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Aterroriza a Villa Soldati una banda de chicos que roban e, incluso, matan

Son del barrio Fátima, frente a Los Piletones; tienen entre 8 y 15 años y todos los conocen; este mes mataron a un joven en un robo porque no tenía plata; los vecinos piden presencia policial

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LA NACION
Martes 14 de marzo de 2017
Vecinas de Fátima, un barrio de Villa Soldati asolado por una banda de chicos capaces de todo
Vecinas de Fátima, un barrio de Villa Soldati asolado por una banda de chicos capaces de todo. Foto: Agustín Marcarian
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Las que hablan son las mujeres. Los hombres acompañan, pero prefieren no dar testimonio: es probable que sientan vergüenza de reconocer el temor que infunde un grupo de chicos en edad de escuela primaria. Golpean, asaltan y, desde hace una semana, también matan. Eso sucede en las manzanas del barrio Fátima, de Villa Soldati, donde los vecinos debieron adaptar sus hábitos ante la falta de respuesta de las autoridades. Nadie sale solo ni lleva el celular encima y no son pocos los que prefieren no mandar a sus hijos al colegio para protegerlos.

"Ellos saben que son menores y por eso no les importa. Van a llegar lo más lejos que puedan llegar. A un chico de 15 años la policía o la Gendarmería por lo menos se lo pueden llevar y a la hora lo sueltan, pero qué se hace con un pibe de ocho o de diez años", se lamenta alguien del grupo. El resto concuerda, resignado.

El sábado 4 de este mes, cerca de las nueve de la noche, Jonathan López Castillo, de 27 años, salió de la iglesia evangélica de Laguna y Ordóñez y no llegó a caminar dos cuadras enteras porque tres chicos -uno de ellos, aferrado a una pistola- lo rodearon para sacarle lo que llevaba encima. Según el testimonio de un vecino que vio todo desde su terraza, Jonathan entregó sin resistencia el celular, pero los menores insistieron y le exigieron la billetera. El joven les respondió que había salido sin dinero y ofreció lo único que tenía: el libro de canto del coro.

"Me estás cargando...", dijo el que llevaba el arma y que, sin dudar, gatilló dos veces. Según aquel testigo, los responsables del crimen son dos hermanos-uno de 15 y otro de 8- y un tercer pibe, apodado "Mosquito", que no tendría más de 12. Cuando se le preguntó quién de los tres había disparado el testigo afirmó: "El más chiquito".

Jonathan era soltero y se ganaba la vida como electricista de autos. El taller era la vereda de su casa del barrio Los Piletones, donde se instaló con la madre y con cuatro hermanos al llegar de Bolivia, hace diez años. "Le gustaba ir a la iglesia y a la escuela dominical, donde participaba de talleres de títeres para los chicos. También cantaba en el coro y por eso viajaba mucho. Era un hijo ejemplar", dice a LA NACION Rosemary, que todavía espera a que la morgue judicial le entregue el cuerpo para poder velarlo.

A Rosemary su condición de madre no le permite odiar. Ella quiere que los responsables sufran las consecuencias de lo que hicieron, pero también sabe que son niños.

"Es muy doloroso perder a un hijo, pero pienso en esos chicos que están perdidos, que no valoran la vida porque ellos también la ponen en riesgo, y quiero que alguien los ayude. Se me ocurre que podría ir a la Defensoría, porque sé de casos en que les han quitado los hijos a personas a las que no les importaban. Quizás esa sea la solución, porque si los meten en la cárcel van a salir peores delincuentes. Ellos tienen que poder transformar sus vidas, hay que buscar la forma de que aprendan cosas buenas", dice.

Caras repetidas

En Fátima todos los conocen. Apuntan a Maxi (el de 15 años) como el líder de la banda, pero también se espantan si por algún pasillo se cruzan con Miguelito, Adri o Robertito. En Facebook se los puede ver alardeando de su estatus de delincuente: posan con pistolas o con la recompensa del último saqueo. "A mí lo que más me impresiona de las fotos es verlos fumar", admite una vecina.

Hace más de 40 años que Rosa Ortega vive en Villa Soldati y por eso dice que vio "de todo". Sin embargo no puede asimilar una violencia tan precoz. "No les importa si son mujeres con hijos o embarazas. Les pegan igual, las arrastran por el piso, les pegan patadas. Hicimos la denuncia en la comisaría 36», pero nos dicen que no pueden hacer nada porque son menores. Por lo menos que no nos dejen solos, que manden efectivos porque acá no entran. Hace más de un año que la Gendarmería se fue del barrio. Estamos a la buena de Dios. Se volvió muy jodido vivir acá", grafica.

Rosa, que es presidenta de la asociación vecinal y fundadora de un refugio para mujeres víctimas de violencia machista, entrega más detalles del drama: "En la feria de los sábados que se hace sobre Lacarra roban de los puestos. La gente ya no puede vender nada, tienen que estar atentos, y varios padres dejaron de mandar a sus hijos a la escuela; si se meten con los grandes imaginate lo que les hacen a los otros chicos".

Mirta tiene 38 años y trabaja limpiando por hora en casas. Hace un mes salió de su hogar en Fátima para acompañar a una amiga a la parada del colectivo. En el camino fueron interceptadas por unos seis o siete chicos. "Uno, que tendría nueve o diez años -recuerda-, sacó el arma de adentro del yeso que tenía en el brazo. Me decía que le diera todo o me mataría; mientras, los demás nos metían las manos en los bolsillos en busca de lo que sea. Les tuve que dar los cuarenta pesos que tenía encima".

La última vez, Vilma, una ama de casa de 33 años, tuvo suerte. Había salido con su hijo en brazos a sacar la basura a la vereda cuando la rodearon tres menores -dos de ellos, con armas- que le aseguraron que se llevarían a su bebe si no les entregaba dinero o el celular. La intervención a tiempo del marido de Vilma provocó la huida de los chicos. Desde entonces no volvió a salir sola ni a la puerta.

Jonathan López Castillo, víctima de homicidio
Jonathan López Castillo, víctima de homicidio.

Jonathan López Castillo

Víctima de homicidio

El 4 de este mes, fue abordado por tres chicos cuando salió de la iglesia evangélica situada en Laguna y Ordóñez. No se resistió al robo, pero no tenía plata y ofreció su libro del coro: le dispararon sin miramientos. Según testigos, el chico que gatilló tiene 8 años

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