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Trump busca capitalizar su mensaje conciliador ante el Congreso

Su discurso levantó la moral de los republicanos; más del 75% de la población aprobó el nuevo tono

Jueves 02 de marzo de 2017
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Trump, ayer, en la Casa Blanca, junto al representante Paul
Trump, ayer, en la Casa Blanca, junto al representante Paul. Foto: AP / Evan Vucci

WASHINGTON (De nuestro corresponsal).- Por una noche, Donald Trump actuó como "presidenciable" y los efectos fueron instantáneos: menos críticas, más elogios, respaldo de la gente y una Casa Blanca que pronto buscó capitalizar el primer gran discurso del mandatario para enterrar el tumultuoso inicio de su gobierno.

En su primer mensaje ante ambas cámaras del Congreso, Trump fue otro. Afuera quedaron insultos, confrontaciones y visiones distópicas, desterrados por un tono medido, sobrio, y un llamado a renovar "el espíritu norteamericano" y a dejar atrás "peleas triviales".

Pero, aunque Trump sorprendió con una nueva faceta, la agenda que ofreció en su discurso fue la misma de siempre, con matices nuevos.

"Estaba contenido, controlado y parecía tener dominio del momento. Pero gran parte de la sustancia no es tan diferente de lo que hemos escuchado", resumió Julian Zelizer, historiador y profesor de la Universidad de Princeton.

La gran mayoría del país respaldó el nuevo tono. Dos encuestas, una de la cadena CBS y otra de CNN, señalaron que el 76% y el 78% de los norteamericanos, respectivamente, aprobaron el mensaje.

Los republicanos se encolumnaron detrás de su presidente. Y la Casa Blanca postergó la presentación de un nuevo decreto migratorio, que reemplazará la llamada "prohibición musulmana", para estirar el primer instante de buena prensa de la joven presidencia.

Para aprovechar el momento, el vicepresidente Mike Pence se paseó ayer por todos los canales de televisión, y junto con Trump tenían previsto salir de Washington a fines de esta semana para promocionar su agenda.

"No podría ser más optimista sobre la oportunidad para movernos hacia adelante con la agenda", vaticinó Pence en una entrevista.

Trump omitió sellos urticantes de sus discursos anteriores, como el mantra "Estados Unidos primero" o el mote de "carnicería norteamericana" para describir las últimas décadas. Reiteró su plan de construir un muro en la frontera con México, pero, esta vez, no dijo que México lo pagará.

Trump no abandonó el uso de frases engañosas o su perfil de "mano dura", pero matizó su tono divisivo, cambió su corbata roja chillona por una azul a rayas, más sobria, se abotonó el saco y renunció a su impulso a improvisar: nunca se alejó del discurso que preparó junto con sus colaboradores, que repasó por última vez camino al Capitolio.

Con su mensaje, Trump buscó acallar las críticas que signaron sus primeras semanas en la Casa Blanca y relanzar su gobierno. Y lo logró. Pulido, elocuente y serio, el presidente repasó promesas cumplidas, condenó crímenes de odio -algo que no había hecho- y abogó por la paz. Pero volvió a vincular a la inmigración con el crimen, aun cuando las estadísticas muestran que la tasa de criminalidad entre los inmigrantes es inferior a la que existe entre los nativos.

Además, propuso una inmigración "basada en el mérito" y desistió de ofrecer un alivio para los 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en el país, algo en lo que se había especulado.

Trump reiteró que reemplazará el Obamacare, la reforma de salud de Barack Obama; convocó a reconstruir la infraestructura del país, y llamó a recortar impuestos a empresas y familias de clase media.

Los republicanos ovacionaron el discurso, pero los demócratas reaccionaron con menos entusiasmo. Muchas legisladoras demócratas vistieron de blanco en una señal de resistencia y en homenaje al movimiento feminista del país, y la senadora Elizabeth Warren lució un moño azul, el símbolo de apoyo a la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), líder de la resistencia a Trump en la justicia.

"Sus discursos siempre están separados de la realidad", reaccionó el líder demócrata en el Senado, Chuck Schummer, en una entrevista con la cadena ABC. "El discurso se va a ir, pero sus acciones permanecerán. Y su gobierno lo que hace es de extrema derecha. Las acciones hablan más que las palabras", fustigó.

Pero, aun entre los demócratas, hubo también reacciones conciliatorias, sobre todo respecto de una propuesta presidencial: invertir un trillón de dólares en infraestructura. "Si presenta un programa significativo, lo vamos a estudiar y veremos", dijo el congresista Keith Ellison, vinculado al ala del senador socialista Bernie Sanders y recientemente nombrado número dos del partido.

Ann Coulter, una popular comentarista de derecha que es seguidora de Trump desde el primer minuto, no ahorró en elogios: "El mejor discurso que jamás escuché en Washington", afirmó en su cuenta en Twitter.

Faiz Shakir, uno de los directores de ACLU, ofreció otra mirada: "Escuchamos más palabrería vacía del presidente Trump, completamente divorciado de la realidad dañina que ha infligido en las comunidades más vulnerables de Estados Unidos".

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