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¿Y si el celular decidiera por nosotros?

Viernes 17 de marzo de 2017
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PARA LA NACION
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Ego, tu alter app / Dramaturgia: Marc Angelet / Intérpretes: Carla Arriola, Sebastián Edelstein, Julián Luque, Guido Napolitano / Escenografía: Cristina Martino / Iluminación: Paula Fraga / Dirección: Yoska Lázaro / Sala: Teatro del Abasto / Humahuaca 3549 / Funciones: viernes, a las 23:30 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena

La ciencia ficción no habla del futuro. Habla del presente. Su método suele ser profundizar alguna contradicción actual para elaborar una hipótesis de lo que podría pasar. En ese sentido, Ego, tu alter app, es una obra de ciencia ficción. Es, también, un policial. Estas dos tradiciones populares confluyen en la pieza del catalán Marc Angelet, dirigida por Yoska Lázaro.

El espacio describe una oficinita breve que busca reflejar el ámbito hogareño en el que nacieron las grandes compañías informáticas. Hay numerosos detalles: juguetitos, videocasetes y otros objetos que hacen sobrevolar cierta atmósfera nerd desde el comienzo. A ambos costados hay computadoras. Es la tecnología la que marca los bordes de esta puesta. La anécdota trata de un desarrollador que inventa una aplicación capaz de tomar los datos del celular y, a partir de esa información, dictar al usuario órdenes de lo que debe hacer con su vida. Con esto, el ser humano se ve libre de tener que tomar decisiones al precio de haber entregado su albedrío. La acción comienza cuando el desarrollador de esta aplicación, aparentemente, se suicida. Esto acarrea una intriga policial en la que se ven envueltos un diseñador gráfico con ínfulas mesiánicas, la novia psicóloga del desarrollador y un detective con problemas maritales.

En lo temporal, la obra va a los saltos. Avanza y retrocede en el tiempo, reformula una escena varias veces, se permite detener la sucesión para que un personaje hable al público. Anular las distancias espaciotemporales es, también, la promesa de estas aplicaciones, por lo que esta forma de avanzar por hipervínculo hace sentido con la temática propuesta. La obra busca pasajes abruptos de la comedia al drama, incluso hacer convivir ambas fuerzas. El ritmo que le imponen los actores es lo que permite, a veces, que funcionen bien estas transiciones. Hay un fuerte anclaje en lo textual; en ocasiones, el peso de las ideas en la dramaturgia oprime un poco la acción dramática, lo que sucede aparece más en la enunciación que en los cuerpos de los intérpretes. Julián Luque parece ser el que mejor recorre el código que la puesta pide.

La hipótesis de una aplicación en el celular que decida por nosotros no parece inverosímil. Sobre el presente y no sobre el futuro habla Ego, sus partes de comedia y sus ribetes policiales no quitan que sirva también como reflexión sobre los peligros de una vida hiperconectada.

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