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Chubut: tres excursiones para explorar el Golfo Nuevo

Desde Puerto Madryn, tres de los mejores paseos para aproximarse a la rica fauna local en lancha, 4x4 o con patas de rana

Foto: Turismo de Puerto Madryn
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LA NACION
Domingo 05 de marzo de 2017
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Antes de alcanzar la pista de aterrizaje, el avión surfea un par de nubes y, debajo, aparece el Golfo Nuevo, con la ciudad de Puerto Madryn , la villa de Puerto Pirámides, Punta Pardelas, la playa El Doradillo y el área natural protegida de Punta Loma.

Al sobrevolar Madryn, se destacan las construcciones bajas y dos muelles. Con los pies en la tierra, sorprende el ancho de sus playas debido al régimen de mareas característico de la zona: se dan dos pleamares al día, cada doce horas. Cuando el mar se retira, deja más de 200 metros de disfrute.

La rambla, que bordea esta parte del Golfo Nuevo, es donde transcurre la vida de los madrynenses durante el verano. Por la mañana, algunos la aprovechan para caminar o correr. La ciudad todavía no despierta y las playas permanecen prácticamente desoladas. El mar está calmo y el viento recién se despereza.

Por la tarde, vendedores ambulantes, masajistas, kayaks y botes que ofrecen actividades acuáticas copan la costa para captar turistas, incluidos aquellos de los cruceros que atracan dos o tres veces por semana en el muelle Piedrabuena.

Las altas temperaturas de verano, que pueden alcanzar los 43°, son el incentivo para disfrutar de tardes de sol y chapuzones. Si bien el agua no es apta para friolentos, durante enero, febrero y marzo puede llegar a los 18°. "La temperatura del agua es similar a la de Mar del Plata", dice Cecilia Pavia, una madrynense por adopción.

Clases de zumba, kayak, stand-up, yoga, canchitas de tenis improvisadas en la arena, vendedores de medialunas y churros, son parte del paisaje. Cada una de las nueve bajadas del centro ofrecen su propio servicio de sillas, carpas y sombrillas y menús con infinitas opciones para almorzar o cenar. Desde las tradicionales vieyras a la provenzal hasta la clásica hamburguesa con papas fritas, a sólo unos metros del agua. También, cerveza artesanal bien helada de alguna de las más de 20 marcas que se producen en la provincia, como Choique, Wynt y Artesana. Bistró del Mar (bajada 1) y Yoaquina (bajada 3) son restaurantes apostados sobre la arena, muy cálidos y con precios razonables, dos buenas opciones para escapar un rato del sol.

El centro de la ciudad es un paseo agradable para las tardes de verano. La feria de artesanos en la plaza General San Martín es una parada casi obligada, con más de ochenta puestos, dulces con frutos de la zona, tortas galesas, bijouterie en alpaca y más. En días de lluvia, otra opción es visitar el centro comercial Portal de Madryn (Avenida Roca y 28 de Julio), un pequeño espacio que reúne algunas marcas locales y nacionales. Pero si el clima acompaña, Madryn es sin duda un gran punto de partida para salir al encuentro de la naturaleza.

Nadar con lobos

"¿Listos para la aventura?", dice la recepcionista de la agencia. Es quien se encarga de medir o adivinar y hacer entrar -con un poco de fuerza- cada cuerpo de los turistas en los trajes de neoprene. El clima es prometedor: sol, matizado por un mar de nubes y viento tímido, el marco perfecto para un día en el agua.

Foto: Turismo de Puerto Madryn

Nos disponemos a cruzar los 100 metros que nos separan de la lancha. La caminata se hace difícil con los trajes: la piel estrangulada por el neoprene y los pies -única parte libre de nuestro cuerpo- luchando contra el peso de la arena. Con el motor encendido, emprendemos el recorrido de 40 minutos hasta Punta Loma, hogar de las familias de lobos que visitaremos.

La lancha choca con brutalidad cada ola que se interpone en el camino y una familia ubicada en la parte trasera termina empapada. El mar ya no parece tan calmo como desde la costa.

El motor se apaga y el bote comienza a balancearse al ritmo del agua. "Papá, ya no quiero subirme al Zamba", dice una nena de 12 años llevándose una mano a la boca. El vals de la embarcación al ritmo de las olas contrae varios estómagos.

Antiparras, pata de ranas, y al agua. El mar comienza a colarse por las costuras del traje y el frío se vuelve paralizante. "Agárrense del flotador y relájense", dice uno de los guías mientras comienza a arrastrarnos hacia la zona de los lobos. Distenderse es una misión imposible: el mar está furioso e intenta tragarnos con cada ola.

Luego de unos minutos, cansada del apelotonamiento con el resto de mis compañeros de flotador, decido soltarme y dominar -a patadas y sacudones- las patas de ranas. A partir de ese momento, la excursión comienza a tomar sentido y se transforma en una verdadera experiencia.

"Grupo, miren a su izquierda", una manada de cuatro lobos marinos nada y da vueltas a un metro de distancia. Con las antiparras al ras del agua veo cómo uno de los animales deambula entre mis piernas y cómo otro se sumerge en las profundidades del océano y desaparece. "Si quieren jugar, ellos deberán poner las reglas del juego", dice Marcos, mientras congela algunas fotos con su cámara acuática.

Los cachorros se aprovechan de nuestros temores y se acercan cada vez más. Yo me adelanto y sumerjo mi snorkel. Hay uno a mi lado, lo miro y me mira. Tuerce la cabeza como si tratara de entender qué criatura es la que tiene ante sus ojos. Estiro mi mano para intentar tocarlo. Se asusta y, con un giro rápido, desaparece. Saco mi cabeza a la superficie, me desajusto las antiparras y doy por terminada mi aventura.

Luego de 45 minutos flotando en mar abierto, con varios abandonos por cansancio y malestar, nos disponemos a volver a la lancha. En el camino de regreso, el barco -y su conductor- se comportan igual que en el de ida: azotan con brusquedad cada ola que se les cruza. Para no marearme, cierro los ojos e intento transportarme a un lugar más calmo.

Pirámides y Pardelas

En el Golfo Nuevo, durante el verano, las postales de ballenas son reemplazadas por las de pingüinos, lobos marinos y delfines a sólo un par de kilómetros de Puerto Madryn.

El paseo comienza en la ruta provincial N°2, hacia el norte. El contacto con los animales se vuelve inevitable. Los caminos, de una vegetación árida y baja, alojan miles de ejemplares que pueden ser vistos desde la ventanilla de cualquier vehículo. Guanacos, chulengos, choiques, lechuzas vizcacheras son especies que habitan la zona y la aparición de alguna de ellas al costado del camino amerita bajar la marcha, sacar un par de fotos y escuchar con atención las explicaciones del guía en caso de ir con una excursión o consultar la folletería que se entrega al ingresar en la zona protegida de Península Valdés .

Foto: Turismo de Puerto Madryn

Puerto Pirámides , a 100 kilómetros de Puerto Madryn, es uno de los lugares más visitados por los turistas en temporada de ballenas de junio a diciembre y uno de los más concurridos por los locales en verano: muchos adolescentes de la zona llegan a este lugar para vivir sus primeras vacaciones entre amigos. Algunos eligen el camping municipal y otros las posadas que se distribuyen a lo largo de las tres cuadras del centro.

Este pueblito ha resistido al paso del tiempo. En algún momento funcionó como vía de salida a la producción salinera que provenía del centro de la Península. Luego de la aparición de los frigoríficos, Pirámides fue dejada en el olvido hasta que un grupo de pioneros vio un futuro prometedor en las ballenas que llegaban a la zona para aparearse o dar a luz a sus crías. En 1973, con nada más que 80 habitantes, el pueblo comenzó a desarrollar sus primeras actividades náuticas.

"Un poco de ballenas, otro de zucundún y una pizca de Bob Marley son los ingredientes de Puerto Pirámides", así lo describe Nani, una de las guías de Argentina Vision, empresa que ofrece excursiones por Pirámides.

La calle principal, donde están la municipalidad y los locales más concurridos, desemboca directamente en el mar. La playa del pueblo, enmarcada por tamariscos y médanos, tiene cerca de 300 metros de ancho y es una de las más recomendadas por los conocedores de la bahía. Por encontrarse abrazado por la tierra, el mar parece una verdadera pileta natural. Alquiler de kayaks, tablas para practicar el stand-up, salidas de buceo, paseos náuticos o simplemente disfrutar del sol con sombrillas o carpas son algunas de las opciones que se pueden encontrar a lo largo de los kilómetros de arena.

Si bien las lluvias no son recurrentes 200 milímetros al año, este pueblo es encantador hasta con un clima poco alentador. Sus casitas de colores parecen barnizadas por las gotas y los cafés se ven muy acogedores desde sus calles empinadas. Como El Viento Viene, el Viento se Va, que guarda entre sus paredes una linda historia de dos hermanas que transformaron un galpón de cosas abandonadas en un bar de diseño: enormes tazones de café con leche, submarinos servidos en las tazas de la abuela, tortas recién horneadas, mesas y sillas de diferentes formas y tamaños. "El viento viene y nos trae, nos toca, nos invade, nos llena de cosas que fue recolectando en su recorrido. El viento se va, llevándonos por todos lados a través de un sabor, de una mirada, de un momento", se puede leer en el menú.

Punta Pardelas es la hermana siamesa de Puerto Pirámides. A sólo 15 kilómetros, un lugar privilegiado para los amantes del buceo deportivo, la pesca y el snorkeling. Este sitio es especial para disfrutar de una tarde tranquila, observar el atardecer y con un poco de suerte ver, desde sus acantilados, algunos lobos marinos jugando en el agua.

Se puede llegar en auto por camino de ripio o también, para aquellos que disfrutan de la aventura, salir en kayak desde Pirámides.

En la punta este de Pardelas, se extiende una playa de canto rodado con ese mismo nombre. Este sitio es uno de los únicos de la zona en donde se permite acampar y muchos turistas aprovechan para estacionar allí su motorhome. "La zona es muy elegida por los europeos porque el contacto con la naturaleza es muy puro", dicen en una de las empresas que ofrecen la excursión en kayak. Al agua cristalina se le suman grandes médanos en los que están prohibidos los cuatriciclos.

Punta Loma, Cerro Avanzado

Al tomar la arteria principal de Madryn en dirección sur por el Bv. Almirante Guillermo Brown se recorre toda la costa de playas hasta llegar a Punta Loma, una reserva natural y el hogar de miles de lobos marinos, a 17 kilómetros del centro.

Playa Paraná y Cerro Avanzado son dos paradas que valen la pena. Esta última ofrece una de las postales más bellas de Madryn. El mar, de un turquesa profundo, salpica el paisaje de fondo con bardas, formación sedimentaria de millones de años, último escalón de la meseta patagónica. Este lugar es uno de los elegidos por los locales para practicar pesca deportiva desde la costa. Pez gallo, pejerrey y róbalo son algunas de las especies que se encuentran en este lado del golfo. Los mariscos, en cambio, se extraen en el Golfo San José.

"Hace 10 años que me vine de Ramos Mejía y ni loco vuelvo. Acá es todo tan tranquilo?", dice Martín, de 22 años, que trabaja como guía en excursiones por la zona. Con su defender 4x4 se encarga de surfear las dunas que separan las playas céntricas de las más inhóspitas. "Tengo el mejor trabajo del mundo", afirma con seguridad.

Al retomar el recorrido, la ruta provincial N°5 nos conduce por los 3 kilómetros hasta Punta Loma, el único apostadero permanente de lobos marinos de un solo pelo. Los 600 ejemplares de la reserva conviven con otras especies como el cormorán de cuello negro y los gaviotines, en un entorno rodeado de acantilados de mediana altura.

El 26% de la población de lobos marinos se encuentra en nuestro país; el resto se divide entre Chile, Ecuador, Colombia y Panamá. El tamaño de los machos puede alcanzar los 3,50 metros y las hembras no superan los 2,50. Las crías, nacidas en noviembre, buscan la tranquilidad en la costa mientras las madres esperan a que los machos regresen para iniciar una nueva etapa de apareamiento. "Llévese recuerdos sin dejar signos de su presencia" es la consigna que puede leerse en uno de los carteles de la lobería.

Foto: Turismo de Puerto Madryn

Punta Ninfas es la última parada y el lugar en donde termina la ruta provincial N°5 del sur del Golfo Nuevo. A 60 kilómetros de la ciudad de Madryn, este lugar es elegido por los pingüinos de Magallanes para construir sus cuevas y criar a los pichones. La reserva El Pedral alberga a más de 1300 parejas de animales que llegan a principios de septiembre y permanecen hasta los primeros días de abril. Durante ese período, los padres se encargan de alimentar a sus crías para luego migrar hacia Brasil.

Esta reserva se encuentra dentro de una estancia privada. El casco data de principios del siglo XX y todos los materiales utilizados para su construcción fueron traídos en barco directamente de Europa. El lugar ofrece dos tipos de servicios: un día de campo con almuerzo incluido y visita a la pingüinera o un día con pernocte incluido, en el mismo casco antiguo.

Foto: Turismo de Puerto Madryn

El contacto directo con la fauna del lugar, las medidas de cuidado y protección de cada uno de los ecosistemas, las maravillas naturales que se ocultan en cada rincón de su territorio, el importante rol que tiene la naturaleza para el desarrollo de cada localidad, son sólo algunos de los argumentos para volver a este golfo.

Datos útiles

Cómo llegar

Andes Líneas Aéreas (la única aerolínea que llega al aeropuerto de Puerto Madryn). De lunes a viernes, desde Aeroparque, por $ 3595 ida y vuelta final. www.andesonline.com

Dónde dormir

Hotel Dazzler (Bv. Almirante Guillermo Brown 637) . Habitación doble con desayuno incluido a partir de $ 2000 . www.dazzlerhoteles.com

Dónde comer

Parador Yoaquina (Bv. Almte. Brown 1050, Puerto Madryn). Menú ejecutivo con bebida y postre a partir de $ 380.

Parador Bistró del Mar (Bv. Almte. Brown 860, Puerto Madryn). Menú ejecutivo con bebida y postre a partir de $ 380.

Restaurante En Mis Fuegos (Av. Gales 32, Puerto Madryn). Menú de 4 pasos por $ 400. Chef: Gustavo Rapretti.

Excursiones

Península Valdés: El ingreso al área natural protegida cuesta $ 180 para residentes nacionales, y $ 90 para menores de 6 a 11 años y jubilados. Los menores de 5 años no pagan.

Master Drivers (Bv. Brown 1306, Bajada 4, Puerto Madryn). Excursión: snorkeling con lobos marinos. Incluye el equipo de snorkeling, traje de neoprene y la navegación hasta Punta Loma. Duración dos horas, apartir de $ 2200 por persona. www.masterdivers.com.ar

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