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¿Trabaja cada vez más gente, aun con más máquinas?

LA NACION
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Juan Carlos de Pablo
Domingo 12 de marzo de 2017
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La pérdida de un empleo es una desgracia para quien la sufre y su familia. ¿Debemos extrapolar esta preocupación al país o al mundo en su conjunto? Pronósticos lúgubres nunca faltan en este sentido, así como sugerencias asombrosas, como el impuesto a los robots, que acaba de ser propuesto por Bill Gates. ¿Qué nos enseña la historia al respecto?

Sobre el particular conversé con Phyllis Mary Deane (1918 - 2012), nacida en Hong Kong porque su papá era un ingeniero que se desempeñaba en la armada inglesa. Estudió en las universidades de Glasgow y Cambridge, y enseñó en esta última. Entre 1962 y 1965 coordinó el programa que la Fundación Ford desarrolló con la Universidad de Buenos Aires, y entre 1968 y 1975 editó el Economic Journal. En 2001, con el subtítulo Un faro en la tempestad, publicó una biografía de John Neville Keynes, padre de John Maynard Keynes. Al decir de Negley Harte, era historiadora y economista, en una época en la que se podía ser ambas cosas simultáneamente.

-Los economistas sonríen cada vez que escuchan hablar del "fin del trabajo".

-Hay buenas razones para ello. Hoy trabajan más seres humanos que hace uno o varios siglos, de manera que todos los pronósticos agoreros de largo plazo, referidos a que el trabajo humano desaparecerá porque será reemplazado por las máquinas y los robots, por fortuna han fallado sistemáticamente.

-Lo cual no quiere decir que el desempleo no sea un problema.

-Así es, pero hay que caracterizarlo correctamente para entenderlo. Hay un desempleo friccional, uno cíclico, uno tecnológico, etcétera.

-Explíquese.

-Siempre coexisten vacantes y personas que buscan trabajo. En 2010, Peter Arthur Diamond, Dale Thomas Mortensen y Christopher Antoniou Pissarides compartieron el Premio Nobel en Economía por modelar este tipo de desocupación. Durante la década de 1930 las tasas de desocupación de muchos países económicamente adelantados superaron el 20% de la fuerza laboral, y como bien decía Franco Modigliani, "nadie puede creer que en aquel entonces buena parte de la humanidad contrajo una epidemia de fiaca". Por último, quien sólo sabía fabricar velas se quedó sin trabajo cuando se inventó la lamparita eléctrica.

-¿Tiene sentido defender cada fuente de trabajo?

-Es totalmente entendible por la angustia que causa, pero como fenómeno general termina en una situación insostenible. La historia enseña que, a largo plazo, cada vez más gente trabaja, pero menos en la producción de mercaderías y más en la de servicios. Hace un par de siglos, la productividad agrícola posibilitaba que sólo una minoría pudiera vivir en las ciudades; hoy menos de la cuarta parte de los asalariados produce mercaderías; el resto, servicios.

-¿Tiene sentido estudiar si no sabemos en qué vamos a trabajar?

-Las estadísticas son contundentes al respecto. La tasa de desocupación es muchísimo mayor entre quienes no completaron la escuela primaria que entre los graduados universitarios. A nivel individual esto no asegura nada, pero la probabilidad de conseguir trabajo no es independiente del nivel educativo.

-¿Cómo puede la educación servir,para desempeñar ocupaciones que hoy no existen?

-Concentrándonos en los primeros principios y en pensar, es decir, prestar atención a los hechos, calificarlos como problemas, explicarlos causalmente, para luego ver qué se hace al respecto. Claro que el dominio de la técnica es fundamental (¿qué opinaría usted de un médico que no supiera tomar la presión?), pero no hay que agotarse en esto porque las técnicas se oxidan. A propósito, y como bien enseñaba Jaime Barylko, la educación no sólo sirve para trabajar, sino también para desarrollarnos como personas.

-Bill Gates propuso gravar el uso de los robots.

-A primera vista me parece una versión actualizada del ludismo, como se conoce al movimiento que al comienzo de la Revolución Industrial, luego de diagnosticar los problemas que creaban las máquinas, propuso destruirlas. Gates no quiere destruir los robots, pero sí encarecer su uso. Pero insisto, a primera vista no me parece una buena idea.

-Doña Phyllis, muchas gracias.

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