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Convencer a quienes no aman ni odian

Diego Sehinkman

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PARA LA NACION@diegosehinkman
Domingo 05 de marzo de 2017
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Durán Barba contó alguna vez un ejercicio que se practicaba en los focus groups para saber cómo eran visualizados los candidatos presidenciales. Consistía en mencionarle a alguien el nombre de un político y pedirle que lo asocie a un animal. Daniel Scioli era imaginado como un conejo. Amigable e inofensivo. ¿Y Macri? El consultor contestó: "Macri siempre fue león o perro. Perro grande, porque eso simbólicamente significa que es un tipo que no pasa desapercibido, es muy inteligente, hace muchas cosas y si está bien domesticado puede ser una maravilla. Pero si no lo está puede ser un peligro espantoso. Los que creen que es un buen perro están fascinados, y los que creen que no, le tienen pánico y odio".

¿Cuál fue el gran logro de Durán Barba? Con años de trabajo logró mostrarlo como un político con autoridad, pero amigable, previsible y cercano a la gente. Pero los recientes conflictos de intereses fueron una catástrofe para este proceso de domesticación. Como en El llamado de la Selva de Jack London, donde el protagonista de la novela es Buck, un perro enorme y manso que un día es secuestrado por buscadores de oro y su instinto salvaje se despierta cuando lo atan a un trineo, a Macri los genes de lobo se le habrían despertado cuando lo ataron. ¿A un trineo? No, a un correo.

El honestismo -la preocupación por la corrupción- es una planta que crece en la seca. Cuantos menos brotes verdes ofrezca la economía, más florece. Lo vivió el kirchnerismo, que mientras los niveles de consumo fueron altos gozó de una mirada piadosa de gran parte de la sociedad y luego fue condenado en las urnas cuando llegó la estanflación. Hoy, una parte del electorado no elegirá jamás a Macri, ni aunque expropie a Franco como hizo Fidel Castro con la maderera de Ángel Castro, su rico progenitor. Otra parte lo apoyará sí o sí, porque ve en él al único capaz de garantizar que Cristina no vuelva. Macri se juega el partido en el último tercio, en aquellos que no aman ni odian. A esos votantes tiene que convencer de que Buck fue un accidente. En la última conferencia de prensa en Casa Rosada, interrogado sobre la conflictiva relación entre Franco y Lilita Carrió, Mauricio dejó caer una frase: "No es fácil. Yo estoy en el medio de los dos". En lo literal tiene razón: él trata de mediar. Pero la declaración es más profunda: él todavía está entre los dos.

Recostado sobre el diván del analista y después de años de trabajo, Macri dio muerte simbólica a su padre. Está por verse si, sentado en el sillón de Rivadavia, se anima a dar muerte al mecanismo por el cual los empresarios como su padre hicieron negocios con el Estado. Una cosa es matar al padre. Y otra, a la patria contratista.

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