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Un temblor que expone debilidades, desorden e improvisación

Miércoles 15 de febrero de 2017
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WASHINGTON.- La Casa Blanca gestionó la peor crisis de confianza del gobierno de Donald Trump como lo ha hecho todo hasta ahora: a los tumbos, con desorden y con marchas y contramarchas.

La crisis de seguridad que tiene en vilo al gobierno dejó dos dudas fundamentales. La primera, cuánto sabía realmente el presidente de lo que Flynn hablaba con los rusos.

Si algo hizo esta crisis fue aumentar la cantidad de personas interesadas en revelar el misterioso vínculo y fascinación que la figura de Vladimir Putin despierta en el presidente Trump. Tanto, como para asimilar su comportamiento y valores a los de Estados Unidos.

"¿Usted cree que nuestro país es mucho más limpio?", contestó días atrás, cuando un periodista le preguntó qué le atraía de un líder catalogado internacionalmente como asesino. La respuesta despertó ampollas incluso entre los republicanos.

La segunda cuestión tiene que ver con la forma en que gestiona la Casa Blanca. Un gobierno que, en estos 24 días, se ha caracterizado por la desprolijidad, la sensación de improvisación y las filtraciones.

"El affaire Flynn" hizo que se batieran récords en la materia. Cuando la cabeza del general parecía ya en la picota, en la tarde del lunes, la estratega presidencial Kellyanne Conway aseguró que nada de eso era cierto.

"El general Flynn goza de toda la confianza del presidente", sostuvo en un mensaje en su cuenta oficial de Twitter. No llegaron a pasar 45 minutos que una nota oficial de la Casa Blanca dijo exactamente lo contrario.

"El presidente está en reunión, evaluando la situación" del general Flynn, sostuvo un comunicado firmado por el vocero Sean Spicer.

¿Cómo se pasa en cuestión de minutos del "tiene toda la confianza" del presidente al diplomático lenguaje que prenuncia que en cualquier momento saldría eyectado del cargo?

Para eso no queda más que apelar a las filtraciones. Una verdadera catarata. Entre ellas, la que insistentemente explica que la Casa Blanca de Trump se caracteriza por el desorden y la falta de diálogo entre funcionarios. "No pueden dialogar porque están ocupados viendo cómo se pisan la cabeza unos a otros", sostuvo, por caso, una de esas fuentes.

El propio Trump sumó a la cuestión al afirmar que lo que estuvo en juego con este escándalo no fue la seguridad sino "la cantidad de filtraciones".

La disfuncionalidad aparente del equipo presidencial y la obsesión por Rusia. Ésas son las dos cuestiones que deja el pozo de lo ocurrido.

"Demasiada Rusia", sostuvo Ben Rhodes, el ex asesor en seguridad del ex presidente Barack Obama.

Flynn es el segundo funcionario de jerarquía que acompaña a Trump y que debe alejarse por vínculos poco claros con el Kremlin.

El primero fue Paul Manafort, su jefe ex jefe de campaña, sospechado de negocios ocultos con Rusia. "Paul está para quedarse", dijo Trump el 17 de agosto pasado, cuando todavía peleaba contra Hillary Clinton por la Casa Blanca. Dos días después tuvo que echarlo. "Lo único que tienen en común Manafort y Flynn es que los dos fueron echados por tener algo con Rusia", escribió ayer Rhodes.

De algún modo, el modelo se repite aquí. Trump ya no puede ocultar que durante 19 días supo del affaire Flynn. Aún así, lo mantuvo en el cargo, hasta que la prensa hizo que el asunto estallara. Lo otro que queda por destacar es que nada de esto se hubiese sabido sino fuera por la prensa local. La que todos los días es vilipendiada por la Casa Blanca como el "partido de la oposición".

Fue ante las cámaras que Trump tuvo uno de los momentos más infelices en toda esta cuestión. Ocurrió el viernes pasado. A bordo del Air Force One, una periodista le preguntó si estaba al tanto de las revelaciones del The Washington Post sobre el affaire Flynn y si podía comentar al respecto. "No sé nada de eso. No lo he visto", contestó Trump. Ayer, esa respuesta parecía fuera de lugar. Si hace 19 días sabía que Flynn mentía, ¿cómo podría negar ante las cámaras que estaba al tanto?

"Porque lo que él contestó fue que no había leído el Post. No que no estuviera al tanto del asunto", explicó el vocero Spicer. Pudo haber salido del paso. Pero la duda creciente aquí es qué se esconde detrás de la persistencia del vínculo con Rusia en el equipo de Trump.

Dos ex asesores de elevada confianza renunciados por la misma razón. Denuncias de chantaje. La supuesta existencia de carpetas con información reservada del presidente y de algunos de sus funcionarios. La fascinación por Putin.

Una vez más, las sospechas y los malos tragos para la administración florecen como hongos al hilo de la larga sombra de Rusia. Será así mientras le escape a la luz.

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