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El recambio energético que se viene

Lunes 06 de febrero de 2017
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Según reconocidos especialistas argentinos y del exterior, al final de este siglo, en 85 años, las energías renovables dominarán la matriz energética. Tiempos que son contestados por el empresario y profesor de Princeton, Tony Seba, quien explica de forma plausible que, en sólo 15 años y sin ninguna intervención mayor del Estado, toda la energía que consumiría la humanidad sería renovable ("Clean disruption of energy and transportation", 2014).

La trascendencia para nuestro país y para el mundo de esa diferencia de tiempos es monumental ya que, por acción o inacción, le estamos dando forma hoy al sistema económico, y sobre todo energético, que utilizaremos en los próximos 10, 30 o 50 años. Y de ser cierta la tesis de Seba, quedarán obsoletos para el año 2030 el petróleo, la energía atómica para electricidad, los grandes sistemas de transmisión eléctrica y los vehículos tradicionales, que serían entonces eléctricos, autónomos y compartidos.

Este nuevo sistema, junto a los avances tecnológicos necesarios, proveerían energía abundante y barata que alimentaría un crecimiento económico extraordinario del país, sobre todo en un territorio tan extenso y poco habitado como el nuestro, sería un impulso imprescindible para la protección del medio ambiente y abastecería de energía de calidad a toda la población, por aislada o pobre que sea su condición.

Los cambios previstos por Seba consistirían en: 1) un nuevo modelo de negocio, donde todo sería eléctrico, pasando de un sistema centralizado a uno distribuido y o domiciliario; 2) un gran desarrollo de la energía solar y de la eólica que, junto con las baterías o acumuladores, mejorarían su rendimiento y bajarían fuertemente sus costos; ) una mejora formidable en la eficiencia del transporte con vehículos eléctricos, compuestos de pocas piezas, autónomos y compartidos, que podrían reducir el parque actual de automóviles y así darle otros usos a la cantidad de estacionamiento que hoy se derrocha en las ciudades; y 4) un progreso notable en las tecnologías de la energía y el transporte, con grandes sinergias entre sí y un aumento exponencial de sus mercados, lo que hará posible la obtención de todos los inventos necesarios para tal disrupción, como por ejemplo de sensores, software, inteligencia artificial, robótica, comunicaciones, "big data" y otros.

Parecería que esta idea tan revolucionaria y trascendente merecería ser analizada con mucho detenimiento, con gran sentido crítico y confrontada con sus principales detractores, pero jamás ignorada. Considerando además que algunas veces los expertos se han equivocado sobre su campo de conocimiento, como fue la empresa Kodak que tenía casi el monopolio mundial del film fotográfico pero no supo ver que precisamente la fotografía digital sería su ruina. Algo parecido le sucedió en los Estados Unidos durante los años 70 a las empresas aéreas y de comunicaciones, ya que pocas superaron los cambios tecnológicos y regulatorios que acaecerían entonces.

Tenemos todo para ganar estudiando, debatiendo y discutiendo estas ideas, con un objetivo de mínima de aprender mucho del futuro que, se reitera, estamos construyendo todos los días.

Ex subsecretario de Planificación de Infraestructura

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