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Cómo comenzar una nueva vida, el drama de los jóvenes sirios en la Argentina

Jwanna Jabbour (26) y Hazem Abdoush (25) llegaron hace algunos meses escapando del horror en Siria; sus mayores dificultades son conseguir trabajo y aprender el idioma

Viernes 03 de febrero de 2017 • 00:37
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LA NACION
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Hace 6 años que la guerra en Siria destruye todo lo que encuentra a su paso. Este conflicto ha generado más de 5 millones de refugiados y cerca de 500.000 muertos . La gran mayoría de sirios deciden trasladarse a países vecinos con la esperanza de regresar algún día, mientras que otros se embarcan en hazañas mucho más dramáticas. Jwanna Jabbour (26) y Hazem Abdoush (25), dos jóvenes profesionales sirios, decidieron dejar atrás el infierno para comenzar una nueva vida en la Argentina. Ambos son parte de los más de 200 sirios que llegaron mediante el Programa Siria, lanzado por la Dirección Nacional de Migraciones.

Jwana Jabbour es ingeniera civil y vive actualmente en Córdoba
Jwana Jabbour es ingeniera civil y vive actualmente en Córdoba. Foto: Archivo / Facebook de Jwana Jabbour

Jwanna Jabbour tiene 26 años y es ingeniera civil. La primera vez que subió a un avión fue hace unos meses, cuando tomó el vuelo que la traería a Córdoba. A causa de la guerra, ningún sirio puede salir de su país sin tener una invitación formal de alguien que resida en el extranjero. "Decidí venir porque en Siria no había ninguna posibilidad de seguir. El año pasado terminé la universidad y viví las peores cosas en mi vida. Caminaba por las calles y tenía miedo porque sabía que en cualquier momento podía morir a causa del impacto de una bomba o un arma. Todos los días había gente y niños muertos, no teníamos electricidad y los precios de todas las cosas no paraban de subir. No podíamos salir de noche porque era muy peligroso.", dijo Jwanna a LA NACION. El día que voló por primera vez, fue el peor de su vida. Muchas veces pensó en perder el avión para quedarse con su familia. "Lloré muchísimo, estaba sola y no sabía cómo hacerlo. Llegó un momento en que prefería quedarme en la guerra con mi familia", relató la joven.

Hazem Abdoush nació en Hama, una ciudad en el centro del país -a 150 kilómetros de Alepo-, estudió Ciencias Económicas y llegó a la Argentina hace casi un año. Actualmente vive en Tucumán con su tía Bebe, la misma que gestionó su visa y se hizo cargo de los gastos del pasaje. "Yo terminé mis estudios en Siria y tuve que venirme.Cuando terminás la universidad, tenés que hacer el servicio militar e ir a la guerra. Eso significa: agarrar las armas y salir a pelear en las calles, debía pelear contra los terroristas, con un 80% de posibilidades de morir. Por eso tenía que salir de Siria si o si ", dijo Hazem a LA NACION.

Hazem Abdoush llegó en mayo pasado a la Argentina
Hazem Abdoush llegó en mayo pasado a la Argentina. Foto: Archivo / Facebook Hazem Abdoush

El infierno no es color rojo. Es de un gris opaco, lleno de polvo y escombros al costado del camino. Su cruel realidad tampoco es producto de las ocurrencias de un ser oscuro y mitológico sino de seres de carne y hueso que deciden quién vive y quién muere. Jwanna se había mudado a Alepo, la ciudad más grande de Siria y una de las más afectadas por la guerra, para poder terminar sus estudios universitarios. "Mi último año fue muy difícil. Llegar a las clases era muy complicado porque los caminos estaban destruidos, cubiertos por plomo. Tampoco había agua ni electricidad, teníamos que comprar una botella de agua para poder bañarnos. Las explosiones se escuchaban a diario y uno se acostumbra a vivir con eso. No había nada que pudiera hacer, solo rezar, sólo tener paz interna" -comentó Jwanna y agregó- "Fue muy difícil vivir así, pero teníamos que hacerlo. Teníamos que estudiar y trabajar.Todos los días me decía a mí llorando misma: "Tiene que haber un dios, tengo que tener esperanza".

La familia de Jwanna decidió quedarse en Siria. Sus padres viven en una ciudad pequeña llamada Eskyelbia y desde siempre se dedicaron a cultivar los campos de la familia. Cuando se desató la guerra, gran parte de esas tierras fueron tomadas como refugio y lugar de resistencia por las milicias extremistas de ISIS. La familia de Jwanna utiliza lo poco que les quedó para poder subsistir. Su traslado a la Argentina fue una decisión familiar: era la única de la familia que podría empezar una nueva vida desde cero, ya que sus tres hermanas están casadas y tienen hijos. "Yo me vine sola porque era muy difícil y muy caro que vengamos todos. Es muy duro dejar tu casa. Hablo con ellos todos los días y agradezco a dios cada día que ellos están bien. Sin embargo, yo se que Siria es la misma todos los días: es peligrosa, los precios son cada vez más altos y lo poco que tenemos no alcanza. Estados Unidos, Rusia y Turquía dicen que van a terminar la guerra, pero eso es mentira y nosotros ya nos acostumbramos a que nos mientan. Lo único que me queda es agradecer de que mi familia está bien, al menos por ahora", dijo Jwanna.

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La situación no fue menos tortuosa para Hazem. La migración es moneda corriente en su familia. El joven tiene 3 hermanos y sólo uno vive en Siria. "Mis hermanos también tuvieron que irse de Siria: el mayor se fue a vivir a Alemania y hace seis años que no lo veo; y mi hermana hace dos años que está en Hungría", dijo Hazem. Cuando llegó su turno, el dolor no fue menor. "Fue un día horrible porque dejaba mi país, mi familia, mis amigos, fue muy difícil. Yo amo Siria pero la guerra destruyó todo y es imposible quedarse allá" agregó.

Ya a unos cuantos kilómetros de distancia, ambos intentan construir una nueva vida. Jwanna se instaló en Córdoba, vive con sus tíos en la zona sur de la ciudad y trabaja en el negocio familiar. "La gente en Argentina es muy amable. Muchos me preguntan por la guerra y quieren saber cómo es vivir en Siria", dijo la joven. Sin embargo, el idioma es una de sus mayores barreras a la hora de integrarse. "Me cuesta comunicarme porque no se muy bien el español. Es fundamental para encontrar un trabajo, para comprar algo, para hablar con personas de tu edad y poder tener nuevos amigos, para poder salir sin tener miedo. Es muy difícil vivir con personas que se comunican en otro idioma y no entender nada", agregó Jwanna. Para Hazem, la parte más difícil es encontrarse lejos de su familia sin posibilidades de insertarse. "Pensé que me iba a encontrar con un mejor panorama en la Argentina. Yo manejo bien el español pero me siento triste y aburrido porque no estoy trabajando. Estar desempleado, sin nada que hacer, es lo peor. Espero poder conseguir algo en el futuro porque si no, voy a estar en serios problemas. Necesito un trabajo y las posibilidades en la Argentina no son claras. Sin trabajo no tendré futuro", concluyó el joven sirio.

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