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Luces, palabras y telas para un gran bailaor

Hugo Beccacece

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PARA LA NACION
Domingo 05 de marzo de 2017
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Una exposición imperdible para los que aman el baile español. El Centro Cultural Borges le dedica hasta el 17 de marzo una muestra a los trajes utilizados en más de medio siglo por la familia Pericet, la de más fama y prestigio en la danza española de la segunda mitad del siglo XX. Un tesoro histórico del vestuario teatral y, a la vez, un tesoro de la memoria para quienes los vimos bailar.

"Soy bailarín, bailador y bailaor", decía Ángel Pericet, cabeza de la compañía que integraba con sus cinco hermanos, Concepción (la mayor), Eloy, Carmelita, Amparo y Luisa, aunque esta última se dedicó a la enseñanza más que al escenario. Ángel se explicaba: era bailarín porque había debido estudiar baile clásico para dominar la escuela bolera de la danza española, que se remonta al siglo XVIII; era bailador porque podía interpretar cualquier baile tradicional de cualquier región de España y era bailaor porque también cultivaba el flamenco. Sin duda nadie estaba en condiciones de disputarles a los Pericet el cetro de la escuela bolera, ya que habían heredado todo el saber y los secretos del padre y, sobre todo del abuelo, Ángel Pericet Carmona (1877-1946).

Ángel Pericet debutó en la Argentina en 1949 en el teatro Avenida, donde se despidió de las tablas el 5 de mayo de 2005. Su hermana Luisa abrió en 1952 una escuela de danza española en Buenos Aires y aún hoy sigue enseñando. El resto de la familia siguió el rumbo de Ángel en el escenario. Las temporadas de la compañía en la Argentina tuvieron siempre un gran éxito. Los otros grupos de baile español que llegaban al país no alcanzaban el refinamiento de los Pericet en todos los detalles. Ángel hizo en 1969 para el teatro Colón la coreografía de La vida breve y de El sombrero de tres picos de Manuel de Falla y los números bailables de Doña Francisquita.

El vestuario era uno de los aspectos más cuidados en los espectáculos de los Pericet, tal como se puede apreciar en el Centro Borges. Chaquetillas de torero, mantones, batas de cola, capas, pedrería, trencillas doradas, canutillos se suceden en la sala del Borges. En cada maniquí, hay un despliegue de lujo y diseño en las telas (terciopelos, encajes, sedas) y en los bordados de canutillos, lentejuelas, azabache y pasamanería que revela hasta qué punto Ángel había asimilado el legado de los Ballets Russes, de los que él sólo alcanzó a tener noticia. Diaghilev murió en 1929, poco después del nacimiento de Ángel.

Entre las numerosas piezas en exhibición, hay un traje de maja diseñado para la versión de La maja y eltorero, que los Pericet ofrecieron en el teatro Marinski de San Petersburgo en 1990. Es de una seda de color rosa viejo y está inspirado en un diseño antiguo, creado en el siglo XIX para la bailarina Fanny Elssler. Otra prenda histórica es la chaquetilla de picador, del siglo XIX, de terciopelo rojo, con bordados y pasamanería dorados, adquirida por Ángel en el local de un anticuario porteño, que lució en el estreno de Capricho español. Del mismo tipo es una torera, de seda roja y bordada en pequeñas esferas negras de azabache, no más grandes que el caviar.

Los bordados en hilos de seda o en canutillos en los ruedos de los trajes regionales merecen que uno se detenga a contemplar sólo ese detalle. La combinación de los colores y de las texturas es inesperada por la modernidad, la sutileza y la calidad de la realización. Es la obra de una artesana de primerísimo nivel, pero sobre todo de una gran colorista. Hacia el fondo de la sala, hay dos grandes dibujos del poeta Rafael Alberti que cuelgan del techo. En los dos, se ve la silueta de un bailarín detenido en el aire en la mitad de su salto; por supuesto es Ángel Pericet. En letra bien grande, Alberti escribió en uno: "Para Ángel, junco y aire de España"; y en el otro: "Para A. P., ángel y aire de España". En una sala aparte, como si fuera entre bambalinas, hay baúles de una imaginaria compañía en gira, una silla y frente a ella una pantalla que pasa una y otra vez actuaciones de los Pericet en distintas épocas. En algunos casos, con las mismas vestimentas en exhibición.

El junco de España, como lo llamaba Alberti, murió en Madrid en 2011, pero sus restos descansan en la Argentina, junto a los de sus padres.

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