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El peligro es perder contra nadie

Domingo 12 de marzo de 2017
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Madrid

La ausencia de diálogo ya es una marca del sistema político argentino. A principios de siglo Néstor Kirchner, primero, y su esposa, después, construyeron un mecanismo de poder que requería uniformidad y mayorías suficientes para ignorar a quien tuviera criterios diferentes.

Mauricio Macri incluyó en su proyecto de "cambio" la promesa de asumir una cultura del consenso. Para él era una necesidad: al mando de un partido poco más que municipal, atado a una coalición diversa y con minoría en el Congreso, admitía el desafío de reformar una economía desquiciada sin cierta complicidad opositora. Su drama es que no tiene con quién hablar. ¿Quién manda al otro lado del tablero?, le preguntan a menudo a Macri empresarios, inversores y dirigentes extranjeros que habían recibido con buenas expectativas su llegada a la Casa Rosada.

El Presidente los despacha con una expresión de deseos. Sostiene que el peronismo está "aprendiendo": "Me hacen la vida imposible en el día a día, pero cuando levanto un teléfono y les digo que algo es vital se callan y acompañan". Tal vez haya sido así en sus primeros meses al mando. Y algo queda, a juzgar por cómo pudo atenuar el reclamo de la CGT (con el estallido interno que les infligió a los sindicalistas). Pero la verdad es que la acefalía opositora se perpetúa y en el caos se hacen inhallables los peronistas racionales que Macri imagina en sus sueños de un país normal.

En el oficialismo cada vez tienen más claro que la ausencia de líderes sólidos con quienes negociar, acordar o hasta pelearse en condiciones puede empujar al Gobierno a una crisis de gestión más dañina de lo pensado. Un peronismo a la deriva le permitió a Macri superar el prejuicio de la gobernabilidad. Ya nadie se pregunta si llegará al final del mandato. La paradoja es que aquella condición ajena lo expone a la imprevisibilidad. Las dudas son ahora éstas: ¿sus reformas son de largo plazo?, ¿logrará contener la conflictividad social alentada por sectores en cierta medida inorgánicos?, ¿con qué piel reencarnará el peronismo que aspira a sucederlo?

Sin respuestas claras, la revolución inversora se posterga y si en serio hay una recuperación de la economía cuesta sentirlo. El cóctel resultante es delicado: confianza social a la baja, conflictividad en la calle, poder limitado de la administración para imponer medidas y unas elecciones dentro de siete meses.

Macri se juega su poder y por ahora carece de un rival de fuste para enfrentar. La ilusión de que ocupe ese lugar Cristina Kirchner -acorralada por la Justicia y el desprestigio- se intuye improbable. No hay mayor peligro para el "cambio" que terminar perdiendo contra nadie.

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