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Rincón gaucho

Impulso a la platería contemporánea

Campo

Una muestra que se desarrolló en el Museo Nacional de Arte Decorativo demostró la vigencia de técnicas y estilos tradicionales del oficio

Viejas herramientas y una serie de piezas de plata -desde mates, facones, pavas de hornillo y jarros hasta sahumadores- transformaron el subsuelo del Palacio Errázuriz, en Libertador al 1900, en el sencillo taller de un orfebre.

Golpes de martillo sobre decenas de cinceles sonorizaron la tarde del sábado pasado, última jornada de la exposición Plateros Argentinos Contemporáneos, que se desarrolló en el Museo Nacional de Arte Decorativo.

La vitalidad de la tradición de técnicas y estilos fue evidente en el repertorio de piezas criollas, civiles y religiosas allí presentadas.

Pero más allá de las obras que se lucieron entre vitrinas y paños de terciopelo, el trabajo de veinticuatro artesanos frente al público fue lo más significativo.

La soledad y el silencio que envuelven el trabajo de los plateros cedieron lugar a un animado intercambio entre los artesanos de reconocida trayectoria y los jóvenes que empiezan a destacarse. Los diálogos abarcaron todos los aspectos del oficio.

Alrededor de sencillas mesas de madera se generó el encuentro entre coleccionistas y neófitos, resueltos a nutrirse del saber de los orfebres.

"El mate del milenio", fruto del trabajo conjunto de los expositores, se rematará a beneficio de una entidad de bien público, el 7 del actual, en el Banco Ciudad de Buenos Aires. Ese día también se venderá gran parte de las obras expuestas.

La muestra deja entrever la creciente valoración de un oficio que hunde sus raíces en la tradición y se ramifica en los talleres actuales.

Desde la aislada iniciativa de Carlos Daws, cuya colección fue la simiente del Museo de Motivos Populares Argentinos José Hernández, el interés por la platería aumentó de modo tal que se ganó un lugar en las subastas de objetos y obras de arte.

El significativo desarrollo que hoy se aprecia "se debe tanto al grado de refinamiento técnico y a la perfección de los diseños en la obra de las nuevas generaciones como al aumento del interés de los argentinos en general por reencontrarse con sus propias tradiciones y el de los coleccionistas en particular por ampliar sus conjuntos", advierte desde el catálogo de la muestra Alberto Bellucci, director del Museo Nacional de Arte Decorativo.

Por su parte, Beatriz Gutiérrez Walker, secretaria de Cultura de la Nación, señaló: "Este museo compró piezas de factura contemporánea para formar una colección que recorrerá el país. La intención es mostrar a los plateros que al Estado le interesa promover su trabajo y acercar a la gente un patrimonio auténtico."

Roberto Vega, curador de la muestra, señaló que la mayor expectativa es seducir a un público nuevo, que ya colecciona arte pero desea incorporar la orfebrería a sus vitrinas. El experto apuntó que también es importante mantener el interés de los paisanos que utilizarán las piezas en sus faenas diarias y de los tradicionalistas que las lucirán en desfiles.

"Estas exposiciones generan prestigio para los plateros, de manera que ellos trabajan por lo menos cinco meses antes de la presentación para ofrecer obras de excelente acabado", señaló Vega.

De principiantes y expertos

Grisel Sala es porteña, tiene veinte años, egresó de las Escuelas Técnicas Raggio y explora el universo de las artesanías en plata guiada por un orfebre cercano, su padre. El afán de crecer junto a referentes de sólida trayectoria la impulsó a tomar clases con Juan Carlos Pallarols y a proyectar un acercamiento a la escultura.

Mientras ella trabaja en un mate otros jóvenes se acercan a observar y, por qué no, a preguntarle dónde aprendió y cómo logra ese diseño. Desde chica, el juego con los cinceles fue para Grisel un trabajo serio. "Mis piezas más importantes son una rastra que empecé a los 17 años, durante una exposición, y una cruz que compró este museo. Todavía no puedo elegir una obra como favorita porque todo es pleno descubrimiento para mí", explica Grisel.

Sus modelos son los cardos y las flores silvestres que observa en el campo familiar de Mercedes; sin embargo, algunos libros de ornamentación también resultan sus referentes.

¿Cómo imagina su futuro en la orfebrería? La expresión de Grisel se tiñe de entusiasmo juvenil: "¡Me veo creciendo en esto!" La historia de Armando Ferreira es un poco más larga. Tiene 58 años y nació en San Antonio Oeste, Río Negro. Desde que su familia se instaló en Olavarría su inclinación por el dibujo se encauzó en la orfebrería. "Allí era famoso Damasio Arce, un genio del cincelado que dejó discípulos como Mario Llera y Antonio Forte, mis maestros", explica.

"En esa época -continúa-, los aprendices debíamos barrer, limpiar los vidrios, tener en orden el taller, cebar mate... Después de varios años te daban la oportunidad de aprender, pero la misma presencia en el obrador era valiosa."

La disciplina de ese taller es uno de los recuerdos más significativos para Ferreira. "Me mandaban a dibujar los frentes de las casas cargados de ornatos europeos y también las bóvedas del cementerio. Al mismo tiempo hacía trabajos elementales, como composturas de bombillas y pulseras de aniversario. Después empecé a grabar y a cincelar", sintetiza Ferreira.

De esa época decanta una actitud que marcó su rumbo: priorizar la calidad de la pieza sobre el tiempo que demanda.

A los 24 años se independizó del taller y luego se desprendió del estilo de su maestro. Su formación se nutrió también del estudio de Bellas Artes y del entrenamiento junto al escultor español José Herrero Sánchez.

En la actualidad, Ferreira es director de la Escuela Municipal de Orfebrería y Artesanías Tradicionales de Olavarría.

Su postura es crítica respecto de la actividad. "Si bien la platería tradicional no admite innovaciones sino sólo una restringida recreación, de vez en cuando me permito salir de esos esquemas. Creo que debería existir más libertad, porque los plateros del siglo pasado fueron creadores en algún momento."

A la hora de evaluar la evolución de la platería, Ferreira señala:"Antes éramos como islas, no sabíamos qué se hacía en otros lugares. Ahora, encuentros de este tipo generan intercambio entre los orfebres y favorecen el aprendizaje del público". .

Analía H. Testa
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