta.

Hay varios portales en este tramo del recorrido. El más importante es el Valle Chacabuco, la base de operaciones de los seguidores de la obra de Douglas Tompkins (su tumba está en el pequeño cementerio de lo que fue la estancia). Además del hotel, el restaurante y la boutique de artesanías, un centro de interpretación empieza a funcionar a partir de este mes. Los servicios son más bien de lujo, en contraste total con el marco agreste del lugar, en edificios de un mismo estilo que combina lo mejor del patagónico con el californiano.

Un final con cerezas

Ya se completó más de la mitad del recorrido y las maravillas se sucedieron a un ritmo sostenido. Pero falta más. Como el valle del Río Baker, que forma una cinta de un azul intenso en medio de las montañas. Los diseñadores gráficos lo podrían asociar sin duda a un pantone específico, cerca del 299. En su confluencia con el río Nef se matiza con los tonos de aquel otro curso de agua, al pie de unos saltos. Más lejos está el lago Bertrand, que presenta otras variaciones de azul. El pequeño pueblo de Puerto Bertrand es el alto necesario en el circuito para un almuerzo, sacar fotos y conservar recuerdos de aquellos llamativos colores.

Antes de llegar a Chile Chico, el pueblo fronterizo vecino a Los Antiguos, se bordea una tarde entera el lago General Carrera desde un vertiginoso camino de cornisa. Es el broche final del circuito. Las vistas panorámicas se suceden una tras otra. La cordillera sirve de telón de fondo al paisaje, con sus cumbres nevadas, donde se deja entrever una puntita del Campo de Hielo Norte, el casco glaciar más septentrional del hemisferio sur.

Al mismo tiempo, reaparece la Meseta Lago Buenos Aires en el paisaje. Indica que ya pronto se llegará a Los Antiguos, la Capital Nacional de las Cerezas. La Ascensión está sólo 20 kilómetros. ¿Hay tiempo y ganas para una última foto? Es para la canasta con cerezas gigantescas al borde de la avenida principal del pueblo. Una postal y una síntesis de los colores y maravillas naturales de la Patagonia.

Datos útiles

Estancia La Ascensión: los voluntarios reciben visitantes de 9 a 19 (cuando no están de campaña). Entregan los mapas del recorrido y otro material de la región. En la estancia se visita el casco y se pueden hacer caminatas.

Tour del circuito con agencia: Chelenco Tours de Los Antiguos ya empezó a vender este nuevo producto turístico. Organiza viajes de tres días por Los Antiguos, Lago Posadas, la Cueva de las Manos y el Valle Chacabuco (incluye también las Capillas de Mármol en su itinerario). Todo incluido, el viaje cuesta US$ 950 por persona desde Comodoro Rivadavia (en camino se para en los bosques petrificados de Capitán Sarmiento). www.chelencotours.tur.ar

Cueva de las Manos: se visita todo el año. Entre octubre y abril, hay visitas cada hora desde las 9 hasta las 19. Entrada: $ 100 por persona (tarifa para argentinos). www.cuevadelasmanos.org Hostería Cueva de las Manos (antiguamente, Estancia Los Toldos): ofrece alojamiento y restaurante, sin servicios de comunicación (teléfono, celular o Internet). Las reservas se hacen en la oficina que tiene en Perito Moreno: zoyenperitomoreno@hotmail.com

Más información sobre la actividad de la Fundación Flora y Fauna y su implicación en el Parque Patagonia y el Proyecto Macá Tobiano: www.florayfaunaargentina.org

La Opción 41: antes de llegar a Bajo Caracoles, se puede seguir a la ruta 41 por un camino de ripio que lleva hasta el Paso Roballos sin desviarse hasta Lago Posadas. Es la única manera de acceder al Portal Petroglifos, el punto de ingreso a la parte alta del PN Patagonia. Además de las lagunas de nidificación del macá tobiano, hay varios sitios arqueológicos con pinturas rupestres (de ahí su nombre). La Estación Biológica ocupa lo que era la Estancia 9 de Julio. Es la base de operaciones del Proyecto Macá Tobiano y sus voluntarios. La misma ruta 41 va desde Roballos hasta Los Antiguos, para rodear la Meseta sin entrar a Chile. Se bordea la frontera y se pasa al pie del volcán Zeballos, que culmina por encima de la región con sus 2743 metros eternamente nevados.

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