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Complejidad del drama, respiro del son tropical

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PARA LA NACION
Domingo 05 de febrero de 2017
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Una obra muy breve, pero cargada de asociaciones. El domingo pasado se estrenó Ensayo sobre la peste, de Alejandro Tantanian en el Teatro del Abasto. La pieza fue escrita en 1997 y se dio por primera vez en Francia, en la ciudad de Nîmes, en el Festival de Teatro de Formas Breves. El subtítulo es Alegoría sobre el poder o una mosca sobre el rostro. Hasta ahora no se había representado en la Argentina. En esta puesta, es un monólogo interpretado por el talentoso Cruz Zaikoski y dirigido por Juan Carlos Fontana. Al principio, hay una descripción de un espacio vacío, arrasado, observado y narrado por un hombre que contempla lo que fue su ciudad natal, asolada por la peste. El único personaje de esta puesta, vestido de traje y corbata, ensaya luego un discurso en su casa burguesa, en la que una escultura o instalación representa un muro y un alambrado de púa, como los clásicos alambrados de los campos de concentración. Todo lo que dice ese hombre sobre la ciudad y sus habitantes es terrible, apocalíptico o macabro; de tanto en tanto, se permite un descanso en el ensayo y se pone a bailar de un modo provocativo o romántico al son de canciones de Frank Sinatra o de coros como We are the world, we are the children. En cierto momento, una mosca se posa en el rostro del ciudadano que habla de su ciudad aniquilada. Poco a poco las moscas penetran en los seres humanos, se alimentan de ellos y los "colonizan", según dice el texto. Pero de las moscas que se nutren de los cadáveres, de la basura y los desechos surgirá la vida. Y la eterna rueda sigue girando.

Cuando se escucha el texto de Tantanian es imposible no pensar en La peste, de Albert Camus (1947). Allí no hay moscas, sino ratas. La ciudad sitiada por la peste, en su época, era una alegoría inmediata de la Ocupación nazi, pero era también mucho más que esa específica situación histórica: se convertía en el emblema de la opresión y de los prejuicios letales. Sin salir del existencialismo, moscas encontramos en la tragedia de Jean-Paul Sartre, titulada precisamente Las moscas (1943), en la que los hermanos Orestes y Electra vengan la muerte del padre, Agamenón, asesinado por la madre de ambos, Clitemnestra y su amante Egisto, devenido esposo y rey. En ese caso, las moscas invasoras representan la culpa y la angustia de la ciudad por el crimen impune que pesa sobre ella. Una vez más, la Ocupación nazi. Moscas simpáticas son las de "Las moscas", el poema de Antonio Machado sobre el que Alberto Cortez y Joan Manuel Serrat compusieron sendas canciones. Esas moscas son viejas amigas, compañeras de toda la vida que "evocan todas las cosas". Y muy semejante a ellas es la fastidiosa y ubicua mosca que acosó a Julio Cortázar y a la que éste mató tantas veces en Casablanca, en Lima, en Cristiania, en Montparnasse, en una estancia de Lobos, en el burdel, en la cocina y a la que tendrá que matar de nuevo en la almohada sobre la que escribe el poema con su única vida (Papeles inesperados). A todas estas pestes y moscas se suman ahora las de Tantanian.

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El panorama teatral de Buenos Aires abunda en obras dramáticas, de varia imaginación, de densa y compleja trama, que obligan al debate y al pensamiento; por eso, siempre es bienvenido un espectáculo de Los Amados, el excelente grupo musical que combina humor y romanticismo tropical desbordante de amor, celos y venganza. Este verano, reponen La cumbancha de Agustín Lara en el Teatro 25 de Mayo. El líder del conjunto, "Chino" Amado (Alejandro Viola), pone las cosas en claro desde el comienzo cuando cita a Lara: "Soy cursi, me gusta ser cursi y no voy a ocultarlo". Los títulos lo ilustran: "Perversa", "Coqueta" y, naturalmente, "María Bonita", dedicada a María Félix? El público se ríe o sonríe durante toda la función. El ambiente íntimo, por momentos familiar, en el que el recuerdo tiene un papel muy importante, alcanza su ápice cuando, hacia el final, el "Chino" les propone a los espectadores que en los pasillos de la sala se pongan a bailar los temas que él interpreta. Y el público se precipita a los corredores para abrazarse al ritmo y las palabras de Lara. El "Chino" con su jopo monumental, los contempla radiante en su trono de almíbar, veneno y aplausos.

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