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Sergio Olguín, entre el crimen, la tragedia griega y el final feliz

El escritor argentino recreó en su nueva novela, 1982, el mito de Fedra sobre el fondo ominoso de la guerra de Malvinas y su famoso personaje Verónica Rosenthal llega a la televisión como miniserie; obsesiones de un autor exitoso

Jueves 09 de marzo de 2017
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LA NACION
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Olguín quiere que el lector "se suba a una montaña rusa"
Olguín quiere que el lector "se suba a una montaña rusa". Foto: Diego Spivacow/AFV

Hace más de veinte años que Sergio Olguín mantiene una obsesión: escribir una versión del mito de Fedra con una vuelta de tuerca. En su historia, la madrastra no es rechazada por el joven hijastro sino todo lo contrario. La naturaleza apasionada de ese vínculo romántico estaba clara de entrada. Lo que el escritor no encontraba era cómo representar a Teseo, el padre y marido traicionado. Hasta que apareció la figura de un militar, de familia castrense y altas aspiraciones, al que por cuestiones de la época le toca pelear en la guerra de Malvinas. Así nació 1982 (Alfaguara), su novena novela, después de No hay amores felices, el tercero de la serie protagonizada por la periodista Verónica Rosenthal.

Mientras espera con cierta ansiedad el estreno de la miniserie basada en La fragilidad de los cuerpos, policial que inauguró la historia de Rosenthal, Olguín (Buenos Aires, 1967) prepara el cuarto título y proyecta escribir otros seis. Además terminó recientemente el guión de una película que dirigirá Luis Ortega: la biografía del asesino serial Carlos Eduardo Robledo Puch.

Olguín define 1982 como una historia de amor. Pero, tal como en algunos de sus libros, no hay un romance convencional ni un final rosa. La pasión que une a Fátima y Pedro, los protagonistas, desata una tragedia que no tiene vuelta atrás. Desde que escribió los cuentos que integran Las griegas (1998), quería abordar el mito de Fedra. Pasó el tiempo, pasaron libros, años de trabajo como periodista cultural (en las revistas El Amante y La mujer de mi vida), llegaron las novelas juveniles (El equipo de los sueños y Springfield) y las infantiles (Cómo cocinar un plato volador y Boris o las mascotas mutantes), los premios (ganó el Tusquets con Oscura monótona sangre) y la inquietante Verónica Rosenthal.

"La pensé como una historia de amor porque quería salir un poco de los policiales que escribí en los últimos tiempos. Aunque es cierto que mis novelas negras tienen un alto componente de historia amorosa", dice Olguín, café por medio, en un bar notable de San Cristóbal. "El punto de partida era establecer cómo podía repercutir el vínculo que se establece entre la madrastra y el hijo de su marido en la vida íntima de esa familia de clase acomodada, de un integrante del Ejército, en plena dictadura militar. Lo que más me interesaba trabajar eran esos vínculos familiares y afectivos en una situación de conflicto tan grave como prohibida".

El libro salió este mes, cuando están por cumplirse 35 años del comienzo de la guerra de Malvinas. Pero Olguín asegura que no eligió ese escenario por el aniversario: "No me interesaba la guerra en sí; la guerra marca el contexto histórico donde se inicia la historia. No es una novela sobre Malvinas, sino que el conflicto es el sonido de fondo de la trama. Lo que me interesaba era indagar qué pasa en la intimidad de un militar de carrera, con una vida respetable pública y privada, cuando se siente engañado. El tipo tiene una violencia latente y un presente oscuro".

A diferencia de otros procesos de trabajo, en los que se larga a escribir sin saber hacia dónde llegará, con el último libro tenía claro desde el principio cómo sería la estructura. "Quería escribir una tragedia, pero no clásica. En general, empiezo a escribir con una idea general y dos o tres personajes. Nada más. En este caso, sabía paso a paso qué iba a ocurrir. No buscaba un final no feliz, pero tampoco quería uno obvio", aclara. No vamos a adelantar aquí ni un poco de lo que les sucede a Fátima y Pedro por animarse a vivir su historia de amor; sólo diremos que el final es amargo, perturbador.

En los tres libros protagonizados por Rosenthal, a la periodista (una mujer joven, soltera, valiente, que maneja su vida laboral y sexual como quiere) también le suceden hechos perturbadores. Ella le pone al cuerpo al trabajo en un sentido literal y se enfrenta a violentos, corruptos y delincuentes. "Yo pretendo que el lector se suba a una montaña rusa y que no se baje hasta el final. Me gustaría que, en el camino, el lector viva un montón de sensaciones distintas. Busco eso: que se sienta atrapado de tal manera que no pueda dejar de leer. En este caso trabajé con ciertas zonas de miedos que todos tenemos. Lo curioso es que yo, como lector, amo los finales felices y odio cuando no lo son. Así que ya me propuse escribir una novela con un final bien arriba."

Advertencia a los fanáticos de Olguín: es poco probable que la novela que escribe ahora, la cuarta parte de la saga Rosenthal, tenga final esperanzador porque esta vez la periodista se enfrentará con empresarios de los medios corruptos. Eso es todo lo que el autor sabe por ahora de su próxima historia. O, al menos, todo lo que adelanta. Tiene planeado escribir diez libros en total y que la protagonista vaya madurando en tiempo real.

Mientras Olguín continúa su serie, Rosenthal cobrará vida por televisión: la adaptación de la primera novela en un programa de ocho capítulos llegará a Canal 13 y a la señal TNT en mayo (la fecha definitiva no está confirmada aún). El escritor vendió los derechos a Pol-ka y Turner, pero no participó de los guiones. Es más: ni siquiera vio la tira terminada, que tendrá en los papeles principales a Eva De Dominici (como Rosenthal), Germán Palacios (como Lucio, el maquinista de tren del que se enamora la periodista) y Juan Manuel Gil Navarro, como el tercero en discordia.

Al parecer, varios de los más de seis mil seguidores de Olguín en Twitter criticaron la elección de la actriz porque se imaginaban una mujer más fuerte y masculina. Pronto se sabrá si el traje de Rosenthal le queda bien o no. Pero no es un tema que preocupe al autor: "Tengo una relación distante con Verónica y eso me permite no sentir piedad por ella".

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