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Trabajo doméstico, la base de la brecha de género

Sembrando ideas para una sociedad igualitaria

Miércoles 08 de marzo de 2017
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En la Argentina, la participación de las mujeres en el mercado de trabajo se triplicó en las últimas cinco décadas. En los años sesenta, solo 2 de cada 10 mujeres adultas trabajaban fuera de su hogar, hoy son (casi) 7 de cada 10. Las llamadas millennials ya no tienen como máximo objetivo ser el ama de casa y esposa perfecta al estilo de las clásicas historias de Hollywood, ahora quieren ser exitosas profesionales o, al menos, trabajadoras bien pagas (además de encontrar el amor). Muchas mujeres pueden decir orgullosas "mi marido/mis hijos me ayudan en casa". Y en esa simple y común expresión sigue vigente la idea de que es una tarea que le toca a ella y que es afortunada porque el/los varones del hogar colaboren. Aquí tenemos una de las claves de nuestra época: mientras las mujeres entraron masivamente al mercado laboral, la participación de los varones en las tareas del hogar no se movió al mismo ritmo.

Aún con una ayuda que fue creciendo, la brecha de la participación en el trabajo doméstico sigue siendo alta. Preparar la cena, hacer las compras, limpiar los pisos, lavar y planchar ropa, llevar a los chicos a la escuela o acompañar a la abuela al médico son tareas que realizan las familias cotidianamente. Todas ellas, englobadas bajo el rótulo de trabajo doméstico no remunerado (o trabajo no pago), recaen asimétricamente sobre las mujeres. En la Argentina, 9 de cada 10 mujeres hacen estas labores mientras 4 de cada 10 varones no hace absolutamente ninguna de ellas. Una mujer ocupada full time dedica más tiempo al trabajo doméstico (5,5 horas) que un hombre desempleado (4,1 horas). En términos generales, ellas hacen el 76% de estas tareas no pagas, según el Indec.

Los trabajos no remunerados son fundamentales para el funcionamiento de la economía, pero el modo en que se resuelven hoy profundiza la desigualdad. En las discusiones en torno a cómo resolver esta cuestión el primer eje está puesto en reconocer el trabajo no pago. Es que suele asumirse que estas largas horas limpiando y cuidando son cosas que les corresponden las mujeres por el solo hecho de serlo, y además, que la mujer que no está dispuesta a sacrificar su carrera o profesión por atender su hogar está en falta. Se espera casi exactamente lo contrario de un varón. Redistribuir este trabajo entre varones y mujeres es necesario. También es necesario romper con estereotipos, para ello, extensión de licencias de paternidad (hoy de solo 2 días) y maternidad son claves. Guarderías en lugares de trabajo, tecnologías que permitan reducir estos tiempos son todas formas que apuntan a favorecer una sociedad más igualitaria. Parte de los reclamos del paro internacional de mujeres convocado para hoy apuntan en esta dirección.

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