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El Jardín Japonés, un espacio de naturaleza que cumple 50 años

Cómo fue mutando este reconocido sitio de Palermo, que hoy recibe 600.000 visitantes al año; el sushi, otra de las atracciones

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PARA LA NACION
Domingo 05 de marzo de 2017
En el Jardín Japonés, los visitantes buscan conectarse con la naturaleza
En el Jardín Japonés, los visitantes buscan conectarse con la naturaleza. Foto: Diego Spivacow/AFV
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No es el complemento de un castillo o un templo como sus pares en Japón, pero puede pregonar ser el más grande de su tipo fuera de ese país. En sus lagos estiman que hay aproximadamente 500 peces koi, que son criados allí y alimentados por 600.000 visitantes al año. Sus elementos remiten a la mitología japonesa, al tiempo que conviven con otros de espíritu porteño: en tres hectáreas del parque Tres de Febrero, el Jardín Japonés de Buenos Aires reúne fauna, flora, cultura y gastronomía nipona y se prepara para celebrar este año su 50º aniversario.

El lugar fue construido por la Asociación Japonesa Argentina en 1967 con motivo de la visita de los entonces príncipes y hoy emperadores de Japón Akihito y Michiko.

Luego fue donado a la municipalidad, pero con el correr de los años perdió su identidad. A mediados de los 80, la Asociación gestionó su recuperación con las autoridades, expandió el jardín y construyó un edificio para dictar cursos y talleres. En 1989 se constituyeron como fundación para darle un marco legal a la actividad y se abrió un limbo de 20 años respecto de la administración del lugar. Recién en 2009 la Legislatura porteña sancionó la ley por la cual se extendió por 20 años el convenio para que la fundación siga haciéndose cargo del jardín.

Kazunori Kosaka, presidente del Jardín Japonés, recibió a LA NACION en el restaurante del lugar, en una comida típica que incluyó sushi - "el mejor de Buenos Aires"- y salmón. Aunque el tiempo afuera parece no acompañar, sostiene que de todos modos el lugar tiene su encanto con lluvia. Kosaka, empresario vinculado a la electrónica de profesión, llegó al jardín en 2001 tras ocupar varios cargos en la colectividad. "Para poder entender esto recorrí todos los jardines japoneses. Los que había en Japón ya los conocía, lo que quería saber era qué había afuera. Recorrí los de Canadá, Estados Unidos, México, Brasil y me contacté con la asociación de consultores de jardines japoneses que está en Estados Unidos", recuerda.

Entre 2005 y 2006 se hicieron trabajos de recuperación y limpieza. Hoy en el lugar trabajan unas 100 personas, de las cuales 15 están abocadas a la jardinería y mantenimiento del predio.

El de Buenos Aires fue adaptado al gusto porteño sin perder la identidad japonesa. Responder al interés local tiene una razón: el Jardín Japonés no recibe fondos de ninguna administración estatal; depende exclusivamente de los ingresos generaran a partir de lo recaudado por la venta de entradas, de las artesanías, los cursos y talleres que se dictan y el restaurante.

Si bien los jardines japoneses en su mayoría no contienen flores, al porteño se le incorporaron rosales y azaleas y se mantuvo la vegetación original del lugar compuesta en su mayoría de eucaliptos, plátanos y tipas. Entre la flora nipona se pueden contabilizar pinos cortos, negros, ciruelos, y su flor nacional, el cerezo (sakura). De estos últimos hay especies de la isla de Okinawa y de la parte continental. Sus flores van del rosa al casi blanco, aparecen en primavera y brindan un espectáculo parecido a una nevada en pleno Palermo. Es tan importante el florecimiento del cerezo entre los japoneses que desde el jardín se encargan de avisar a través de las redes sociales para que los porteños acudan a disfrutar del espectáculo en el Camino de los sakura.

Otro de los eventos más destacados es el Festival del fuego en el mes de agosto. Cada persona escribe en una tablilla de madera todo lo negativo que le haya sucedido para dejarlo ir y todo lo positivo que quieren que llegue a sus vidas. Luego, las tablillas se queman porque el fuego tiene el poder de trasmutar la energía negativa a lo positivo.

Nada está librado al azar en el Jardín Japonés. Como explica su presidente, sus compatriotas son supersticiosos, por ello respetan mucho la mitología, la simbología y sus dioses. Los peces koi son considerados especies fuertes porque nadan contra la corriente para depositar sus huevos. "En Japón es muy común desear que los niños sean tan fuertes como el koi", detalla Kosaka. La caña de bambú representa la rectitud del alma, mientras que los leones, siempre en pareja con uno de los dos con la boca abierta, son protectores y guardianes de los hogares, por eso se los coloca en los arcos. Hay además una torre budista de 13 aleros, uno por cada etapa que el ser humano debe atravesar para alcanzar la vida eterna.

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