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Emma Watson y la belleza sin arquetipos

La actriz que alcanzó la fama con Harry Potter y pidió en la ONU por la igualdad de género cuenta en exclusiva por qué aceptó protagonizar un cuento de hadas como La Bella y la Bestia y qué cambios exigió para fortalecer el personaje femenino

Domingo 19 de marzo de 2017
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LA NACION
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NUEVA YORK

Emma Watson (26) llega envuelta en un sobrio impermeable británico, la cara sin maquillaje, el pelo sujeto en un rodete sencillo. La Hermione de Harry Potter pasó la mañana en el subte neoyorquino escondiendo novelas de ideología feminista en los recovecos de las estaciones, para iluminar a los pasajeros que las encuentren (y si son fans, para que de paso sirvan de memorabilia de la estrella, ya que Watson los dejó autografiados).

Dan Stevens llega en pantalones de corderoy gris y un suéter neutro y gastado, pero que se adivina de cahemir; la bufanda gris botella es el único toque de color. Pasó la mañana escribiendo. Stevens, el ultrapopular Matthew Crawley en la serie de TV victoriana Downtown Abbey, es uno de los fundadores de The Junket, un journal literiario online, además de haber sido columnista del Sunday Telegraph y hasta jurado del prestigiosísimo premio Man Booker de ficción.

Watson fue a la Universidad de Brown, uno de los estandartes de la Ivy League norteamericana. Stevens se graduó en Cambridge, y fue descubierto por Sir Peter Hall cuando protagonizó Macbeth para la Marlowe Society. Claramente, aunque el encuentro es para hablar de la última película de princesas de Disney, el abordaje nunca iba a ser light.

Aún así, que los temas principales sean las relaciones de abuso doméstico y el síndrome de Estocolmo sorprende, incluso, a quien viniera de lo más preparado para una entrevista con dos de las estrellas más cultas y comprometidas de la nueva generación de actores británicos.

Watson y Stevens protagonizan La Bella y la Bestia, que por primera vez Disney lleva a la pantalla grande con actores de carne y hueso [se estrena este jueves en el país]. Tradicionalmente se consideró una dulce adaptación de un cuento de hadas francés del siglo XVIII sobre el descubrimiento de que la belleza que vale es la interior, ya que la Bella se enamora de la Bestia. Pero la Bestia, después de todo, tiene prisionera a la Bella, y las teorías revisionistas han sugerido que es un claro ejemplo de una relación de maltrato/vínculo afectivo con su captor.

Watson -quien había rechazado el papel de Cenicienta en el film que dirigió Kenneth Branagh- confiesa que se debatió mucho antes de aceptar el papel, pero cuando los productores accedieron a realizar pequeños retoques para el personaje, se sumergió de lleno en él. "Bella argumenta y se pelea con la Bestia constantemente de igual a igual -sostiene-. Y no tiene las características de alguien con síndrome de Estocolmo, porque mantiene su independencia y libertad de pensamiento. Bella fue muy importante simbólicamente durante mi crecimiento. Tenía algo que yo no había visto hasta el momento y que siempre resonó en mí, y lo quise desarrollar. Algo desafiante en su espíritu. Quería más de la vida de lo que ésta le ofrecía y de lo que se esperaba de ella, era aventurera y ligeramente rebelde."

"Cada generación tiene su forma de entender la historia -subraya Stevens a La Nación revista, quien, con una mezcla de elementos prostéticos y digitales convierte a su noble estampa en la Bestia-. Y les dimos a los personajes un pasado que, a diferencia de lo que ocurría en la versión animada, se hace explícito para que el público entienda por qué actúan cómo lo hacen, y el poder de transformación que puede tener el amor."

Para que Bella fuera empowered (algo así como empoderada, palabra tremendamente de moda en el mundo anglosajón) y no hubiera dudas de que no es la parte débil en la relación con la Bestia, Watson pidió que se cambiara el principio de la historia. Ahora, en el número musical que abre el film, los espectadores podrán ver una fila de varones camino a la escuela mientras un grupo de niñas debe quedarse para lavar pilas de ropa. Bella, una tragalibros ingeniosa, inventa una especie de lavarropas que libera a las chicas de dichos quehaceres, lo cual les da el tiempo necesario para que ella les enseñe a leer.

En la versión animada de la historia, era el padre, en cambio, el que era retratado como el inventor de la familia, y no es el único pequeño giro feminista de la historia. Al famoso vestido amarillo en el que Bella baila por primera vez con la Bestia y comienzan a enamorarse, le eliminaron el corset, con lo cual, si bien muy delgada, la silueta de Bella es más humana y menos de Barbie plástica. Y los zapatos, si bien son con taco y del siglo XVIII, son lo suficientemente cómodos como para que Bella pueda salir disparando a salvar a su padre.

"Un film de animación es una cosa, pero para uno que se supone en la vida real hay otros requerimientos para ser creíbles -sostuvo Watson-. Bella es una amazona, Bella trabaja en el jardín, Bella es una inventora. Si vas a estar galopando a través de un bosque y del barro en un caballo brioso hasta un castillo totalmente fuera de radio, no lo podés hacer en zapatitos delicados, y yo quería que el retrato de Bella fuera práctico y auténtico."

Muchos no podían esperar menos de Watson, que se volvió una conocida activista por los derechos de la mujer fuera de cámara, pero Stevens no se queda atrás en cuanto a la transformación muy acorde a estos días que tiene la Bestia en sus manos. "Nuestra historia empieza con un multimillonario malcriado que pensaba que podía llevarse el mundo por delante -dice Stevens con un guiño a la actualidad política norteamericana-. Pero la historia no es sólo sobre cómo una mujer viene y lo cambia por siempre. Es sobre cómo ella sirve para que él se reconecte con una parte de sí mismo mucho más gentil y generosa que tenía olvidada".

La expectativa por el film y su renovado mensaje es enorme. Incluso hay una muy breve escena gay entre personajes secundarios, por primera vez en una película de Disney según explicó Bill Condon, el director, a medios especializados. Otro cambio es que los cuernos de la Bestia ya no apuntan para afuera como en el original ("pero no los podía usar para bailar el vals, que es tan central; eran cuernos para adentro o una Emma Watson ciega", bromea Stevens). Y además, con cuidado de no hacer a Bella excesivamente femenina y delicada. Para muchos, la muñeca plástica que salió a la venta se parece mucho más a Justin Bieber que a Emma Watson, lo cual generó un debate sorprendentemente intenso en los medios sociales.

ACTIVISMO Y PRIVACIDAD

Emma Watson, la estrella, empezó mucho antes que Bella. Nacida en París, en abril de 1990, de padres abogados británicos, creció en Inglaterra y tuvo el protagónico femenino en Harry Potter, de 2001 a 2011, luego de haber participado sólo de producciones escolares.

Actuó luego en Las ventajas de ser invisible (2012), Adoro la fama (2013) y Noé (2014), entre otras películas. En paralelo, se graduó en literatura inglesa en la Universidad de Brown, fue modelo de Burberry y Lancôme y desarrolló una intensa carrera de activista por los derechos de las mujeres. En 2014, las Naciones Unidas la nombraron embajadora de Buena Voluntad y ella promovió el lanzamiento de HeForShe, una campaña que llama a los hombres a tener un papel más proactivo en la lucha de las mujeres por la igualdad.

Pero nada se acercará jamás a lo que vivió mientras fue Hermione Granger. "Encontré fans que tenían mi cara tatuada en su cuerpo, encontré gente que usó los libros de Harry Potter para atravesar el cáncer. No se cómo explicarlo, pero el fenómeno de Harry Potter es de una dimensión totalmente distinta a lo demás. Una gran parte de aceptarlo para mí fue la conciencia de que eran circunstancias extraordinarias que no se repetirían", dijo recientemente.

En cuanto a su vida sentimental, según las revistas del corazón, su último novio es William Mac Knight, de 35 años, empresario digital de una familia acomodada de Locust Valley, uno de los suburbios más tradicionales y conservadores de Nueva York, y que se graduó en Princeton. Por supuesto, nada de rockeros locos o actores problemáticos para la nueva Bella, en cuya vida todo parece muy controlado.

Una pequeña prueba de esto viene momentos después. Al salir de las salas del hotel reservadas para las entrevistas, se produce un encuentro casual con Watson y Stevens en el ascensor. Resulta el momento perfecto para explicarles que, con el poquísimo tiempo para las entrevistas de promoción, no hubo posibilidades de hacer alguna pregunta sobre la Argentina, el país donde saldrá publicada la nota, y si tienen algún comentario al respecto.

Stevens, encantador, cuenta enseguida que, tras tanto interpretar personajes de alta alcurnia (después de Downton Abbey, en cuanto aterrizó en Broadway lo primero que protagonizó fue La heredera, de Henry James), todo el tiempo lo invitan a partidos de polo y que le encanta; pero que su pasión es el rugby, que vio algunos de los partidos de los Pumas y entra en comentarios técnicos sobre el futuro del equipo argentino.

A pesar de lo distendido que queda el ambiente, Watson, en cambio, se paraliza, como si a Hermione le hubieran ofrecido un cigarrillo en el baño de Hogwarts. No responde con aires de diva, pero sí firmemente, como una chica seria que nunca, nunca va a hacer algo que no esté autorizado o, más bien, debidamente convenido con anterioridad.

Eso, por ejemplo, explica por qué prácticamente no existen selfies de fans con Watson en las redes sociales. Cuando alguien se acerca y le pide una foto espontánea, la regla para ella es negarse salvo que sean niños, aunque a cambio les ofrece un autógrafo. "Para mí es la diferencia entre tener una vida y no -explicó a Vanity Fair-. Si alguien se saca una foto conmigo y la postea, en dos segundos han creado un marcador que muestra exactamente dónde estoy, en un radio de diez metros. Cualquiera puede ver lo que estoy usando y con quién estoy. Simplemente no puedo dar esa información para ser rastreada."

En unas fotos publicadas en dicha revista, con motivo de la nueva película, Watson aparece posando con una especie de chalequito de crochet abierto, y se le ve gran parte del pecho. Las críticas fueron inmediatas. "Feminismo, feminismo, hay que acabar con la brecha entre los pagos a hombres y mujeres, ay, ¡¿por qué nadie me toma en serio?!, feminismo, ah, y aquí pueden verme sin corpiño", resumió el tabloide británico Daily Mail la forma en que muchos interpretaron la actitud de Watson.

No es la primera vez que Watson causa controversia. Aunque muchísimos la alabaron por el discurso que dio ante las Naciones Unidas ("fantástico", se entusiasma al recordarlo Stevens) en el cual daba una "invitación formal" a los hombres a unirse a la lucha por la igualdad de las mujeres, a varias feministas de corrientes alternativas les molestó. Básicamente, sostuvieron en blogs y artículos que la campaña de Watson, de enorme repercusión en los medios digitales, ponía a los hombres en el papel de salvadores de las mujeres, que solas no pueden arreglárselas para solucionar sus problemas; y que sólo hablaba desde su perspectiva de mujer rica y blanca, sin considerar la experiencia de otros grupos.

A la vez, en el otro extremo hubo un grupo de hackers que amenazaron, tras su conferencia, con publicar fotos privadas de Watson desnuda. Según The Washington Post, eso era claramente parte de una larga tradición machista de "bullying específicamente dirigido a las mujeres en la web, especialmente las feministas", para que se callaran respecto de temas que incomodan o alteran el statu quo.

Otros medios, en cambio, salieron a defender su decisión de mostrar todo lo que quiera, argumentando que la objetivación de su cuerpo es algo de quien la mira y que no embarra, sino ratifica, sus credenciales feministas.

Por supuesto, hubo muchos tonos de grises, pero la palabra feminismo estaba, una vez más, en boca de todos. "Hermione ha madurado", fue el epígrafe que más se repitió cuando la foto de la revista se volvió viral. Lo cierto es que la gran amiga de Harry Potter y flamante princesa de Disney es, sin duda, una brillante especialista en lograr que se siga hablando de ella bien pasada su época de niña prodigio en historias de escolares con magia. Y -a la vez- de que con eso se sigan debatiendo los temas que más le importan y que harían un mundo mucho mejor.

Fotos: AP, AFP y gentileza Disney

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