Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Los secretos de "Seratana", una red exclusiva para italianas que viven en Buenos Aires

Intercambian desde tips para buscar trabajo, a consejos sobre cómo conseguir departamento o legalizar un título universitario

Miércoles 15 de marzo de 2017 • 00:33
SEGUIR
LA NACION
0
Valentina Marzili
Valentina Marzili. Foto: Facebook Valentina Marzili

Valentina Marzili abre el portón de su casa en Palermo Viejo. En un español correcto pero sin la soltura de un hablante nativo, no puede obviar la mención que le puso el sello distintivo a ese lugar que habita: "Acá se filmó El secreto de sus ojos". Señala esta especie de callecita interna con macetones a los costados por la que empieza a transitar ya camino a su departamento, alojado en este conventillo cool palermitano, mientras que relata en qué sitio se filmó tal escena, los movimientos de esos días en que Darín, Rago, entre otros, frecuentaron el lugar, qué cambió para la vecindad desde esa película.

Valentina es de Florencia (se define como de la alta burguesía de esa ciudad del arte) y en 2006 vino de viaje a Buenos Aires porque no quería pasar Navidad en Italia -hacía poco que había muerto su padre-. "Me encontré con un pedacito de Italia al otro lado del mundo. Me sentí en casa, decidí buscar trabajo y quedarme", cuenta.

En su departamento, que es a la vez su estudio de gestión de proyectos culturales, espera Francesca Capelli, una tana nacida en Bologna que vino varias veces de vacaciones a la Argentina hasta que en 2012 decidió quedarse.

Están reunidas para hablar de "Seratana", la red que fundaron, un espacio virtual que ya alberga 126 mujeres italianas de entre 30 y 40 años, todas profesionales hipercalificadas que en los últimos años eligieron la Argentina para vivir.

Para dar dimensión de esta red: el censo de 2010, el último dato disponible por categorías de género y edad, reveló que en la Capital habitan 217 mujeres italianas de entre 15 y 64 años. La nueva oleada de migrantes italianos que recibe la Argentina es de adultos jóvenes con formación universitaria o incluso de posgrado que eligen buscar otras oportunidades y otro estilo de vida en esta patria que recibió a la generación de sus abuelos.

Elisabetta Riva
Elisabetta Riva. Foto: Enrico Fantoni

Elisabetta Riva, una italiana nacida en Milán, desde 2007 vive en Buenos Aires. Doctora en Letras y Filosofía (desde 2013 es directora general del teatro Coliseo) es una de las cofundadoras de la red junto a Valentina. Elisabetta cuenta que luego de un par de años de vivir en la capital de la Argentina se dio cuenta de que conocía a varias mujeres italianas de su edad que a la vez no se conocían entre sí. Pensó que había que mover algunos hilos para que se produjera un encuentro, para que ellas pudieran compartir ese mundo en común en esta ciudad que se les presenta enorme, mágica, compleja.

Elisabetta recuerda el comienzo de todo. Convocó al restaurante y bar de picadas Musetta cafe, un emprendimiento ubicado en el barrio de Almagro cuya dueña es una de esas italianas amigas. Cada una de las invitadas llevó, a su vez, a otras y así fueron más de 20. Fue la primera "Seratana". Luego, siguieron otras noches de comida y charlas así como intercambios de mails cada vez más nutridos y caóticos. A Valentina se le ocurrió armar un grupo en Google, administrado en conjunto con Elisabetta, para centralizar y organizar la información. Así empezaba a tomar forma esta red de tanas 2.0.

"Las tanas que conformamos este grupo nos diferenciamos de las inmigrantes de hace décadas porque nosotras elegimos dejar Italia, no lo hicimos a la fuerza, por hambre", dice Elisabetta, casada con un actor y director de teatro argentino que conoció en Milán. "La relación con la madre patria se vuelve completamente distinta a aquella idealizada y nostálgica. También tenemos la enorme ventaja de que ahora acá se nos recibe con una alfombra roja. Es increíble y maravilloso: no pasa en todos los países". Por éstas, y otras diferencias, estas mujeres no se identifican con las tradicionales asociaciones de italianos y buscan crear espacios nuevos.

Francesca Capelli
Francesca Capelli. Foto: Gentileza Francesca Capelli

"En la red sólo aceptamos italianas", aclara Valentina como disculpándose. Reciben numerosos pedidos de argentinas que sienten afinidad por Italia y que quieren integrarse, pero la decisión del grupo es sostener ese principio.

Entonces, interviene Francesca: "La idea es poner en contacto a mujeres italianas para compartir informaciones, ayudar a las recién llegadas con temas burocráticos. Yo, por ejemplo, sé todo sobre legalización de títulos de estudio". Lo dice varias veces a lo largo de la conversación, como orgullosa de haber vencido la adversidad burocrática tanto preguntar y presentar papeles sellados.

También se refiere a la organización de encuentros, asados, salidas nocturnas. "Pero esta red no quiere ser un enclave italiano. Cada una de nosotras tiene su vida, su trabajo, sus amigos, novios o amantes porteños, su familia. Somos todas muy argentinizadas y no necesitamos una muleta para seguir adelante", aclara.

Francesca es licenciada en Sociología y en Periodismo. En Italia trabajaba como periodista y escritora. También es traductora literaria del inglés, francés y castellano. "Encontré tres veces trabajo gracias a la red: por ejemplo, una chica ofrecía clases de italiano con niños porque ella no podía ya que requiere una formación específica. Entonces las tomé yo".

Buscar y ofrecer trabajo, recomendar a niñeras o plomeros, pasar el dato de buenos sitios donde comprar aceites de oliva, quesos o café, asesorarse para encontrar departamento o para autenticar títulos universitarios, quejarse de los amantes porteños, o charlar de los temas más variados. Todo eso ocurre en la red.

"¿Te acordás de la discusión de los tampones?", interpela Valentina a Francesca, con una sonrisa. Y recuerdan juntas aquel intercambio que consideran divertidísimo acerca de marcas, escasez, precios, métodos más ecológicos. Las anécdotas se multiplican.

La conversación de más de una hora se hilvana entre una tana y otra, entusiasmadas por dar una idea cabal de la red que integran. Se percibe que la quieren, la cuidan como una comunidad que hay que preservar porque allí se vuelve, allí hay reparo, un espacio virtual que las mantiene siempre en contacto, cercanas y a un clic de distancia.

"¡La red de contención para mujeres italianas me encanta!", agrega, con espontáneo énfasis, Valentina. "Somos tan diferentes todas, pero igualmente sabemos lo que significa vivir del otro lado del mundo. Es un amparo importante".

Francesca Battista
Francesca Battista. Foto: Gentileza Francesca Battista

"Además, gracias a la red armamos Giro Giro Tondo, talleres de lengua italiana para niños desde 3 hasta 11 años, para ofrecer un espacio de juego a los niños italianos que viven acá y que no tienen muchas ocasiones de practicar su lengua madre y también para niños argentinos que quieren aprender nuestra lengua", promociona Francesca.

El tiempo vuela y ambas están ocupadísimas esta tarde de verano. Ellas admiten que ya corren como dos porteñas porque el tiempo no alcanza. Valentina mira el reloj porque tiene que buscar a su hijo; a Francesca la reclaman sus pendientes de trabajo. "Porque una de las peores cosas de los argentinos es que muchos no tienen palabra, no cumplen. Dicen que estará el trabajo pero después no", se queja Valentina. Francesca asiente. "Nunca sabés si va a estar listo cuando te dicen. Me pasó varias veces con traducciones que necesitaba".

Antes de la despedida hasta nuevo encuentro, surge la idea: "¿Si convocamos a las tanas de la red con algunas preguntas como para que participen de esta nota?", propone la dueña de casa. "¿Qué te trajiste de Italia? ¿Qué te gusta y qué te fastidia de Buenos Aires?", lanzaron ellas a este grupo cerrado de Google. Era cuestión de esperar.

"Entre lo que les desagrada de la ciudad están las dificultades para trasladarse en transporte público, el ruido excesivo en las calles, la falta de respeto, el machismo"

El día siguiente y los sucesivos fue leer comentarios en una lengua ítalo-porteña de las tanas Carla Giampaolo, Francesca Battista, Patrizia Camponovo, Chiara Sardonini, María Betteghella, Valentina Siciliano, Viviana Mercurio, Silvia Chiesa, Anna Daga, Marta Potenza, Natalia Piccolo, Elisabetta Iorio, Monica Tortora, Isabella Senatore, Lucia Desirée Federico, Caterina della Porta, Enrica Salvadori, Giuliana Solina, Antonia Limardi, Barbara Galantino, Morgana Marchesi y Cristina Ferrajoli. Más de 30 respuestas, cada una contando lo suyo y disfrutando de cada nueva información que las demás entregaban a instancias de una nota en LA NACION pero que disfrutaban mucho más que por eso.

Según se desprende de estos mails, la mayoría extraña y se trajo de Italia una cafetera Bialetti (tipo Volturno), café, queso parmigiano reggiano (parmesano), aceite de oliva, fotos, libros, pasta, fiambres, incluso. Cuentan, en estos mensajes que las narran, que cada vez que viajan a Italia vuelven a cargar sus maletas con las mismas provisiones. Es un modo de sentirse un poco entre sus cosas, in casa.

Buenos Aires colabora, dicen, en recibirlas y acogerlas. "Lo que me gusta es que esta ciudad es una mina de energía. Pude estudiar, encontrar una nueva profesión. Es una ciudad que te da la posibilidad cada día de renovarte, porque acá todos se capacitan a cualquier edad", observa Valentina. "Lo que más me gusta es la manera de desarrollar el arte y la creatividad que tienen los argentinos", aporta Viviana. Y Silvia suma: "Lo que más me interesa es la abertura hacia toda forma de arte, la fuerza de expresión y creatividad de la gente, que es joven por dentro". Y así se suceden estas respuestas en las que uno lee una comunidad viva, propia de mujeres que se interesan por la experiencia de una par, una coterránea, una sorella.

Por lo que cuentan, entre lo que les desagrada de la ciudad están las dificultades para trasladarse en transporte público, el ruido excesivo en las calles, la falta de respeto, el machismo. "Lo que me resulta más difícil aquí es acostumbrarme al ruido. A pesar de haber vivido en otras capitales del mundo Buenos Aires me resulta muy ruidosa", dice Silvia. "Lo más difícil de vivir en Argentina son los 'supponenti', los que se supone que lo saben todo, que se quejan de todo y, además, no son capaces de reírse de sí mismos", aporta Carla. Tampoco faltan las quejas a la comida, sobre todo productos típicos de Italia. Dice Francesca: "A veces extraño la comida: parmigiano reggiano, café, pizza y aceite de oliva como Dios manda".

Elisabetta dice que lo que más le costaban al principio eran las distancias. "Al tener una red de subte poco desarrollada, hace que viajar en colectivo o taxi sea muy largo y cansador". También tiene otras observaciones: "El desorden y la suciedad por las calles me molestaban. Sin contar las veredas rotas, que, con el tiempo, se convirtieron en una meditación cotidiana acerca de la imperfección de la existencia: la imperfección de Buenos Aires me enseñó a aceptar y amar mi propia imperfección. Y ésa, para mí, es la clave de la felicidad".

-¿Por qué una red sólo de mujeres?

Se entusiasma Elisabetta, algo así como la mamma de esta red: "¡Por que sí!" Luego se explaya. "Hay algo muy íntimo, muy ancestral en el encuentro sólo de mujeres, por esa complicidad que nosotras sabemos crear, esa capacidad de generar un tejido humano de pertenencia en nuestro caso es muy discreto y que responde a las exigencias de las tanas modernas que somos".

Lo mejor de todo: se siguen sumando tanas. Sólo tanas. "Seratana".

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas