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Como nunca, las multinacionales están vulnerables

La llegada de Trump sólo acelerará un proceso de reestructuración de las grandes empresas que ven caer sus ganancias

Miércoles 15 de marzo de 2017
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Entre las muchas cosas que no le gustan a Donald Trump se cuentan las grandes firmas globales. Sin rostro ni raíces, se las acusa de perpetrar una "carnicería" contra los estadounidenses comunes al trasladar puestos de trabajo y fábricas al extranjero. Su respuesta es domesticar estas multinacionales depredadoras. La baja de impuestos atraerá su dinero de regreso a casa, los aranceles trabarán sus cadenas de producción internacionales y se reescribirán los acuerdos comerciales que las ayudan a hacer sus negocios. Para evitar un trato punitorio, "todo lo que tienen que hacer es quedarse", les dijo a patrones estadounidenses esta semana.

Trump es inusual en cuanto a su tono proteccionista agresivo. Pero en muchos sentidos va a la zaga de los hechos. Las compañías multinacionales, los agentes detrás de la integración global, ya estaban en retirada mucho antes de las revueltas populistas de 2016. Su desempeño financiero ha retrocedido, de modo que ya no superan a firmas locales. Muchas parecen haber agotado su capacidad de reducir costos e impuestos y de superar en ideas a sus competidores locales. Los ataques de Trump apuntan a compañías que están sorprendentemente vulnerables y, en muchos casos, ya van camino a casa. El impacto sobre el comercio global será profundo.

Las firmas multinacionales (las que tienen gran parte de sus negocios fuera de su región) emplean sólo uno de cada 50 trabajadores del mundo. Pero importan. Unos pocos miles de firmas influyen en lo que miles de millones de personas ven, visten y comen. Empresas como IBM, McDonald's, Ford, H&M, Infosys, Lenovo y Honda han sido la referencia para todos los ejecutivos. Coordinan las cadenas de provisión que dan cuenta del 50% de todo el comercio. Representan un tercio del valor de las bolsas del mundo y son dueñas de la mayor parte de la propiedad intelectual: desde diseños de ropa interior femenina, pasando por el software de realidad virtual, hasta las drogas para la diabetes.

Tuvieron su auge a comienzos de la década del 90, al abrirse China y el ex bloque soviético y al darse la integración europea. Pero en los últimos cinco años las ganancias de las multinacionales han caído 25%. El dólar fuerte y la baja del precio del petróleo explican en parte la declinación. Las superestrellas de la tecnología y las marcas de consumo masivo siguen prosperando. Pero los problemas son demasiado generalizados. Alrededor del 40% de todas las multinacionales tienen ganancias sobre el capital de menos del 10%, una medida testigo del mal desempeño. En una mayoría de los sectores están creciendo más lento y son menos rentables que las firmas locales. Para muchas compañías industriales, manufactureras, financieras, de recursos naturales, de medios y de telecomunicaciones, el alcance global se ha convertido en una carga, no en una ventaja.

La llegada de Trump sólo acelerará un proceso sangriento de reestructuración. Muchas firmas simplemente son demasiado grandes: tendrán que achicar sus imperios. Otras están desarrollando raíces más profundas en los mercados en los que operan. General Electric y Siemens están "localizando" las cadenas de aprovisionamiento, de producción, el empleo y sus impuestos en unidades regionales o nacionales. Otra estrategia es volverse "intangibles". Estrellas de Silicon Valley, desde Uber hasta Google, siguen expandiéndose en el extranjero. Cadenas de comidas al paso y hoteleras están pasando de cocinar hamburguesas y limpiar cuartos a vender derechos de marca. Pero estas multinacionales virtuales también son vulnerables al populismo, porque crean pocos empleos directos y pagan pocos impuestos.

La retirada de las firmas globales dará a los políticos una sensación de mayor control al prometer las compañías hacer lo que digan. Pero no todos los países pueden tener una mayor porción de la producción, los empleos y los impuestos de una misma firma. Y una rápida desarticulación de la forma dominante de los negocios de los últimos 20 años podría ser caótica. Muchos países con déficit comercial dependen del flujo de capitales que traen las multinacionales. Si caen aún más las ganancias de las firmas, el valor de las bolsas probablemente caerá.

¿Y qué hay de los consumidores y los votantes? Tocan pantallas, usan ropa y mantienen su salud a base de productos de firmas que consideran inmorales, explotadoras y distantes. La era dorada de las firmas globales también ha sido una era dorada en cuanto las opciones para los consumidores y la eficiencia. Su caída puede hacer que el mundo parezca más justo. Pero la retirada de la multinacional no puede generar todos los puestos de trabajo que gente como Trump promete. Y significará una suba de los precios, menos competencia y una innovación más lenta.

Con el tiempo, millones de firmas pequeñas comerciando a través de las fronteras podrían reemplazar a las grandes firmas como transmisoras de ideas y capital. Pero su peso es diminuto. Puede suceder que en el futuro la gente recuerde la era en que las firmas globales dominaban el mundo de los negocios y lamente que haya pasado.

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