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La economía de la convivencia

Convivir puede reducir el costo del alquiler hasta en un 45%

Jueves 23 de febrero de 2017 • 11:20
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"Tal vez temía que ese grandioso amor, que había resistido tantas pruebas, no pudiera sobrevivir a la más terrible de todas: la convivencia." La escritora Isabel Allende fué contundente acerca de los desafíos que implica compartir la vida cotidiana con otra persona. También son contundentes los fríos números de lo que podríamos definir como la "economía de la convivencia". Dependiendo de la ciudad, y la cantidad de ambientes, se puede economizar hasta en un 45% el costo del alquiler si se supera "la más terrible de todas las pruebas del amor".

Un informe elaborado por la plataforma web especializada en el mercado inmobiliario Properati al que LA NACIÓN tuvo acceso de forma exclusiva, da cuenta de realidades muy heterogéneas dependiendo de la zona del país en donde uno resida. La ciudad de Buenos Aires es la más cara para alquilar y por ende, junto con la zona norte del Gran Buenos Aires, el lugar en donde se siente con más fuerza el impacto económico de la convivencia o de la soltería. En definitiva, ambas caras de la misma moneda.

El documento revela los costos promedio para alquileres en la Capital Federal, las zonas norte, oeste y sur del Gran Buenos Aires, Córdoba y Santa Fé.

Del monoambiente al dos ambientes

Para un soltero que vive en un monoambiente en la Capital Federal el impacto de pasar a convivir a un dos ambientes no se siente puesto que el costo promedio de alquilar un dos ambientes es el doble.

Los ahorros más significativos se observan en la zona sur del Gran Buenos Aires (37%) y en la ciudad de Santa Fé (30%). Le siguen la zona oeste del GBA (26%), Córdoba (23%) y zona norte del GBA (14%).

El salto del dos al tres ambientes

El impacto del ahorro se siente mucho más si la decisión de mudarse con nuestra media naranja implica pasarse de un dos a un tres ambientes, ya sea porque hay chicos de por medio, o porque uno de los dos requiere, por ejemplo, de un espacio para trabajar.

En tal caso, el informe da cuenta de ahorros para todos los casos. En las zonas norte y sur del Gran Buenos Aires es donde menos se siente el impacto, siendo del 15% y 5% respectivamente.

En la ciudad de Buenos Aires el ahorro es de un 33%, mientras que en la zona oeste del GBA es del 44%, en Córdoba de un 30% y en Santa Fe del 35%.

¿Vamos a medias?

Si la decisión de compartir el día a día con la persona que uno elige no implica un cambio de departamento, sino hacer un lugarcito en la cama, estar dispuesto a compartir el baño, y pactar ciertas normas de normas de convivencia, el ahorro es del 50%. La aritmética en este caso, es implacable. El famoso "compartir gastos por la mitad" aplica de la misma forma independientemente de la cantidad de ambientes y la zona de la cual estemos hablando.

La cuestión económica, a la hora de separarse

"Cuando el amor se termina, el tema económico tiene cada vez más peso, pero existen diferencias a la hora de encarar el problema. Si ambos trabajan, la ruptura se asume con la convicción de que el vínculo no va más en lo afectivo pero se compensa con el logro individual de afrontar las consecuencias económicas de la separación. En estos casos la convicción de lo que cada uno aportó es un aliciente para pedir lo que corresponde. Estas parejas que tienen autonomía económica no dejan que el sufrimiento aumente, por el contrario, afrontan la crisis matrimonial sin muchas vueltas, aún con la presencia de hijos" afirma Walter Ghedin , médico pisiquiatra, psocoterapeuta y sexólogo.

En otros casos, continúa Ghedin, las diferencias económicas en los salarios, o dedicarse solo a las tareas del hogar, complica -a las mujeres sobre todo- a tomar la decisión de separarse, ya sea por miedo a perder el nivel de vida conseguido, por la presencia de hijos pequeños, por sentir que lo se hizo con amor se tiene que resolver en tribunales, o por inseguridades personales. Es frecuente que en estas parejas donde existen desigualdades económicas las crisis se prolongan o se cree que aún existe alguna esperanza de reconciliación que en pocos casos ocurre. Uno de las aspectos psicológicos a considerar en los divorcios es la frustración por "lo que no fue", por ver derrumbadas las ilusiones y los proyectos. Además, en todo conflicto vincular los autoreproches "Qué habré hecho mal" Por qué no me dí cuenta antes" se conjugan con las demandas hacia el otro, convertido ahora en un desconocido.

Francisco Casas

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