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Bauza: confianza temeraria, felicidad sin freno

LA NACION
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Sebastián Fest
Viernes 17 de marzo de 2017
Edgardo Bauza
Edgardo Bauza. Foto: LA NACION / Aníbal Greco
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La sonrisa y el espíritu juguetón de Edgardo Bauza durante la entrevista en la nacion sólo se apagan al encontrarse con una tapa del suplemento de Deportes del 2 de noviembre de 2016: "¿Fue un acierto designar a Bauza entrenador de la selección?" "No", respondió en aquel entonces el 64 por ciento de los encuestados.

Fue el único momento en las tres horas que pasó en el diario en el que el Patón se mostró contrariado. Apenas un instante, porque enseguida reaccionó como el optimista batallador que es: "Hagan otra después de Chile".

Sí, una nueva encuesta. Y en lo posible, otra en la tarde argentina del 15 de julio de 2018, ese día en el que Lionel Messi alzará el trofeo de campeón mundial, el tercero en la historia argentina. Porque Bauza insiste en que ya sabe que se gana la copa, y hasta arriesga el rival: será un europeo, quizás Alemania.

Messi ya es campeón, la Argentina ya es tricampeona. ¿Cómo definir a Bauza? Hay una dosis importante de temeridad en él, sí, pero lo que más destaca es su felicidad casi sin freno: el hombre que se somete primero a una entrevista en LN+ y luego a una extensa charla con editores del diario está viviendo el momento de su vida. Le llegó inesperadamente, un tanto de carambola, y quizá por eso lo está viviendo al 110 por ciento. Nadie puede reprocharle eso, un técnico alegre y confiado no puede hacerle mal a la selección. Los problemas y las observaciones son, en todo caso, otras.

Bauza sorprende también cuando insiste ante tres preguntas consecutivas en que "gracias a Dios" la Argentina no es Alemania. Suena extraño, porque Alemania viene de frustrar a la selección en los últimos tres Mundiales, aunque lo del Patón tiene una explicación. No lo dice él, pero el suyo es un espíritu latinoamericanista. Siente el fútbol de una manera, y aunque las instalaciones de la ciudad deportiva del Manchester City le hayan sacado los ojos de las órbitas, él es de acá, no de allá.

-¿Qué te seduce de Europa?

-Nada.

No perdió Bauza la contundencia que tenía en su época de jugador, aunque después matice. "¿Dirigir un equipo de primer nivel, una Champions...? Sí, no te digo que no, pero no me quita el sueño. Yo estoy ahora en el lugar que soñé". Y sigue soñando.

"Cuando termine el Mundial, y yo me imagino campeón, no sé a qué me voy a dedicar. No me veo lejos del fútbol, lo que no sé es si me veo dirigiendo. Pero toda la vida fui un tipo de desafíos, y a lo mejor aparece un desafío que me quita el sueño y dirijo un año más. Pero no mucho, no voy a ser como Ferguson".

Una parte de Bauza es ecuatoriana. Lo es su mujer, lo es uno de sus tres hijos, mantiene también una casa allá. Pero el Patón más visceral es el de Rosario, por eso sigue asombrado por lo sucedido en Olavarría con el recital del Indio Solari: "Me duele mucho que unos chicos que tienen ganas de ver a una banda terminen como terminaron por gente que no previó lo que podía pasar. Me duele mucho".

Hay también un Bauza tenista que dos o tres veces por semana mantiene vivo su gen competitivo. ¿Ofensivo o defensivo? No se juega: "Trato de pegarle a la pelota". Y es entendible: si Bauza cumple su pronóstico de campeón mundial, esa etiqueta no le importará a nadie.

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