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Piazzolla, revisitado por el acordeón de Crabb

Martes 07 de marzo de 2017
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James Crabb / Intérpretes: James Crabb (acordeón), Julián Vat (flauta), César Rago (violín), Marina Arreseygor (violonchelo), Ismael Grossman (guitarra) y Natalia González Figueroa (piano). Teatro: sala de cámara de la Usina del Arte / Función: el sábado / Repertorio: obras de Ástor Piazzolla, César Frank, Jukka Tiensuu, Tomás Gubitsch, John Banister y del folklore escocés / Nuestra opinión: muy bueno

Afortunadamente, la música de Ástor Piazzolla está cada vez más de moda. Y hace tiempo que el tango dejó de ser el único punto de llegada a un repertorio que se mete cómodamente en los programas de todos los estilos. Por otro lado, el acordeón en todas sus variantes es un instrumento constructivamente cercano al bandoneón, más allá de sonoridades que son claramente diferentes. Fue natural que hace años, el francés Richard Galliano se entusiasmara por tocar la música del argentino desde lo popular. Pero desde hace un tiempo hay un escocés formado en Dinamarca que también es un virtuoso de este instrumento en su versión "clásica" (con amplia botonera y con posibilidad de abarcar todas las tonalidades), pero que se siente más seducido por el Piazzolla menos popular, el que escribió pensando en las salas de concierto e incluso para formaciones que no lo incluían a él como intérprete.

James Crabb llegó por primera vez a Buenos Aires para dar comienzo a la Agenda Piazzolla 25 años (el próximo 4 de julio se cumplirá un cuarto de siglo desde su muerte) y ofreció dos conciertos bien distintos: uno con orquesta de cuerdas y percusión con dos obras grandes del marplatense, y otro en el que hizo convivir sus obras con las de autores de otras épocas y estilos.

Frente a la sala de cámara de la Usina repleta, Crabb contó con la muy buena participación de un grupo de músicos argentinos que fueron alternándose. De igual modo armó su lista en la línea que lo caracteriza: mezclando lo clásico/romántico, el folklore de su tierra, las composiciones de Piazzolla y de otros creadores del siglo XX de líneas diferentes y la música del barroco inglés. Y por tratarse el suyo de un instrumento con poca literatura original, lo que ofreció fue una serie de arreglos propios que incluyeron al acordeón en dúos, cuartetos o quintetos, orientados siempre a un sonido camarístico.

Con el flautista Julián Vat hizo dos movimientos -"Café 1930" y "Night Club 1960"- de L'Histoire du Tango. Sumó al violinista César Rago y a la chelista Marina Arreseygor para un curioso "Fantango", entre exótico y contemporáneo, del finlandés Jukka Tiensuu. Compartió una excelente versión del "Preludio, fuga y variación" de César Frank (original para órgano solista), donde se lució la pianista Natalia González Figueroa. Entregó un muy sutil segundo movimiento de la "Tango Suite" de Piazzolla, original para dos guitarras, y "Villa Luro", del también argentino Tomás Gubitsch, con Ismael Grossman completando el dúo. Ofreció el momento más picante del concierto con dos danzas folklóricas escocesas arregladas para acordeón y violín. Y cerró su extenso recital junto a la violonchelista argentina con "Le grand tango", que Piazzolla escribiera para chelo y piano, y dedicara a Mstislav Rostropovich, aquí reformulada con acordeón.

Para el bis volvió a convocar a casi todos sus compañeros y rescató, reinstrumentada para violín, flauta, chelo, flauta y acordeón, una pieza breve del barroco: "A Division on a Ground", del inglés John Banister.

Ricardo Salton

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