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¿La docencia surge de una vocación?

LA NACION
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Daniel Gigena
Miércoles 15 de marzo de 2017 • 20:19
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Desde que era alumno de la escuela secundaria leo y escucho hablar sobre la crisis de la educación. Es la crisis más extensa que recuerde, sobre la que se dan casi siempre testimonios y diagnósticos penosos, algunos de ellos interesados. Mientras, el negocio de la educación privada creció, al menos en la Argentina, casi tanto como la crisis. Hubo reformas, muchas de ellas francamente destructivas, como la ley federal de educación promulgada en los años noventa, a la que estudiantes, docentes y sindicatos nos opusimos. Se debatió en los años en que un dólar valía un peso y la protesta no prendió. Por ese entonces ya daba clases como suplente en escuelas públicas. En esos años, cuando un suplente tomaba horas vacantes debía seguir al pie de la letra una planificación diseñada por el Ministerio de Educación de la Nación aunque los sueldos los pagara, tres meses después, la provincia de Buenos Aires. Ése era el menor de los contrasentidos. Durante los conflictos, desde que tengo memoria, se apela a la vocación de los docentes.

"La docencia no surge de una vocación y como tal es poco probable que se mejore -dice Guillermo Ruiz, licenciado en Ciencias de la Educación, investigador del Conicet y profesor universitario-. La docencia puede ser definida como una profesión, específica de los sistemas escolares de alcance masivo que se conformaron en los últimos dos siglos. Como profesión ha cambiado en su ejercicio en la medida en que han cambiado los estudiantes y las instituciones y también los contenidos que deben enseñar los docentes."

Pablo Pineau, director del Departamento de Ciencias de la Educación de la Universidad de Buenos Aires, también se refiere a la vocación docente: "La investigación histórica sostiene que en el momento de constitución de los sistemas educativos se precisó construir un discurso de adhesión incondicional a la docencia en el contexto de una incipiente profesionalización -explica-. A eso se lo llamó 'vocación'. Pero esta operación no quería revivir un término eclesiástico, sino fundar un ser y un hacer más vinculado al entusiasmo y al gusto que a la abnegación y el sacrificio."

Foto: Archivo

Esa última asociación de la vocación con el sacerdocio (como si los sacerdotes no vivieran de manera digna), cuenta uno de los autores de La escuela no fue siempre así, surgió posteriormente, y fue apropiada y estimulada por "las políticas educativas de pauperización material y simbólica del trabajo docente en etapas como la dictadura de Onganía". Para un escritor que además es docente, Walter Lezcano, la vocación es "aquello que te importa hacer bien más allá de los tiempos, los espacios y el dinero", sin que esas cuestiones dejen de ser importantes.

Algunos que en su vida dieron clase proponen revisar los contenidos pedagógicos. Otros, sugieren que la escuela debe adaptarse a las nuevas épocas y tecnologías; con esto imaginan videojuegos y funciones de celulares que cuestan aproximadamente lo que una maestra cobra por mes. O volver a un presunto pasado de oro, como en el que vivieron ellos cuando eran niños. Si ese pasado existió, se probaría que la evolución de las sociedades era un mito. Aquella ley de 1993 fue derogada en 2006. ¿Cómo se podría mejorar la calidad de la educación pública con la ley en la mano?

"Eso supone cambios en la formación inicial de los estudiantes de profesorado y también en las condiciones laborales del ejercicio de la profesión -señala Ruiz, compilador y autor de La educación secundaria obligatoria en el marco de las reformas educativas nacionales-. Para esto se requiere más presupuesto, designaciones por cargo que faciliten la concentración de las tareas en una escuela, una planificación integral de las políticas y una modificación de las funciones de los directores (quizás con una planta más amplia) con mayor apoyo pedagógico a los docentes." Parecen medidas sensatas y plausibles. Tal vez a la vocación habría que sumarle presupuesto, el cuco de cualquier discurso oficial. A la hora de pasar lista, hoy más que nunca deben estar presentes los que diseñan políticas educativas.

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