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Los aliados involuntarios de Macri

Joaquín Morales Solá

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LA NACION
Domingo 26 de febrero de 2017

A Mauricio Macri siempre le queda el peronismo cristinista para sortear contratiempos y errores. El Presidente promueve el contraste con Cristina Kirchner; ella lo hace visible. Ese duelo eterno, del que Macri sale siempre con algún trofeo, le sirve al mandatario para mostrarse en el exterior y, sobre todo, ante los argentinos. El mundo en el que vivía Cristina es un cristal destruido. Ninguna política suya queda en pie, ni la económica ni la internacional. Los gobiernos extranjeros que la aislaron reciben ahora a Macri como a un héroe latinoamericano. Ella pasó de ser la presidenta del poder y las desmesuras kirchneristas a una perseguida por la Justicia. La esperan muchos años de ingratas excursiones por los tribunales y, seguramente, de varias condenas por corrupción. Decidió profesarle el odio político y personal a Macri, a quien culpa, encerrada y furiosa en Santa Cruz, de todos sus males.

Cristina estuvo detrás de muchas de las cosas desopilantes que hizo el peronismo mientras Macri realizaba una visita de Estado a España. La más extraña de todas fue un pedido de juicio político al Presidente hecho por un grupo de diputados kirchneristas o cercanos al kirchnerismo. El dato hubiera pasado como una insensata anécdota más del cristinismo si entre los firmantes no hubiera estado José Luis Gioja, titular del PJ. Es el supuesto líder del principal partido de la oposición quien pide el enjuiciamiento del Presidente para destituirlo. No demos más vueltas: el juicio político de un presidente siempre persigue el propósito final de su destitución.

Pasaron del absurdo al ridículo cuando se supo que el motivo de la ofensa era el asunto del Correo, que ya es un caso abstracto. El Gobierno dio por cancelado ese acuerdo con la familia Macri y encima le pidió a la Justicia que desestime todas los pedidos de indemnización de los Macri al Estado. El acuerdo impugnado nunca estuvo vigente porque faltaba que la Justicia lo homologara.

Los cristinistas firmantes pasaron después del ridículo al cinismo cuando desconocieron su propia historia. Amado Boudou tuvo más de 30 pedidos de juicio político cuando era vicepresidente, luego de que el juez Ariel Lijo lo procesara por el caso Ciccone. Para rechazar esos pedidos, el cristinismo argumentó en aquel momento que Boudou no tenía condena definitiva. Lo que existe ahora contra Macri es una imputación (apenas el puntapié inicial de una investigación judicial) de un fiscal de Justicia Legítima, una medida anterior a la decisión del Gobierno de retroceder con el acuerdo del Correo.

La firma de Gioja en semejante desvarío es un misterio para los propios peronistas. La noticia lo golpeó a Gioja hasta en su provincia, San Juan, donde lo criticaron duramente. Su propio delfín, el actual gobernador sanjuanino, Sergio Uñac, estuvo en desacuerdo con Gioja. Otro peronismo salió a diferenciarse de Gioja: Miguel Pichetto, Juan Manuel Urtubey, Diego Bossio y Juan Manuel Abal Medina tomaron en el acto distancia de Gioja. El pedido de juicio político había roto, además, un acuerdo implícito de la política en los años de democracia: la oposición no entorpecía al Presidente cuando éste se encontraba en una misión oficial en el exterior.

Paralelamente, Pichetto había acordado buscarle una solución institucional al tema del Correo, por la sencilla razón de que el asunto compromete también a todos los gobiernos kirchneristas. Ni Néstor ni Cristina Kirchner hicieron nada para cobrarle la deuda que Franco Macri tenía con el Estado por el Correo. El entonces camporista José Ottavis tuvo el Correo bajo su control político en los años de Cristina. Iban a perder todos. Pichetto encontró la solución en alianza con el oficialismo: le dieron instrucciones a la Auditoría General de la Nación, que depende del Congreso, para que haga un informe sobre el Correo desde el año 2000 hasta ahora. Aparecieron los dos peronismos y una fractura expuesta. Conclusión: el peronismo está acéfalo, salvo el liderazgo de hecho que ejerce Pichetto.

Una lectura más profunda de las actitudes del peronismo no cristinista puede deducir que éste está haciendo una autocrítica implícita o gestual de los gobiernos peronistas. La Argentina fue gobernada durante 25 años (de los 33 de democracia) por gobiernos peronistas con ideologías distintas y con métodos parecidos. El resultado es un país que no se puede explicar. Potencialmente rico, existencialmente pobre. La única obra perenne del peronismo es un cierto populismo que inoculó en las venas de la sociedad argentina.

Ahora, la solitaria unanimidad del peronismo no cristinista es sacarse a Cristina de encima. Mandarla a las páginas ya pasadas de la historia. Hasta Daniel Scioli ha descubierto que él también fue víctima de las arbitrariedades de la ex presidenta. Pero, ¿cómo decirle a una política que se dedique a criar a sus nietos cuando todavía un 30% de la sociedad le tiene simpatía? Techo y piso se juntan en sus mediciones. Por eso, el peronismo quiere archivarla. No tiene posibilidad de recuperar el poder nacional de la mano de ella. Cristina jamás superaría triunfante una segunda vuelta presidencial. Su presencia, sin embargo, es una seria obstrucción para cualquier proyecto de renovación peronista. No hay mejor noticia para Macri que la permanencia de Cristina y la persecución del peronismo oficial de Gioja.

A pesar de todo, Cristina no se quedó ahí. Fue más allá. De su usina de cerebros (es una manera de decir) salió el informe que memorizó en el Congreso de España el diputado de Podemos Iñigo Errejón. Su crítica a Macri pareció una copia fiel de las cataratas de tuits con que Cristina suele fatigar a los argentinos. Podemos tiene estrecha vinculación con el kirchnerismo argentino y con el chavismo venezolano. Errejón hasta cuestionó que el 24 de marzo fuera feriado móvil en la Argentina. Leyó sin tener en cuenta la historia de su país. En España se celebra el Día de la Constitución el 6 de diciembre, día de 1978 en que los españoles aprobaron en un referéndum la monarquía parlamentaria y el sistema democrático. Nunca Podemos propuso un feriado para recordar el comienzo de la dictadura de Franco, que duró casi 40 años. Errejón fue sólo una herramienta anecdótica. Lo que importa es la intención de Cristina, que intentó, sin suerte, arruinarle a Macri su visita a Madrid.

Su influencia está también en el paro salvaje de los docentes previsto para el 6 y el 7 de marzo. Tanto la Central de Trabajadores Argentinos que conduce Hugo Yasky, como el líder de los maestros bonaerenses, Roberto Baradel, militan en el cristinismo. La propia Cristina llamó a sus fieles a concurrir a la marcha de la CGT el 7 de marzo. Coincidió otra vez con Sergio Massa. Los sindicatos son más moderados. Empezaron hablando de un paro general y terminaron con una marcha, que tendrá necesariamente una huelga de unas pocas horas. También tomaron distancia de Cristina.

¿Saca ventaja Macri de los espasmos cristinistas? Sí. Siempre gana en una confrontación con Cristina. Pero la presencia de ésta también lo desafía al triunfo electoral en octubre; Cristina y su peronismo ahuyentan la inversión. Los inversores, nacionales o extranjeros, quieren ver una victoria electoral de Macri para constatar que el Presidente no es sólo un breve paréntesis entre dos populismos. ¿Se lo dijeron en Madrid? No. Habrá anuncios de inversiones, pero lluvia o chubascos de dólares sólo ocurrirán después de octubre, si la sociedad argentina homologa la existencia de otra historia.

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