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Último show del verano

Jueves inestable y ventoso por la mañana, mejorando hacia la tarde y fin de semana a pleno sol

PARA LA NACION
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Diego Angeli
Jueves 16 de marzo de 2017 • 00:30
Ilustración: Costhanzo
Ilustración: Costhanzo.
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Jueves: la capitulación térmica

Amigos, entramos en ese maravilloso momento donde vemos a las tropas estivales rendirse ante el ejército otoñal. Ese mágico instante donde subimos un poquito el calefón, donde algunos abrigos ligeros dejan el armario y vuelven a la calle con olor a naftalina. Esas noches donde el ventilador ya sobra y vamos buscando un rincón para confinarlo hasta fin de año. Se acaba la eterna discusión por tomarse toda el agua fría de la heladera sin reponerla. Amigos, se termina el verano.

Luego de la entrada de aire frío de ayer, la mañana se mostrará fresca e inestable, con posibilidad de algunas lluvias aisladas. Luego las ráfagas corren las nubes y nos regalan una agradable tarde de sol con 25°C. Cerramos con 19°C a la noche, para hacernos dudar si no es hora de que vuelva el edredón a acompañar nuestros sueños.

Viernes: se viene la fresca

Irreconocible mañana del viernes en Buenos Aires. La temperatura suburbana en el arranque puede merodear los 12°C lo que podría parecer un vuelo sin escalas desde marzo hasta un amanecer de junio. Claro que el rebote térmico es inmediato pero configura un inicio realmente fresco. Sigue soplando el viento sur, lo que desanima al termómetro que solo escala hasta 23°C. Cielo despejado o apenas nuboso para redondear una tarde soleada con calor mesurado.

Sábado: a cielo limpio

El fin de semana repite el cielo abierto con la novedad de un leve viento templado del noreste. El sol encuentra un mejor compañero para poder revertir las últimas tardes con valores un tanto avaros. Es un día de muy buenas condiciones meteorológicas con una tarde con 26°C de temperatura punta. El último sábado veraniego reniega de la pileta pero hace las delicias de aquellos que planificaron actividad al aire libre.

Domingo: chau verano

La jornada dominical vuelve a dejar a pie a aquellos que esperaban despedir al verano en la pileta. Se estima un día a pleno sol pero sin una máxima que invite al último Marco Polo. Un domingo con buen tiempo, con el viento noreste empujando el mercurio hasta los 27°C.

1815 , el año sin verano

Doscientos años atrás, nuestro planeta registró la última gran crisis de supervivencia cuando el volcán Monte Tambora produjo la mayor erupción del milenio.

La explosión se produjo en territorio de la actual Indonesia y comprometió a todo el planeta, especialmente el hemisferio norte, dejando los cielos cubiertos por ceniza volcánica y haciendo que la actividad solar fuera casi nula.

Esto se tradujo en un enfriamiento inédito de la zona ecuatorial, con nevadas en varios países centroamericanos, lluvias en zonas antárticas y potentes tormentas de nieve en Europa.

Pero el dato alarmante fue la pérdida de las cosechas por la alteración meteorológica. La hambruna se extendía desde Francia hasta China. El maíz, el trigo y la avena multiplicaron su precio en el mercado. Se produjeron saqueos en Suiza. En Canadá las aves caían del cielo congeladas. En Copenhague llovió casi todos los días durante cinco semanas. Lo mismo en Suiza, 132 días con precipitación en cinco meses. Alemania tuvo la peor cosecha en cuatro siglos. En Irlanda e Italia, el tifus hacía estragos mientras las ovejas morían de frío.

Los caballos ya no podían pastar y se debió pensar en un nuevo método para transportar a la gente y las mercancías sin involucrar animales. Fue así como Karl Drais desarrolla el velocípedo que con el tiempo derivaría en la actual bicicleta. El humor social era pésimo y varios escritores solían reunirse para intercambiar historias sórdidas y relatos de terror. No podían salir de sus casas por las constantes lluvias y las mejoras se producían en tardes sin sol. De esos encuentros salieron obras como Drácula y Frankestein.

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Para conmemorar el bicentenario de la mayor catástrofe climática de la historia, la República de Indonesia emitió una estampilla en 2015.

Los anillos de crecimiento de los robles europeos todavía nos dicen que 1816 fue el segundo año más frío en el hemisferio norte desde 1400 y que todo volvió a la calma recién en 1819.

Eso es todo amigos! Hoy, esta columna cumple un año acompañándolos todos los jueves.

Hasta la semana que viene!

@JopoAngeli

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