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Cuando el fútbol sirve para echar a la basura

Ezequiel Fernández Moores

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PARA LA NACION
Miércoles 15 de febrero de 2017

Su motor es la promesa de limpiar para siempre la memoria de sus 96 familiares muertos. Y el fútbol le da potencia a su reclamo. El club inglés Liverpool decidió la semana pasada que los periodistas de The Sun, el diario más vendido del país, no podrán pisar su estadio de Anfield ni su campo de entrenamiento de Melwood. Ni entrevistar a su cuerpo técnico y jugadores. “Ya nos disculpamos dos veces, la última en la tapa del diario. ¿Qué más deberíamos hacer?”, se preguntó The Sun. El diario tiene razón. Nada servirá. Hillsborough Family Support Group (HSFG), la organización que agrupa a los familiares de las víctimas que murieron asfixiadas en la tragedia del estadio en 1989, ya echaron a The Sun del club. Ahora quieren hacerlo de la ciudad. El Concejo Municipal adhirió a la campaña para que ningún negocio de Liverpool venda el diario. Más de 200 han dejado de hacerlo. Los promotores ni siquiera pronuncian su nombre. Al diario propiedad de Rupert Murdoch, el magnate más poderoso de la prensa mundial, no le dicen The Sun (El Sol). Lo llaman The Scum (La Basura).

Un momento clave sucedió cuando el oficial de policía Gordon Sykes, después de 26 años de mentiras, admitió por primera vez ante una Comisión Investigadora que eran falsas sus acusaciones originales que responsabilizaron siempre a los propios hinchas de Liverpool. La misma noche de la tragedia, Sykes se reunió con el legislador conservador Irvine Patnick en un pub para contarle “la verdad”. Que, mientras la policía auxiliaba a las víctimas, los hinchas de Liverpool, borrachos, les robaban su dinero, orinaban sobre cadáveres y agentes, pateaban a los uniformados y hasta abusaron sexualmente de una joven muerta. Que él mismo recibió diez cadáveres despojados de todas sus pertenencias. Y que a otro hincha muerto le encontraron “numerosas billeteras” ajenas. Patnick le dijo que él mismo se encargaría de hacerle llegar “la verdad” a Margaret Thatcher. Eran años de hooliganismo (la policía buscó ingesta de alcohol hasta en niños fallecidos de diez años de edad) y la tragedia de Hillsborough fue usada por el gobierno para cambiar de raíz al fútbol inglés. La Premier League nació con estadios modernizados con créditos públicos, empresarios beneficiados con la TV de pago de Murdoch, boletos que aumentaron un mil por ciento y con políticas de desregulación financiera que favorecieron la reventa de los clubes a precio de oro a magnates rusos, árabes, estadounidenses y asiáticos.

Charles Powell, asesor de Thatcher, repitió “la verdad” de Hillsborough a Trevor Kavanagh, editor político del Sun. Al día siguiente, el diario publicó “la tapa que –según The Guardian– marca uno de los puntos más bajos en la historia del periodismo británico”. Kelvin MacKenzie, periodista mimado de Thatcher, y que era editor del Sun, eligió el título: “La Verdad”. Era la reproducción, claro, de todas las mentiras de la policía que tenían aval político. La mentira se mantuvo por los años pese a filmaciones de la BBC que mostraban a hinchas desesperados y activos para salvar vidas. Hinchas-médicos auxiliando a hinchas asfixiados que vomitan y se orinan de modo involuntario. Hinchas-enfermeros que improvisan camillas. Todo ante una policía mayoritariamente pasiva, que encerró en una pequeña tribuna a hinchas que trataba como animales, que trabó luego los accesos y hasta prohibió el ingreso de ambulancias en el campo. “Justice for 96” es el reclamo histórico de Liverpool. Justicia, también, contra la mentira del Sun.

“Demasiado tarde y demasiado poco”. La frase grafica por qué HSFG jamás perdonará al diario de Murdoch. McKenzie, que mezcló disculpas con arrogancia, sigue escribiendo hoy para el Sun. Una de sus últimas columnas más polémicas fue cuando criticó a Channel 4 News porque dio la noticia del atentado terrorista de Niza de 2016 con una periodista musulmana británica. Su última sucesora más conocida fue Rebeka Wade, la periodista condenada por hackear conversaciones privadas en busca de primicias. También sigue escribiendo Kavanagh en el Sun. El diario, parte de un imperio que crece comprando derechos de TV en el fútbol mundial, protegió el año pasado a Katie Hopkins, que en otra columna había llamado “cucarachas” a los inmigrantes muertos en el Mediterráneo y sugería abrir agujeros en sus botes.

Hillsborough sigue siendo una llaga abierta ya no sólo para el fútbol inglés. Ayer mismo, Paul Nuttall, líder del partido derechista UKIP, tuvo que admitir, ocho años después, y a días de elecciones, que no era cierto que, como estaba escrito en su web, él hubiese perdido a un gran amigo en la tragedia de Hillsborough. Ya nadie le cree que siquiera haya estado allí. HSFG lo repudió por haber usado el dolor de Hillsborough para sumar votos. El Sun lamentó que Liverpool se haya plegado al boicot de los familiares. “Prohibir periodistas –señaló el diario– es malo para los hinchas y para el fútbol”. Pero, si vienen del Sun, tal vez sea bueno para la vida. A nadie le gusta vivir en medio de la basura.

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