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Paula Morales, la artista

Su padre es el reconocido periodista Víctor Hugo Morales, pero, a fuerza de carisma, trabajo y talento, supo abrirse su propio camino en el medio y no ser "la hija de"; hoy sorprende con un rol en teatro y con su afición por el arte y la fotografía

Martes 07 de marzo de 2017 • 19:56
Paula Morales, encantadora incluso de entrecasa
Paula Morales, encantadora incluso de entrecasa.
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Es dueña de un encanto del que pareciera no hacerse cargo. Es que elige mostrarse simple, como ajena al impacto luminoso de su sonrisa y una risa que aparecerá varias veces a lo largo de toda la charla.

Fue mamá hace dos años y, a diferencia de cuando nació su primogénito, Benicio, decidió guardarse para poder estar cerca de Valentino, fruto de su amor con Fabián Vena. "Esta vez necesité quedarme en casa y no delegar, quería dedicarme a mi familia el tiempo que sintiera necesario", confiesa. Y cuando empezó a tener la necesidad de reconectarse con su rol de actriz, le llegó la propuesta teatral de protagonizar un texto de Eugene O'Neill adaptado y dirigido por su admirada Dalia Elnecavé. En la obra, a diferencia de lo que le sucede a ella, su personaje transitaba una relación amorosa marcada por la pasión y el sufrimiento. "Nunca podría tener una pareja así porque creo que la constante de un vínculo de amor tiene que ser la felicidad y la alegría", analiza. Después de tres años de relación con el padre de su hijo, revela: "Somos muy contenedores del otro, muy pegados y dependientes en el buen sentido. Las pocas veces que discutimos nos amigamos enseguida, y por lo general el que afloja primero es él". Por estos días, de hecho, comparten escenario en la obra Casa Valentina.

Amante del tiempo libre y el buen vivir, declara que le encanta juntarse con amigas, ir al teatro, salir a comer y dormir hasta tarde: "Necesito estar descansada para estar bien". En sus ratos de ocio le gusta mucho dibujar, un hobby que heredó de su abuela pintora. "Cuando era chica ella me enseñó algunas técnicas, después hice un taller y en alguna época pinté cuadros. Me gusta lo abstracto. Actualmente lo hago con lápices sobre papel; de hecho, todos mis libretos están dibujados y me viene bien porque tengo memoria visual y me ayuda a recordar los textos", cuenta. Otra de sus pasiones desconocidas es la fotografía, un interés que adquirió hace unos cuatro años. "Con mi cámara me gusta retratar instantes o momentos de las personas, y me fascinan los paisajes. Por supuesto que también les saco miles a mis hijos y a las nenas de Fabián".

Se define como muy colgada, desordenada y alegre. "Casi siempre estoy de buen humor y eso me encanta generarlo en mi casa para que mis hijos perciban la alegría de vivir en el aire, que sientan felicidad de estar en su hogar y que reine la buena energía". Y remata: "Me río mucho de mí misma, no me tomo demasiado en serio".

Ping Pong

¿Un plato favorito? Me gustan mucho el pescado, las milanesas y la comida mexicana. Pero si tengo que elegir uno, te digo las milanesas.

¿Tu especialidad en la cocina? Ninguna porque no cocino, no me gusta. Y si estoy sola, me hago un sándwich.

¿Y la especialidad de Fabián? Hace muy buena cocina macrobiótica. Ahora no lo hace tan seguido, pero le sale muy rico.

¿Un permitido? Todo. Tengo la suerte de ser flaca naturalmente y de tener un estómago a prueba de balas, entonces como cualquier cosa.

¿Para una reunión con amigos...? Todos se ríen porque nunca cocino, entonces pedimos sushi, pizza o le digo a Mary, la señora que trabaja en casa, que prepare alguna de las cosas espectaculares que sabe hacer.

¿Un sabor de tu infancia? Los copos de azúcar del Italpark.

¿La cocina de mamá o de papá? La de mamá, porque lo hace muy bien; en cambio, papá no hace nada.

¿Para una noche romántica? Pescado, tal vez sushi y un buen vinito.

¿Tu comida más importante del día? El desayuno. Tomo café con leche, jugo exprimido y como tostadas con queso y mermelada, y a veces una ensalada de frutas.

¿Un postre? La créme brûlée.

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