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Cuatreros, una película inclasificable con el sello de Albertina Carri

La directora de Los rubios habla de su sexto film, al que define como "una pequeña novela, un documental, una ficción"

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PARA LA NACION
Martes 07 de febrero de 2017
Albertina Carri pasó casi una década sin filmar
Albertina Carri pasó casi una década sin filmar. Foto: Diego Paruelo/AFV
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"Una road movie sin viaje." Ésa es una de las definiciones más curiosas de todas las que se le ocurren a Albertina Carri a la hora de hablar de su nueva película, Cuatreros, que se estrenó el jueves pasado en el Gaumont y que también se exhibe todos los viernes de este mes, a las 22, en el Malba. Y la definición que ensaya la directora la elige entre varias que pueden calzarle bien a un film atrevido, provocador, difícil de clasificar.

Después de años de dar vueltas alrededor del proyecto de un largo sobre Isidro Velázquez, la cineasta terminó haciendo otro que es claramente el más experimental de su carrera. Se trata de un personaje muy particular considerado un bandido por la historia oficial, pero también reivindicado por la mitología popular y por algunas organizaciones revolucionarias de los 70. Albertina lo cataloga como "el último gauchillo alzado de la Argentina".

Hay muchas capas que se superponen en este film que nació de una frustración y terminó levantando vuelo hasta llegar, incluso, a la prestigiosa sección Forum del Festival de Berlín, que comenzará pasado mañana.

"Yo quería hacer una película sobre Isidro Velázquez, cuya historia era el epicentro de un libro de mi padre, Roberto Carri, secuestrado y desaparecido durante la última dictadura militar en la Argentina. Hubo una película sobre ese libro, titulado Isidro Velázquez: Formas prerrevolucionarias de la violencia, también desaparecida, igual que su director, Pablo Szir, quien fue otra víctima de los militares -recuerda Carri-. Cuando ya había resuelto abandonar ese proyecto porque no encontraba la manera de llevarlo a cabo, Lola Arias me llamó para que participara en Mis documentos, un ciclo de conferencias performáticas en el que diferentes artistas presentamos alguna investigación de orden muy personal, y eso me impulsó a retomarlo. Terminó siendo una especie de performance visual orientada por una voz en off que también tiene las características de una nouvelle. El material que preparé para Mis documentos terminó siendo el eje de una videoinstalación que hice en el Parque de la Memoria. Y todo ese proceso empujó la gestación de esta película."

El sexto largometraje de Carri -directora de la celebrada Los rubios, otro complejo e inspirado patchwork cinematográfico que en 2003 ganó el Premio del Público a la Mejor Película del Bafici y siete años más tarde fue elegida por la agrupación de críticos Fipresci como uno de los diez mejores films de la década de 2000-, Cuatreros, "se hizo en cinco meses o en diez años, depende de cómo lo veas", explica la realizadora. "Durante mucho tiempo fui acumulando materiales e ideas -continúa-. Hasta que llegué a esto, que es muchas cosas a la vez: una pequeña novela, un documental, una ficción, una película de archivo que incluye historietas e imágenes de una videoinstalación... Estuve unos cuantos años sin hacer una película -el anterior largo de Carri, La rabia, es de 2008- porque no encontraba nada que me resultara relevante contar. A mí me parece muy importante pasarla bien cuando trabajo. Me interesa el armado del equipo, cómo se configura el relato... Son muchas las cosas que tengo en cuenta cuando desarrollo un proyecto. Y mi estado anímico influye decisivamente en las películas que hago. No siempre tengo ganas de enfrentarme a determinados contextos de producción."

Para Carri, Cuatreros es, de alguna manera, una consecuencia de Los rubios, que giraba en torno de los cuestionamientos que disparó en ella la militancia revolucionaria de su papá, Roberto, y su mamá, Ana María Caruso, ambos parte de Montoneros. "Pero es importante remarcar que la relación con ellos y su historia cambió con el paso de los años -subraya-. Yo ya tengo más años que ellos cuando fueron secuestrados, así que los veo diferentes. Cuando hice Los rubios los miraba un poco como una niña y les hacía unos cuantos reproches; ahora ya los veo como una adulta y me conmueve muchísimo todo lo que hicieron esos jóvenes revolucionarios. Ya no hay reclamo."

Una prueba más del espíritu iconoclasta de Carri es su próxima película, Las hijas del fuego, ya rodada y ahora en proceso de edición: "Es una porno lésbica. Porno político, podríamos decir -revela-. Tiene que ver con mi trabajo con Asterisco (Albertina es la directora artística de este festival anual dedicado al cine Lbgtiq), y también es la consumación de un interés por un género con el que vengo coqueteando hace mucho, basta con ver los cortometrajes Barbie también puede estar triste (2001) y Pets (2012). Empezó como algo divertido, pero también está la idea de visibilizar otros cuerpos, otros goces, de poner en escena otras formas del placer y de habitar el amor, de deconstruir la mirada machista sobre el porno. Yo creo que es una película de amor".

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