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La no diplomacia de Trump: el magnate le imprime su tono duro a la política exterior

En pocas horas, el presidente le colgó el teléfono al primer ministro australiano, advirtió a los iraníes sobre los ensayos de misiles y maltrató a su par mexicano; Obama, blanco de más críticas

Viernes 03 de febrero de 2017
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LA NACION
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Trump se reunió ayer con ejecutivos de la compañía Harley Davidson
Trump se reunió ayer con ejecutivos de la compañía Harley Davidson. Foto: AP / Pablo Martínez Monsivais

WASHINGTON.- Le encanta que sepan que es un bravucón. Donald Trump disfrutó cuando, por medios oficiosos, se supo que había maltratado por teléfono a dos líderes de países aliados: México y Australia.

Al primero, Enrique Peña Nieto, le dijo que Estados Unidos podía vivir muy bien sin México. Al segundo, Malcolm Turnbull, le cortó la conversación en forma anticipada y hay quienes, incluso, aseguran que le colgó el teléfono.

"No se asusten cuando se enteren de que tengo fuertes cruces por teléfono. Son necesarios, muy necesarios y habrá más", prometió Trump. Era un mensaje tanto para el exterior como para sus votantes, que adoran la "mano dura".

Lo hizo al hablar en una tradicional ceremonia religiosa que se realiza anualmente en esta ciudad y donde, antes de que empezara, era palpable la tensión por lo que pudiera decir y, sobre todo, por el tono que usaría, según recogió LA NACION. Muchos en Washington se agarraban la cabeza. Incluso, republicanos. Australia y México son dos aliados fuertes de Washington. No tenía sentido el maltrato. "Esto es un daño innecesario. Algo que tiene consecuencias", sostuvo el ex candidato presidencial John McCain.

Mientras la tensión con países aliados se potencia, otros dos datos encendieron alertas en la nueva diplomacia norteamericana bajo la administración de Trump.

Por un lado, que se flexibilicen sanciones a Rusia. Por el otro, que escale la tensión con Irán, cuando no parece haber plan concreto para respaldar la escalada. "Flexibilizar las sanciones a Rusia es la peor señal que podemos dar. Un mensaje equivocado de que nada importa para el país que viene de interferir en nuestras elecciones y de invadir Crimea", sostuvo Ben Cardin, el senador demócrata del Comité de Relaciones Exteriores.

Las sanciones habían sido impuestas como represalia por el ex presidente Barack Obama. La flexibilización fue confirmada por el Departamento del Tesoro. Pero Trump prefirió decir que no era cierto.

"No he flexibilizado nada con Rusia", aseguró, malhumorado, cuando fue consultado fugazmente por periodistas durante una sesión de fotos con visitantes en la Casa Blanca. "Se trata sólo de aspectos técnicos", atajó su vocero, Sean Spicer.

En la misma jornada, la Casa Blanca abrió un frente con Irán. En rápida escalada, Teherán desestimó como "provenientes de un presidente inexperto" las advertencias del gobierno de Trump por los recientes ensayos con misiles en el país asiático.

"Están avisados. Los ponemos sobre aviso", amenazó la Casa Blanca, apenas supo que Teherán había probado un misil. El alcance y significado del ensayo no están claros. Para el nuevo gobierno es inaceptable. El cruce revela el cambio de tono de una administración a otra. "Deberían agradecer por el pésimo acuerdo que les regaló Obama", terció Trump, en relación al acuerdo de control nuclear que firmó la anterior administración.

Como casi todas las cosas que hizo el anterior presidente, para el magnate, ese acuerdo -en el que participaron potencias europeas- es un "completo desastre".

Las tres cosas -el cruce con Irán, la flexibilización con Rusia y la tensión con países tradicionalmente aliados- ocurrieron el mismo día en que el petrolero Rex Tillerson debutaba como secretario de Estado.

En su primer día de oficina pidió a los diplomáticos que "no permitan que sus ideas les impidan hacer el trabajo". Eso fue en referencia a la "rebelión" de un millar de funcionarios que firmaron una nota crítica del controvertido decreto de Trump para limitar la llegada de ciudadanos de países musulmanes.

Con el paso de las horas, Trump pareció volver sobre sus pasos. Lo hizo, como suele ocurrir, echándole la culpa a Obama. "Es que el anterior presidente ha firmado un acuerdo con Australia que no se puede creer", protestó, en referencia al compromiso para aceptar cerca de 1250 refugiados de países islámicos que están ahora en Australia.

Trump no quiere saber nada con aceptarlos, aunque posiblemente tendrá que acatar lo ya acordado. "Queremos mucho a Australia. Pero tenemos un problema", dijo.

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