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Azul Klein: el plato fuerte de la temporada de arte

Detrás de escena de la primera muestra del gran artista francés en el continente; abre el sábado

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PARA LA NACION
Martes 14 de marzo de 2017
Daniel Moquay, curador de la muestra y responsable del Archivo Klein en París, prepara la exposición en La Boca
Daniel Moquay, curador de la muestra y responsable del Archivo Klein en París, prepara la exposición en La Boca. Foto: Diego Spivacow / AFV
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Crear un color que uniera mar y cielo, sin dimensiones, y que, además, fuera tan deslumbrante que sensibilizara al espectador. Esa búsqueda guió a Yves Klein (Niza, 1928 - París, 1963), artista clave del siglo XX que realizó su prolífica y revolucionaria obra en tan sólo siete años.

Así podrá comprobarse en la fabulosa retrospectiva que abrirá Proa este sábado, y que será, puede ya asegurarse, una de las principales muestras del año.

Obra de Yves Klein en Proa
Obra de Yves Klein en Proa. Foto: Celina Chatruc

Fue uno de los más importantes precursores de la performance; creó el famoso color International Klein Blue (IKB); llevó hasta las últimas consecuencias la concepción del arte inmaterial con obras con fuego, con lluvia y hasta con viento. Su famosa foto Salto al vacío, arrojándose desde la ventana de una casa en la que había vivido cuando era chico, un poderoso símbolo de conjura a la muerte, devino icónica.

La primera exposición de Klein en América latina -que se pospuso un año y, con ello, aumentó más aún su natural expectativa- reúne setenta obras, entre las que se incluyen sus famosas monocromías, pinturas de fuego, cosmogonías y esculturas-esponja. Se exhiben también documentos, fotos y escritos del archivo del artista que demuestran su importancia como precursor del happening. En estas obras, utilizó modelos desnudas como "pinceles vivos" que al apoyarse sobre el lienzo dejaban rastros dinámicos de los movimientos del cuerpo o, en otros casos, huellas estáticas.

Obra de Yves Klein en Proa
Obra de Yves Klein en Proa. Foto: Celina Chatruc

En forma exclusiva, LA NACION accedió al montaje de esta muestra que incluye piezas históricas que son joyas. En el recorrido, el equipo de producción terminó de llenar con pigmentos azul IKB una piscina que ocupa parte de la sala dos en la planta baja y que es un singular espacio ceremonial que invita a la contemplación de ese color hipnótico. "Este ambiente evidencia la espiritualidad que buscaba Klein, el pintor del vacío", señala Daniel Moquay, curador de la muestra, apasionado director del Archivo Yves Klein en París, casado con Rotraut Klein, viuda del artista.

Klein creó y patentó su inolvidable azul como IKB en 1960 para resguardar la composición química del color. No lo hizo con fines económicos. Para llegar a este tono fulgurante experimentó con el químico Edouard Adam hasta lograr que el espectador se sintiera "impregnado" por el color. Con su azul pintó lienzos, alfombras, globos terráqueos, hizo copias en yeso de obras emblemáticas y usó el color para sus performances en las que las modelos dejaban la impronta de sus cuerpos en la tela.

Obra de Yves Klein en Proa
Obra de Yves Klein en Proa. Foto: Celina Chatruc

Usó un fijador llamado rhodopas, con el que logró conservar intacto el tono azul fulgurante después de más de medio siglo. Cuando Klein hizo sus obras no se sabía que se trataba de un producto tóxico. "El fijador del IKB pudo haberle provocado la muerte, pero en ese tiempo nadie lo sabía. Rotraut, que también es artista y colaboraba con él, me contó que no usaban máscaras y que a veces el galpón donde trabajaban se llenaba de un humo extraño", dice Moquay. "Hoy ese producto sólo se usa con máscaras. Niki de Saint Phalle, la mujer del escultor y pintor Jean Tinguely, gran amigo de Yves Klein, también usaba esa sustancia, que terminó causándole la muerte." Klein murió muy joven, a los 34 años, tras su tercer ataque cardíaco.

"Sentir el alma, sin explicaciones, sin palabras, y representar ese sentimiento, eso es lo que me ha llevado a la monocromía", afirmó Klein. Con sus pinturas monocromas, no apuntaba a un simple recurso estético, sino que buscaba que el color sensibilizara al espectador. Al principio hizo pinturas monocromas de distintos colores. Luego las pintó con su particular azul ultramar.

Obra de Yves Klein en Proa
Obra de Yves Klein en Proa. Foto: Celina Chatruc

No le resultó fácil mostrarlas: en Proa se exhibe la primera pintura monocroma que presentó en el Salon des Réalités Nouvelles en 1955 y fue rechazada: el jurado le aconsejó que incluyera un color más o sumara líneas o un punto. Klein no lo hizo. Consideraba que "el color puro representaba algo en sí mismo" y se negó a abandonarlo a tal punto que más tarde se hizo llamar Yves el Monocromo.

En el desarrollo de su arte inmaterial, Klein hizo ceremonias en las que intercambió láminas de oro por un recibo que le entregaba al "comprador" y que éste debía quemar para desprenderse de lo material. Se quedaba con la mitad de las láminas de oro (que para él representaba la pureza) y la otra mitad la arrojaba al río Sena como forma de devolverla a la naturaleza. Con esta acción artística compartida, Klein quería generar una emoción mutua, que perdurase en la memoria.

Obra de Yves Klein en Proa
Obra de Yves Klein en Proa. Foto: Celina Chatruc

"Mientras Andy Warhol pintaba diseños de dólares, a Klein le interesaba conservar la impresión de un momento como se conserva la de un viaje. El inmaterial parece una broma, pero Klein guiaba a la gente por el camino de la sensibilidad: pensaba que hay posibilidades de ser rico teniendo poco", señala Moquay.

Para contar con las medidas de seguridad adecuadas, hizo sus obras con fuego sobre lienzos en el Centro de Experimentación de la Sede del Gas de Francia. Realizó los trabajos con un lanzallamas de altísima potencia que pesaba 60 kilos mientras un bombero a su lado apagaba el fuego cuando se volvía peligroso. Además, pintó de blanco impoluto una galería y decidió pasar allí un tiempo hasta llenarla "con su presencia y su sensibilidad". Para capturar la impronta de la lluvia y del viento, colocó sobre el techo de su auto lienzos apenas pintados y viajó durante diez horas de París a Niza para materializar en las telas la memoria de un momento.

A Klein lo fascinaba la idea de conservar la impresión de un instante efímero. Además de hacerlo con su arte inmaterial, contrató dos fotógrafos que lo seguían a todos lados para registrar sus acciones.

Obra de Yves Klein en Proa
Obra de Yves Klein en Proa. Foto: Celina Chatruc

Curiosidades del especialista y su objeto de estudio

Cuando Daniel Moquay, actualmente el mayor especialista en la obra del francés, conoció a Rotraut Klein -viuda de Yves- no sabía quién era el artista. Con el tiempo, se interesó a tal punto en su obra que fue el primero en leer sus escritos.

Klein escribió muchos textos en francés y en español. Reconocido yudoca cinturón negro, hizo su entrenamiento espiritual y físico en Tokio; en 1954 asumió como director de la Federación Española de Judo en Madrid. Escribió todos sus textos en francés y en español; y hasta un libro de yudo en español. Rotraut, nacida en Alemania, no leía fluidamente estos idiomas.

Todo Klein para agendar

Retrospectiva

Desde el sábado hasta el 31 de julio, en Proa (Av. Pedro de Mendoza 1929), de martes a domingos, de 11 a 19

Un salto al vacío

Proa y Flacso darán un curso sobre el artista

Sinfonía monótona

En abril se presentará un concierto basado en la mítica Sinfonía monótona, de Yves Klein, una pieza de una sola nota

Danza butoh

En mayo, Magy Ganiko ofrecerá una performance en las salas de Proa con eje en la sensibilidad inmaterial

Más actividades

Habrá un coloquio internacional (junio) y un desfile por La Boca (julio), con diseños de alumnos de Diseño de la UBA

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