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El prejuicio de clase, la batalla cultural de Macri

Diego Sehinkman

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PARA LA NACION@diegosehinkman
Domingo 19 de febrero de 2017
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El pacto no escrito de gran parte del electorado con Macri fue: "Dado que el kirchnerismo dejó una bomba, vamos a darte un tiempo prudencial para que maniobres con el alicate. Cortá, sacá, poné y probá de qué forma reactivar la economía. Pero hay una condición: separá con cinta aisladora al Macri presidente del Macri empresario. Esos dos cables no se pueden tocar jamás".

Pum.

Catorce meses después de asumir, el electricista hizo volar el tablero (político) y dejó a oscuras a muchos de sus votantes, que con la vela en la mano observan desconcertados lo del correo, una gran defección al contrato electoral. ¿Juntó los cables a propósito, para beneficiarse, o acaso no le avisaron lo que se estaba negociando y hubo "ingenuidad", como admitió alguien del gabinete? En política la ingenuidad se paga igual de cara que el dolo.

¿Puede Drácula denunciar el Servicio de Hematología? No tendrá autoridad moral, pero si observa algo irregular, nada le impide hacerlo. Por eso el kirchnerismo denuncia hoy a Macri y cree haber encontrado su "bolso de López". Ni la disparatada cifra de 70.000 millones ni los 4000 ni los 600 cambian la esencia del asunto: el acuerdo por la deuda debió hacerse por "cadena nacional", para que todo el país viera que "Mauricio ya no era Macri".

Otra ¿torpeza?: tuvieron que revisar el ajuste a las jubilaciones por el escándalo que estaba produciendo la baja. Los aportantes iban a recibir 20 pesos menos. ¿Es mucho? Para el bolsillo no, para el prejuicio sí. Antes de que el equipo de comunicación del gobierno se hiciera fanático de Facebook, Macri ya había sido "etiquetado" como "el que gobernará para los ricos".

Y llegamos al corazón de esta columna: la batalla cultural más complicada que libra el presidente no es contra el kirchnerismo sino contra los prejuicios que una gran parte de la sociedad deposita en él desde antes de 2003. Por supuesto que hoy Cristina los atiza, pero ya existían. En la construcción de su identidad política, hace años que el actual presidente intenta desetiquetarse de esa foto incómoda. Hace esfuerzos por ser llamado desarrollista en vez de neoliberal, gasta miles de millones en conservar los planes sociales, mantiene o aumenta el déficit y por eso hasta es tildado de "propulista" e intenta mostrar que no es un empresario autoritario. Por eso, cada vez que se equivoca mete la marcha atrás, a riesgo de romper la caja de cambios.

Pero nada de esto alcanza cuando sucede algo como lo del correo. Todo el esfuerzo habrá sido en vano. ¿Por qué? Porque confirma un prejuicio. Y un prejuicio es como el cable. Te lo instalan en un día. Darlo de baja es casi imposible.

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