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Cómo fue que Federer le empezó a ganar a su pesadilla: Nadal

Por primera vez en el historial del gran duelo, el suizo lleva tres victorias consecutivas sobre el español; los cambios en el campeón de Australia son decisivos para torcer la tendencia

Viernes 17 de marzo de 2017
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PARA LA NACION

INDIAN WELLS.- Roger Federer fue un vendaval de 68 minutos que Rafael Nadal no pudo capear. Cuando el español esbozó su reacción ya era tarde: el suizo celebraba con los brazos en alto bajo una estruendosa ovación su implacable triunfo por 6-2 y 6-3 por los octavos de final de Indian Wells. Con 35 años, un Federer celestial había brindado una nueva cátedra de tenis.

Hoy, en el camino del suizo estará el australiano Nick Kyrgios. Está en juego el paso a las semifinales de este Masters 1000. Otro examen, a esta altura impensado, si se quiere, pero en la actualidad de Federer la edad parece lo de menos. Entonces Kyrgios, que está en un gran momento, también debe pasar la prueba ante un rival que se convirtió en el más duro que podría tener en el circuito ahora. El japonés Kei Nishikori jugará ante el norteamericano Jack Sock por el otro lugar en la semifinal, una instancia en la que ya está el español Pablo Carreño Busta, que venció al uruguayo Pablo Cuevas por 6-1, 3-6 y 7-6 (7/4).

Con la hidalguía que circunscribió por siempre a una de las rivalidades más feroces de la historia del deporte, Nadal aceptó la derrota y se acercó a la red para felicitar a su triunfante clásico. Sorprendido, tenía una mueca inédita de incredulidad por haber sido actor secundario de una obra maestra, tal vez la actuación más contundente, categórica e incontestable de Federer en sus trece triunfos.

Entre sorpendido y resignado ante el nivel de Federer, Rafa felicitó a su vencedor
Entre sorpendido y resignado ante el nivel de Federer, Rafa felicitó a su vencedor. Foto: AFP

Por primera vez en sus 36 enfrentamientos, Federer hilvanó tres victorias al hilo: la final de Basilea 2015, el conmovedor Australian Open de este año y ahora en el cemento californiano.

Más allá de la singularidad estadística, Federer inclinó incuestionablemente en su favor la balanza de una narrativa generalmente adversa gracias a tres claves que podrían incidir también en el futuro de su enemistad deportiva.

1) La evolución del revés

La fórmula que Nadal aplicaba para mantener su supremacía sobre Federer era evidente: su drive con top buscaba incesantemente el revés de Federer, tal vez su punto más flojo. El suizo se defendía, incómodo, con slice y quedaba a merced del español.

Pero en Australia, en su reaparición después de seis meses de ausencia por una lesión en su rodilla izquierda, Roger empezó a mostrar una evolución en su revés. Cada vez más agresivo, cada vez más explosivo. "Su revés en Melbourne fue uno de los mejores que le vi durante toda su carrera", había advertido Nadal en la previa.

El escenario se repitió en Indian Wells, pese a las condiciones -la lentitud de la superficie y el calor que afecta el pique de la pelota- que amenazaban con conspirar contra Federer. Doce winners de revés, tan sólo cuatro menos que los convertidos con su drive, corroboraron el éxito de su renovada propuesta. Como si tuviera dos derechas, Federer sometió a Nadal a un castigo incesante.

La evolución de su revés, explicó Federer en la conferencia de prensa posterior, increíblemente fue una consecuencia de su lesión: "Creo que fue clave todo el trabajo que hice en noviembre y diciembre. Está dando sus frutos. He golpeado tantas bolas en los entrenamientos que fui ganando más y más ritmo hasta que integré el golpe a mi sistema y me empecé a sentir más cómodo".

Otro factor trascendental es la adaptación a su nueva raqueta, más liviana y que él mismo ayudó a diseñar con una cabeza más grande y un marco más grueso para que sus tiros ganen potencia y así optimizar cada uno de sus movimientos: "Creo que haber estado durante horas entrenando con mi nueva raqueta me permitió mejorar y ajustar mi revés. Me siento muy cómodo y eso me hizo ganar confianza para pegarle, aunque debo tener cuidado porque obviamente ahora tengo más poder".

2) Su agresividad constante

Como consecuencia del crecimiento de su revés, Federer abrumó y sometió a Nadal con un recital tan elegante como eléctrico, porque estaba decidido a impedir que el español impusiera su cadencia en el partido. La mayoría de los puntos, casi el 80%, se disputaron en menos de cinco golpes.

"Necesitaba neutralizar sus dos primeros golpes y no pude hacerlo. Fui incapaz de hacerlo. Jugando tan sólo dos golpes, él fue mejor que yo esta vez. Siempre fue mejor que yo en eso. Yo he logrado ser mejor que él cuando pude neutralizar esos dos primeros golpes, pero hoy no pude hacerlo", reflexionó un Nadal ofuscado tras la derrota, en una conferencia de prensa en la que parecía desconectado: no terminaba de entender algunas preguntas, otras prácticamente las eludía e incluso se negó a contestar cuando, por ejemplo, lo interpelaron sobre los posibles cambios en la Copa Davis. Nadal estaba tan frustrado y sobrepasado como en la cancha frente al monólogo de su rival.

Federer había anticipado su plan de acortar los puntos e impuso condiciones desde el primer game: "Será un sprint más que una maratón", había anunciado antes del encuentro.

Resumió Federer sobre su efectiva propuesta: "No tuvimos el ritmo de Australia y él no tuvo el control de la pelota desde el fondo de la cancha. Si vemos la mayoría de los partidos, no hay grandes peloteos excepto que los jugadores quieran. Cuando un jugador no quiere extender el punto, juega grandes saques o grandes tiros", dijo entre risas, y agradeció no sólo por las consecuencias tenísticas de un partido de poco desgaste, sino también por el efecto que tiene en su vida personal la acumulación de minutos.

3) El saque

El último punto en la reinvención de Federer. Cinco aces, una sola doble falta, el 76% de puntos ganados con su primer saque y el 75% con el segundo.

Nadal tuvo una única chance de quiebre en el partido: fue durante el primer game de saque de Federer, quien había empezado adueñándose del servicio del español.

Su saque ha ido evolucionando con el tiempo y, si bien su progresión no ha sido tan repentina e impactante como la de su revés, es una de las claves del feroz Federer.

"Cuando Roger tiene la ventaja -admitió Nadal-, su saque es muy bueno, tiene mucha confianza en su servicio y le permite jugar mucho más relajado. Me quebró de entrada en cada set y eso fue lo peor que me pudo pasar. Es muy difícil jugar contra Federer así. Luché, intenté encontrar soluciones, cambiar mi saque, devolver bien al fondo pero nada funcionó. No era el día".

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