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La moda de la vestimenta-dopamina

Juana Libedinsky

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LA NACION
Sábado 11 de marzo de 2017
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NUEVA YORK.- El fin del invierno es particularmente deprimente. Nieva, pero ya a nadie le causa gracia. El manto blanco enseguida se vuelve sucio y acuoso, y hasta los chicos lo miran indiferentes porque que no sirve para hacer buenas bolas para una batalla. Los tapados y camperas están todos necesitados, urgente, del paso por la tintorería que se viene posponiendo para los primeros rayos de sol. El tráfico es infernal, pero la idea de ir caminando a cualquier lado (siempre la forma más rápida de moverse en Manhattan) pierde atractivo cuando uno anda mojado y con tanto viento en la cara.

¿La solución para mantener el buen humor? Vestirse de colores. En lo que es una de las modas más comentadas tanto en la pasarela (naranja Fanta en Armani, rosa chicle en Giambattista Valli) y el street-style (los suéteres de Alberta Ferretti en los colores del arco iris, uno para cada día de la semana, son el must del momento), el "Dopamine Dressing" arrasa.

El nombre hace referencia a la sustancia cerebral que contribuye al placer y la alegría, y el Dopamine Dressing se basa en la idea de que usar ropa alegre afecta el humor. Según los medios, la industria de la moda está desesperadamente tratando de convencernos de su efectividad, y se multiplica la divulgación de estudios para probarlo.

Por ejemplo, The Guardian cita un experimento de 2012, en el cual a los participantes se les dio un guardapolvo blanco. A algunos les dijeron que era el uniforme de médico, a otros que lo usaba un pintor de paredes. A quienes les dijeron que era de un médico, tuvieron mejores resultados cumpliendo una tarea asignada que quienes creían que era de un pintor. La influencia de la ropa, el estudio sugería, tiene que ver con el simbolismo que uno le adjudica al ponérsela.

El matutino cita a Carolyn Mair, psicóloga de la moda del London College of Fashion, quien subraya que la conclusión que puede extraerse es que usar ropa de colores puede levantarnos el ánimo, pero solamente si tenemos fe en su poder para hacerlo. Cuando la gente cree en el simbolismo de su ropa, ésta puede afectar su proceso cognitivo, y parte de éste son las emociones. Pero si lo que a una hace sentir segura es el negro y camiseta agujereada de Iron Maiden, este look tendrá el mismo efecto que los vestiditos amarillos de Emma Stone en LaLa Land y Emma Watson en La Bella y La Bestia, que ya fueron bautizados como el equivalente del fashion hollywoodense del Prozac.

Aún así, la búsqueda de efectos de los colores para sentirse bien continúa. En la que ya fue la dieta más comentada de este 2017, Kendall Jenner, la hermana supermodelo del clan Kardashian posteó que estaba pintando las paredes de su casa de rosa porque dicho color está "científicamente probado" que calma y reduce el apetito.

Jenner hacía referencia a un estudio realizado en los 70 en una cárcel de mujeres de Washington donde se pintó de rosa las paredes y el techo y se observó una caída en agresión. Luego, efectivamente, se observó también que el color reducía el apetito. Especialistas consultados sostuvieron, sin embargo, que los resultados no pudieron repetirse de manera consistente, pero que el color -cualquier color- puede servir como un recordatorio para no comer de más o cualquier cosa a la cual lo asociemos.

Así que, por las dudas, ya hay una explosión de color tanto en la ropa como en las casas. Hasta que llegue la primavera, todo vale para mantener la sonrisa en la Gran Manzana.

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