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Un músico y comunicador de capacidad indiscutible

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PARA LA NACION
Domingo 19 de febrero de 2017

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James Rhodes / Recital: James Rhodes (piano) / Sala: Auditorio de la Usina del Arte / Función: anteayer, a las 20 / Entrada: gratuita / Nuestra opinión: muy bueno

James Rhodes en la Usina del Arte
James Rhodes en la Usina del Arte. Foto: Maximiliano Amena

La apertura de la temporada 2017 de la Usina del Arte fue de la mano de una figura internacional: el pianista y afamado escritor James Rhodes. Conocido no sólo por su particular estilo interpretativo, sino también por su autobiografía titulada Instrumental: A Memoir of Madness, Medication and Music, Rhodes busca ampliar la música clásica (término que desdeña) a nuevos públicos, y proponer otras formas de escucha a los melómanos de siempre.

Con su delgada figura vestida de jeans negros, zapatillas y un buzo con la inscripción de "Chopin", Rhodes ya dictó, desde el principio, una sentencia: lo que se iba a presenciar no era un concierto de piano regular. Mezcla de stand up, performance, y recital, el formato de su presentación se relaciona más con una popular charla TED que con un concierto formal y serio de música académica.

El repertorio de la noche cubrió un amplio arco que se inició con Bach, pasó por Gluck, Chopin, Beethoven, y tuvo un bis de la mano de Rachmaninov. La interpretación de las piezas estuvo prendada del tamiz general de sus concepciones didácticas y sentimentales sobre las mismas: rubatos, licencias en las articulaciones y silencios discrecionales que hacían exuberantes los clímax y notablemente sensibles los contrastes dinámicos. Estas elecciones sin duda materializaban, de manera casi educacional, las introducciones que el intérprete realizaba sobre las piezas. Con breves y accesibles palabras (todas en inglés y sin traductor), algún chiste y más de un "fucking" en el medio, Rhodes daba claves de lectura de la próxima obra a ejecutar; sus sugerencias para la escucha incluían comentarios propiamente musicales, históricos, narrativos, e incluso sentimentales ante los atentos oídos del auditorio lleno.

Su presentación inició con el popular Preludio en Do mayor BWV 846 de Bach, pieza que en su último libro enseña a tocar a personas que, sin ningún tipo de formación musical, lograrían interpretarla en pocas semanas (aunque, obviamente, no asegura con qué calidad). Esta propuesta, que no representa ninguna novedad (solo basta revisar tutoriales en YouTube), lanza un guante directo a la quijada de los que consideran que la interpretación de música académica es un arte privativo de ciertos grupos de formación temprana. Y también es un llamado de atención para aquellos que, aún deseándolo, todavía no se han animado a acercarse al piano.

Antes de los tres bises, obligados por el efusivo aplauso de los asistentes, Rhodes cerró la programación formal también de la mano de Bach, con su Chacona (originalmente para violín y transcripta a piano por Busoni, lo que permite a la pieza develar dos capas de la más alta pericia compositiva). Antes de su ejecución, el intérprete comentó que el compositor la creó como una despedida a su esposa difunta, e incluso definió su forma como "quince minutos de adiós" en los que siempre aparecía algo más por decir antes del final. Y así la tocó, poniendo en evidencia -magnificando las articulaciones- la forma aditiva, la sucesión de variaciones, como expresando siempre un "Ah, y no quisiera olvidarme de esto".

La capacidad indiscutible que tiene James Rhodes como comunicador conquistó el aplauso del público, y en su performance puso en claro que sus palabras corresponden a su interpretación, y viceversa.

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