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La inclusión financiera es un factor clave para el crecimiento económico y las mejoras sociales

Domingo 29 de enero de 2017
PARA LA NACION
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La inclusión financiera es un eje fundamental para lograr un crecimiento inclusivo. La falta de acceso al servicio financiero afecta especialmente a los sectores más vulnerables, que no cuentan con garantías para asegurar el pago de sus créditos y requieren, en general, montos pequeños que no generan niveles de rentabilidad aceptable para los bancos. Por otro lado, la falta de conocimiento y confianza en esas instituciones, así como los requisitos que le son solicitados, también contribuyen a limitar su participación en el sistema financiero formal.

Esta realidad afecta de manera desigual a las personas de escasos recursos que quieren desarrollar proyectos productivos, ya que tienen que depender de sus ahorros o de otras fuentes informales de recursos para crear una empresa, comprar insumos o hacer frente a accidentes y/o siniestros. Pero no se trata sólo de un problema de equidad social sino que también tiene impactos sobre la economía global. Es que en términos macroeconómicos, la inclusión financiera aumenta el ahorro, promueve la inversión y la expansión del mercado interno y, en última instancia, favorece el crecimiento económico.

Lo cierto es que en la Argentina menos del 50% de la población tiene acceso a una cuenta bancaria, porcentaje que se reduce al 28% en el caso del 40% de la población de menores ingresos. Este acceso, que es muy inferior al de otros países de América latina, como Brasil o Chile (donde entre 60 y 70% tiene alguna cuenta bancaria, todo según datos publicados por el Banco Mundial), muestra un crecimiento entre inicios de esta década y el año 2014 gracias a un conjunto de políticas que se implementaron, tales como la cuenta gratuita universal (hoy, caja de ahorro gratuita), el cobro de planes sociales a través de tarjetas y la ampliación de sucursales bancarias y cajeros automáticos en regiones con escasa infraestructura financiera.

En ese contexto, podemos observar que en el mundo se están generando nuevas oportunidades para la inclusión financiera a partir de los canales que ofrecen las nuevas tecnologías que permiten reemplazar, cada vez más, las transacciones en dinero físico por tarjetas o dinero móvil. Herramientas como el botón de pago o la billetera móvil pueden cumplir un rol muy relevante para la inclusión financiera.

Sin embargo, en la Argentina su uso es aún muy incipiente. Es que se da el particular caso en el que la penetración tecnológica es mucho mayor a la financiera: se calcula que hay un celular y medio por persona en un contexto en el que, como ya señalamos, el 50% de la población está excluida del sistema financiero formal.

Esto nos está mostrando el potencial que ofrecen las tecnologías móviles para aumentar la bancarización aún en áreas con poco acceso a los servicios financieros. Esto ya está teniendo lugar en algunos países de África que muestran un fuerte crecimiento de la bancarización. Es el caso de Kenia, un país con una población de 40,5 millones de habitantes, similar a la de la Argentina, que está siendo considerado el país con mayor inclusión financiera del mundo. En 2007 se inició comercialmente un programa de servicios de banca por celular, llamado M-PESA (dinero móvil en idioma suajili), operado por una compañía de telefonía móvil que ofrece a sus clientes una cuenta transaccional básica que utiliza el número de teléfono celular como el de la cuenta. Esto fue complementado en 2012 por la implementación de una ley que ampara a la inclusión financiera, a través de servicios bancarios online y a bajo costo. Según el Banco Mundial, los logros en Kenia han sido exponenciales: de casi no ofrecer acceso a los servicios financieros de la banca formal, ahora cuenta con que el 42,3% de los mayores de 15 años tiene al menos una cuenta bancaria, y el uso de los móviles para enviar y recibir dinero se ubica a niveles de entre 60,5 y 66 por ciento.

En ese camino, Ecuador se propone ser el primer país del mundo en establecer el dinero electrónico como medio de pago, con una plataforma manejada directamente por el Banco Central. En esta línea, otros países de América Latina, como Brasil, Chile, Colombia y México están implementando programas que brindan servicios en favor de la inclusión financiera.

Para la Argentina se presenta un fuerte nicho: el de la inclusión financiera a través de la tecnología, algo sobre lo que aún hay mucho por recorrer. Se requiere un proceso de coordinación entre el sector público y el privado para llevar adelante un plan a partir de los canales que ofrecen las nuevas tecnologías. Esto deberá, además, estar acompañado de un proceso de educación financiera especialmente para los nuevos participantes.

Investigadora de la UBA y presidenta de la Asociación Civil Avanzar e investigadora de la facultad de Ciencias Económicas de la UBA

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