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Por una ley que haga posible la revolución de los "prosumidores"

El Congreso trabaja en proyectos que permitirán a los usuarios generar energía renovable y revitalizar el sistema eléctrico

Lunes 13 de febrero de 2017

Después de haber licitado 2400 megavatios de generación renovable en 2016 en las rondas 1 y 1,5 del programa RenovAr, lo que equivale a acrecentar un 6% la matriz eléctrica, la Argentina se prepara para dar otro gran paso en energías renovables. Un gran salto en la pequeña escala y en los capilares del sistema eléctrico y tan trascendental como que revierte por primera vez la dirección del flujo de electricidad dentro de la red.

Con un proyecto de ley unificado avanzado en Diputados y varios en el Senado, es probable que este año, bautizado oficialmente "De las energías renovables", se sancione la ley que regule la generación renovable distribuida. ¿Qué es? El derecho de los usuarios a generar electricidad a partir de fuentes renovables -con paneles fotovoltaicos, aerogeneradores, turbinas hidráulicas, biomasa, biogás, etc.- no sólo para consumirla sino también para volcar los excedentes a la red de suministro eléctrico, y, por ende, venderla.

Foto: LA NACION

Nuevo nombre para una nueva realidad, el usuario -una vivienda, un comercio, un edificio público, una fábrica- que inyecta energía a la red se llama prosumidor, acrónimo de productor y consumidor. Y la generación se llama distribuida, por oposición a la que se genera en las centrales eléctricas, y ésa es su principal ventaja: se genera en el mismo lugar donde se consume, con lo que se ahorra todo el gasto de transporte de la electricidad, la infraestructura, su mantenimiento y las pérdidas de energía que se producen en el camino entre la central eléctrica y el enchufe, que son nada menos que de entre el 8 y el 15 por ciento.

La tecnología ya está disponible. Hasta ahora conocíamos los sistemas autónomos o en isla, desconectados de la red, como los que se usan en parajes rurales. Los paneles fotovoltaicos, que transforman la luz del sol en electricidad, conectados a un inversor que convierte la corriente continua en alterna, conectado a su vez a un banco de baterías que da autonomía por varios días.

Los sistemas conectados a la red son dos. En red (on grid, en inglés), en el que los paneles están conectados al inversor y la electricidad se vuelca alternativamente al consumo, si hay una llave abierta, o a la red. Y el sistema híbrido, en el que hay paneles y un inversor híbrido que puede dirigir inteligentemente, programadamente, la electricidad al consumo, a un banco de baterías o a la red, según convenga. Se llama híbrido porque tiene banco de baterías como el autónomo y vuelca energía a la red, como el on grid. Novedades: el banco de baterías hoy puede ser... un auto eléctrico.

¿Cuál es entonces la capacidad de generación de estos sistemas y cuánto cuestan? Abastecer completamente la demanda media de un hogar de cuatro personas se logra instalando 20 m² de paneles fotovoltaicos, lo que equivale a una potencia instalada de unos 2 kilovatios, y sale unos 8000 dólares. Regla de tres simple: un sistema de 4000 dólares banca la mitad del consumo de un hogar promedio, y uno de 2000, un cuarto.

Hoy, en la Argentina la energía fotovoltaica distribuida es cinco veces más cara que la producida en un parque solar -unos 4 dólares el watt, contra 0,8-. En los países donde ya se ha desarrollado, es entre 1,5 y dos veces más cara. Pero estos valores no son del todo comparables, porque no incluyen lo que se ahorra en transporte y distribución con la distribuida.

Por otro lado, la innovación viene abaratando los costos de manera constante. Los paneles solares tienen su propia ley de Moore, la que verificó que los chips de computadora duplicaban su capacidad y su costo caía a la mitad cada 10 años. Es la ley de Naam, por el desarrollador informático y tecnólogo Ramez Naam, que dio a conocer en 2011 cómo el precio de la energía fotovoltaica viene cayendo a razón de 7% al año desde 1980.

El costo de la fotovoltaica distribuida se redujo un 54% entre 2008 y 2015 en Estados Unidos, según un informe del Departamento de Energía de ese país, que ya llegó al millón de instalaciones y a los 12 gigavatios de potencia instalada. Según datos de la Asociación de Industrias de Energía Solar (SEIA), los prosumidores estadounidenses vuelcan en la red entre el 20% y el 40% de la electricidad que generan.

Una de las cuestiones a regular es cómo se les paga a los prosumidores la energía inyectada en la red. La aplicación de una tarifa de incentivo, tal como prevé el proyecto unificado de Diputados, que permita al prosumidor recuperar la inversión hecha en los equipos en no más de seis años, resulta razonable. Aunque este incentivo debe aplicarse sólo mientras no se haya alcanzado la paridad de red, es decir, mientras el precio de la distribuida sea más caro que el precio mayorista de la electricidad. Para controlar esta condición, la autoridad de aplicación de la ley deberá monitorear la paridad de red en cada área.

Y hay otra definición anterior o más importante. ¿A quién puede venderle la electricidad el prosumidor? En todos los proyectos de ley en cuestión y en las regulaciones provinciales vigentes, sólo a las distribuidoras, que son monopolios en su área de concesión. Esto atenta contra la libertad de elección de los prosumidores y contradice el espíritu de la ley 24.065, régimen de energía eléctrica, que en su artículo 6º establece que los generadores pueden negociar libremente la venta de energía a distribuidores y grandes usuarios. ¿Y qué son los prosumidores si no generadores, en pequeña escala, pero generadores al fin?

Para garantizar la libertad de venta de los prosumidores, desde el Comité Argentino del Consejo Mundial de Energía propusimos la creación de la figura de agentes comercializadores de energía renovable distribuida en el marco de los ya existentes agentes comercializadores del mercado mayorista eléctrico de la ley 24.065.

Estos agentes comercializadores -empresas privadas, públicas o mixtas que no sean las distribuidoras; sería bueno dar prioridad a pymes nacionales en una primera etapa de implementación de competencia controlada- podrían agregar la compra de energía de varios prosumidores y venderla en el mercado mayorista eléctrico. También gestionarían la conexión a la red de los prosumidores. Y pagarían un canon a la distribuidora por el uso de la red, para evitar la falla de mercado conocida como la "espiral de la muerte". Se produce cuando las distribuidoras dejan de percibir ingresos por la energía que generan los prosumidores y, al tener que seguir manteniendo y desarrollando la red, se ven forzadas a aumentar drásticamente el precio de la energía.

En síntesis, la generación renovable distribuida es la próxima revolución en el sistema eléctrico: antes fue la democratización del consumo, ahora es la democratización de la generación eléctrica. La disyuntiva es entre hacer una ley que hable de generación renovable distribuida, pero que no cambie el sistema, o abrir realmente el mercado a esta renovable limpia, asequible, cada vez más barata, que ahorra el gasto y la huella del transporte de electricidad y que entrega energía lista para ser consumida allí donde se la necesita.

Ingeniero. Especialista en energías renovables y miembro del Comité Argentino del Consejo Mundial de Energía

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