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Una mujer que puede ser miles

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LA NACION
Viernes 03 de marzo de 2017
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Nenina / Libro: Olga Viglieca, Iván Moschner y Luciana Morcillo / Dirección: Iván Moschner / Intérpretes: Ana Tula, Carla López, Carolina Maldonado, Flor Zothner Ciatti, Luciana Morcillo, Mara Daglio, María Florencia Cristaldo, Mariel Noguera, Mirna Doldán Rodríguez, Natalia Pascale, Natalia Santillán, Olga Stella, Romina Incarbone, Sara Córdoba y Silvia Strasser / Asistencia: Juan Santiago / Sala: Belisario Club Cultural, Corrientes 1624 / Funciones: sábados, a las 22.30 / Duración: 40 minutos / Nuestra opinión: buena.

Algo de obra abierta aparece en esta propuesta. Es que Nenina se pensó originalmente como un unipersonal escrito por el director y autor Iván Moschner junto a Olga Viglieca y Luciana Morcillo, quien además llevaba adelante la interpretación. Pero, cosas del arte que busca su expansión, Moschner, y a través de una convocatoria abierta en las redes sociales, impulsó la participación de cuanta mujer actriz quiera sumarse al proyecto y entonces Nenina se convirtió en una obra con coro, una obra con roles que rotan, con mujeres que intervienen, que hablan, que increpan. A esto se suma que las actrices pueden hacer sus propias versiones de la obra en unipersonales montados donde ellas quieran. De esta forma, la obra se atomiza por todos lados y su función termina excediendo el límite artístico y estético para transformarse en un mensaje, una reflexión, una parte de la historia que puede (y debe) ser contada para no ser olvidada.

Nenina es Romina Tejerina. Su hecho se hizo público, allá por 2003, cuando luego de ser violada se convirtió en madre y mató a su beba. Ella cumplió su condena y hoy se encuentra en libertad, pero su caso caló hondo, generó incansables debates y aquí es traído como modo de reflexión sobre la violencia que se ejerce sobre la mujer. La obra es corta, contundente, emotiva y deliberadamente política. Arroja reflexiones, cuestiona, interpela a la platea y casi que la mueve a la acción. La mujer que habla le habla a través de un video a Romina que se encuentra presa. Mil grullas le promete hacer esta mujer -que puede ser miles, un sujeto social que va rotando entre las diferentes actrices- para que se cumpla el deseo y Romina finalmente quede libre. La acompaña en el dolor, la defiende, la entiende. La mujer que se multiplica por momentos es una joven con los deseos a flor de piel, en otros se viste de mujer adulta, más segura de sí misma, pero más desencantada. Son muchas, pueden ser todas. Claramente, la búsqueda excede lo teatral. Aunque algunos procedimientos escénicos acompañan -como música, luces, movimientos en masa casi coreografiados-, aquí el acento está en lo que se dice. La obra se convierte en una representación ideológica de algo que debe ser contado a una sociedad que debe escucharlo. Y entonces su función muta a lo largo del tiempo: no es lo mismo esta obra en 2009 cuando Tejerina se encontraba en prisión que ahora ya libre, pero con números de femicidios que aumentan día a día.

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