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"Si alguien no se ríe, es peligroso"

Sus primeros fracasos sobre el escenario inspiraron al comediante Pete Holmes para crear la serie Crashing; humanista, optimista y muy religioso, ofrece su mirada crítica en la era Trump

Domingo 05 de marzo de 2017
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PARA LA NACION
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El muchacho, alto y lánguido, con sonrisa tímida y medio patética, se sube al escenario y comienza su rutina de stand up. Inmediatamente, y sin darle oportunidad, el público comienza a abuchearlo y pedirle, no, a exigirle que se baje y que suba el comediante principal. El muchacho,llamado Pete, baja y se va al Cuarto Verde, el camarín colectivo, donde mastica su bronca y suma otra noche más de fracaso.

Pete es Pete Holmes y la rutina de subir al escenario y fracasar no una, sino varias veces, es el tema que eligió para su primera serie de televisión como protagonista y creador, que estrenó HBO el 20 de febrero, a las 00:30. Crashing lo tiene a Holmes como una proto versión de sí mismo, antes de ser famoso, millonario y. protagonista de una serie de HBO. El título en inglés tiene doble sentido. Por un lado, alude a chocar contra algo, en este caso Pete se golpea duramente contra la vida. Al comenzar la serie descubre a su mujer en la cama con un amigo y el hecho deviene en divorcio. Y, por otro lado, crashing se usa para caerle a alguien e instalarse en su casa, algo que Pete hace al quedarse sin hogar y pedir ayuda a sus comediantes amigos, entre los que se encuentra T. J. Miller (el barman de Deadpool) y Sarah Silverman, la lengua karateka de la comedia norteamericana.

Crashing está producida por Judd Apatow, el guionista y director de nuevos clásicos de la comedia como Virgen a los 40 y Ligeramente embarazada, pero que comenzó su carrera como comediante de stand up y después productor de especiales para Ben Stiller, Jim Carrey y una larga lista. Apatow, quien viera en Lena Dunham el potencial para producirle Girls, hace lo mismo con Holmes, un comediante nacido cerca de Chicago que hizo su carrera en Nueva York.

Después de recorrer la escena neoyorquina, Holmes se mudó a Los Ángeles, donde fue guionista de varios shows de Comedy Central y fue sensación en la web con su parodia de Batman para el sitio College Humor. También fue invitado por Jimmy Fallon, hizo voces para dibujos animados y publicó sus chistes en The New Yorker. Su estilo no es político ni social, y no utiliza malas palabras. Cristiano evangélico confeso, el comediante es una rara avis dentro de la escena que siempre busca el impacto. Él, por el contrario, se enfoca en un stand up más de situaciones y disquisiciones de relaciones familiares y amistosas. Se diría que es un comediante humanista y sumamente optimista.

En la presentación de la serie en Pasadena, California, Holmes cuenta sobre las diferencias entre su alter ego de la pantalla y el de la vida real, la intención de revelar secretos de los comediantes y se juega sobre el status de la comedia en la era Trump.

Una serie semiautobiográfica sobre un comediante es algo común. Seinfeld es un clásico y aparecieron Louis CK y Aziz Ansari con formatos similares. ¿Qué tiene Crashing de diferente?

Tanto a Judd como a mí nos encantan esos programas. Es emocionante pensar en un show que sobrevive durante 10 años como Seinfeld o como los otros que, de la noche a la mañana, se transforman en un éxito inesperado. Nos da una oportunidad para soñar e imaginarnos qué puede pasar. En el caso de Louie, su programa es sobre su propia familia y la comicidad le permite hacer catarsis sobre eso. Crashing es más sobre el contexto: intentar realizar algo poco común en Nueva York y luchar una y otra vez para lograrlo hasta encontrar tu lugar. Amo las historias sobre los orígenes de los superhéroes. Quiero saber por qué Bruce Wayne se viste de Batman más que verlo pegarle a un tipo. Louie es Batman, nosotros somos La Mujer Maravilla.

¿Cuánto hay de tu personalidad de la vida real y de los otros comediantes en la serie?

Te diría que todos los invitados hacen de ellos mismos, la única persona que involucionó para el show soy yo, porque es mi versión 2007 que, dicho sea de paso, a nadie le interesaba. Pero cuando hablo con Sarah Silverman o T. J. Miller son ellos mismos, y buscamos la dinámica de cuando estás con alguien famoso: vos sos el desconocido que está al lado y nadie le da bola.

¿Elegiste tu versión 2007 por algo en especial?

En la comedia hay un umbral muy interesante, en realidad se extiende a todos, creo, que es cuando estás en la búsqueda de vos mismo y tu sueño pero tenés un pie en tu mundo cómodo, sin arriesgar. Se necesita una crisis, en este caso un divorcio o algo, para que te despiertes y finalmente te tires a la pileta. Y ese fue el momento en mi vida donde, si bien estaba haciendo stand up, era muy joven y no tenía mucha idea de lo que quería y lo que me apasionaba.

¿Cómo fue tu experiencia personal en esos años?

Hubo un período de cinco años donde yo abría para Bill Burr y él me decía: "Son cinco años de fracaso", porque no hay forma diplomática de llamarlo. Te va mal por cinco años y esos años son de esfuerzo para lograr algo en el mundo de la comedia, del Micrófono Abierto. Tenés que llevar tu propio público o repartir volantes, algo que exploramos en la serie, a cambio de tiempo en el escenario. Esos momentos de lucha de un comediante nunca han sido mostrados en una serie. La mayoría empieza con el protagonista ya exitoso porque esa parte ya está cubierta. Les permite ser graciosos o tener situaciones extraordinarias. Pero Judd y yo queríamos un programa sobre cómo es la vida antes de ganar dinero, el esfuerzo que lleva y cómo es estar en Nueva York, una ciudad que no te quiere ni te necesita.

¿Trabajabas de otra cosa?

Trabajé de mesero en Chicago y en Nueva York uno de mis primeros trabajos fue como "precalentador" en The Daily Show [El talk show de John Stewart]. Para mí Crashing está bueno porque contamos secretos sobre la comedia. En cada episodio hay algo que no se conoce de ese mundo, como el concepto de "precalentador". O los shows para empresas o cruceros que son changas que tomamos antes de convertirnos en Seinfeld o Louie.

Hay escenas donde hacés stand up. ¿Cómo se maneja a los extras para que reaccionen?

El público es muy diferente a los extras interpretando al público. Es una de las experiencias más extrañas que tuve como actor. Hago stand up para un público falso. Cuando estoy arriba de un escenario real siempre hay interacción. ¿Cómo estás?, ¿cómo te llamas? Los extras no pueden hablar. Si pregunto ¿de dónde sos? y decís Dallas, la producción te tiene que pagar cientos de dólares.

Lo trágico de hacer comedia es que estás en un cuarto exponiéndote y la gente quizá ni responda. Eso debe doler.

Duele. Por eso los comediantes abandonan o se dedican a otra cosa. Porque el stand up hace que sientas el miedo al fracaso todas las noches. Si algo te golpea una noche, vas a mejorar tus reflejos o darte cuenta de que no estabas preparado.

Sos uno de los pocos comediantes religioso y lo decís abiertamente. ¿Ser un cristiano evangélico incide en tu carrera?

Una de las cosas más graciosas es que si decís que sos religioso la gente espera que te comportes de una manera especial. Cuando a la gente le chocan el auto se pone furiosa, pero si pasa en el estacionamiento de la iglesia tenés que estar tranquilo y decir No pasa nada, mejor llamemos al Automóvil Club. Y cuando te subís al auto largás un ¡La puta madre! (risas). Eso es comedia para mí. La gente quiere ser buena, pero la vida insiste en hacértela difícil. Como cristiano me voy a tropezar con más piedras que la gente que es más afín a Oscar Wilde y su filosofía de c'est la vie.

En la serie vemos a comediantes que te reciben en sus casas. ¿Tiene algo que ver con la realidad?

Sí, en la vida real estuve con T.J. Miller y Nick Crowl, que me cuidaron y ayudaron a encontrar trabajo para que pudiera comer. La serie es una exageración de algo que pasó. No importa que trabajo sea el que hacés, pero debe sacar toda tu humanidad, ya sea escritor, músico o arquitecto. Un comediante expone sus pensamientos y quiere que se aprecien, y aún cuando tengas un sueño distinto, yo quiero que la gente se pueda identificar.

Hay un capítulo donde Sarah Silverman tiene en su casa una residencia para comediantes.

Sarah es la persona que más ayuda a sus pares. Es generosa. Sé que algunos chocaron con ella, pero eso es lo divertido: todos somos iguales pero en diez años algunos serán famosos, otros, estrellas y otros estarán quebrados. Pero al principio es como una familia. Si alguien me cuenta sus problemas lo escucho y, como soy un comediante, le digo que probablemente tenga problemas psicológicos.

Pero ¿no es un mundo muy competitivo?

Sí, absolutamente, pero se manifiesta de otras maneras. Los comediantes son muy agresivos consigo mismos. Pero no se tiran en contra de otro comediante, por lo menos en esta generación.

¿Creés que en la era Trump habrá lugar para los comediantes o será difícil competir con la realidad?

Lo sé. ¿Es una época más graciosa o más triste? Creo que hay muchas cosas en juego para ser gracioso. Hay gente que hace periodismo en forma de chiste para decir la verdad y esconderse detrás de eso. Nunca escuchás que estén equivocados con la información que usan para hacer chistes, porque se lo toman en serio. No sé cuál es el efecto, pero es difícil ser gracioso sobre algunas cosas porque podrían terminar en la muerte de todos. ¿Qué pasa si Corea del Norte enloquece y Donald Trump sigue metiéndose contra Meryl Streep? Él tiene tan poca fuerza que ni siquiera puede pensar que es líder si se queda callado: tiene que responderle a todos los que lo critiquen. Pronto habrá situaciones donde deberá estar callado, y pensar y actuar cuando sea necesario. Eso es lo que nos da miedo y es difícil hacer chistes con eso.

¿Cómo se responde a alguien que no tiene sentido del humor?

Ahí viene el temor de todos nosotros. Él no se ríe. Si escuchara esta charla no se reiría. La risa muestra que entendés y te conectás. Si alguien no se ríe y no disfruta interactuar con humanos, es peligroso.

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