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Hace falta más inversión

Lunes 13 de febrero de 2017
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Los países más desarrollados y que ofrecen mejor calidad de vida a sus habitantes destinan un porcentaje mayor al 2% del PBI en investigación y desarrollo (I+D). Son países que exportan bienes y servicios con gran valor agregado, en los que nacen y prosperan empresas que alcanzan liderazgo global; con universidades e institutos de investigación reconocidos internacionalmente, y donde en general se resguarda celosamente la propiedad intelectual. Encontramos entre ellos a Estados Unidos, Alemania y Japón. En contraste, aquellos que invierten menos 1% del PBI en I+D son en general exportadores de materia prima con escaso o nulo valor agregado. Poseen universidades e instituciones con escaso reconocimiento internacional, con exiguo derrame hacia el sector productivo y escasas patentes de invención. Éste es el caso de la Argentina, Costa Rica, Etiopía, Grecia y México, entre otros.

Cuando hablamos de I+D nos referimos a la investigación básica, investigación aplicada y desarrollo tecnológico. La primera refiere a la actividad científica per se, "hacer ciencia" significa desplazar las fronteras del conocimiento. La aplicabilidad del estudio en curso no es el objeto motivante en sí mismo, sino el de poder comprender y describir un fenómeno natural o social. Pese a ello, las investigaciones básicas pueden derivar en la creación de empresas spin-off del sector académico. Y aquí hay un factor estadístico determinante: cuanto más investigaciones en curso, mayor probabilidad de que alguna derive en una empresa exitosa. En contraste, la investigación aplicada se enfoca en un problema concreto por resolver, pudiendo devenir en registros de propiedad intelectual. Finalmente, por desarrollo tecnológico entendemos cuando una solución preexistente es llevada a una fase de desarrollo con el objeto de alcanzar la aplicabilidad directa de la misma. Se protege con registros de propiedad intelectual o con secreto industrial. Aquí se dispara la discusión política: ¿cuál es la "cartera" de inversión más conveniente para un país como la Argentina? ¿Es la misma fórmula para cualquier país?

Si analizamos los indicadores de la inversión en educación en relación al PBI encontramos la sorpresa de que muchos países latinoamericanos invierten lo mismo o más que países desarrollados. La Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Ecuador y Paraguay invierten el 5% del PBI o más, por encima del promedio mundial. Sin embargo, mientras que en los países desarrollados existe una virtuosa correlación entre las inversiones en educación de alto nivel e I+D, en los países de la región, la deficiente sinergia favorece la pérdida de individuos formados que emigran al hemisferio norte en busca de mejores condiciones laborales.

La educación, siendo un aspecto prioritario para una nación que pretenda desarrollarse, no es suficiente. Aspectos fundacionales para el desarrollo competitivo de una nación resultan ser la inversión neta en I+D, la forma de distribuir los fondos públicos destinados a tal fin, la existencia de un ambiente emprendedor ambicioso y la instalación de una cultura de inversión de riesgo. Es clave, además, correlacionar equilibradamente las inversiones en educación superior y en I+D. Estas cuestiones deberían ser grandes lineamientos estables en el tiempo e independientes de sesgos ideológicos. Para la Argentina la inversión mínima necesaria en I+D para generar impacto a mediano plazo debería ser de al menos 2% del PBI, pero nunca superamos el 0,62% ¿Quo vadis Argentina?

Doctor en Física

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