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En medio de la emoción de Chapecoense, Lanús fue frío y se llevó lo que tanto necesitaba

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LA NACION
Viernes 17 de marzo de 2017
Sand, de penal, celebra el 2-1 parcial para Lanús, que venció en Brasil y se recuperó de la derrota como local ante Nacional
Sand, de penal, celebra el 2-1 parcial para Lanús, que venció en Brasil y se recuperó de la derrota como local ante Nacional. Foto: AFP
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CHAPECÓ.- Aislarse del clima emotivo que se adueña de casi todos los partidos que Chapecoense disputa no sólo era una tarea difícil para Lanús , sino también para los propios dueños de casa. Es que volvían a ser locales en un torneo continental después de la tragedia aérea del pasado 29 de noviembre y estaban debutando como anfitriones en una Copa Libertadores. Todo un acontecimiento. Sin embargo, se sorprendieron los que creían que iban a ver una especie de exhibición con poco más que tres puntos en juego. En el estadio Arena Condá se disputó un típico partido de Libertadores, con equipos nerviosos y una cancha que, por momentos, parecía una caldera, con un público que no estaba con ganas de homenajes y sí con sed de victoria, con ánimos de dejar las lágrimas en el pasado. Los granates no se aliaron con el clima externo: se impusieron por 3-1 y se reacomodaron tras la dura caída con Nacional por 1-0, por la 1° fecha.

El arranque furioso de Chapecoense puso en contexto que esta reconstrucción llevará tiempo, pero que el deseo por luchar en el torneo continental, está intacto. Cualquiera que pudiera visitar por primera vez el Arena Condá y que no tuviese ni la más mínima idea de lo terrible que fue para este equipo ponerse de pie, podría tranquilamente pensar que allí nada había sucedido. Y tampoco el equipo argentino reparó en esas cuestiones. Nadie regaló nada. El resultado final demuestra que no hubo sentimientos lacrimógenos.

Es verdad que se vivió un momento emotivo cuando el equipo salió con una remera verde oscura en la que se podía leer la leyenda "Gracias Eternos Guerreros". Pero algo se oponía a que el pasado pudiese dominar la escena, porque no pudieron usar esa casaca, ya que Lanús también tenía una vestimenta opaca y tuvo el equipo local que usar una remera blanca. Entonces, los futbolistas brasileños decidieron regalarle a la gente las camisetas verdes que no pudieron usar.

Más allá de que Chapecoense no mostró su mejor versión, nadie quería más lamentos. Todos aquí quiere mirar hacia adelante. Tanto que estaba programado hacer un minuto de silencio a los 26 del primer tiempo, sin embargo, por determinación del club se desistió de esa idea, porque justamente necesitan todo penar en reconstruirse.

Es verdad que el golpe que recibió de local no fue para nada agradable. Pero los hinchas demostraron tener mucha paciencia con los suyos. Más allá del deseo intacto por quedarse con los tres puntos, comprenden que va a llevar tiempo este proceso y que clasificarse no va a ser simple. Nadie aquí espera que sea lo mismo que antes del accidente.

Por eso todos festejaban el ahogo en la salida del granate y lo hacían también como si fuese un gol cada corte, cada quite de sus volantes. Pero claro, fue el equipo argentino el que, a pesar de la falta de competencia, demostró tener mejores armas para dominar el partido y antes de la media hora de juego ya tenía más del 70% de la posesión del balón. Aunque no podía imponerse en el marcador. Tal vez la tensión, quizá el desgaste por el debut en casa, hizo que, de un momento a otro, la solidez del medio campo catarinense se desvaneciera. Y Lanús comenzó a soltarse. Gómez corría libre por el costado derecho y Acosta dominaba con más facilidad la pelota. Todo un síntoma de lo que estaba por venir.

Aún cuando el primer golpe lo diera Chapeconese, con un disparo de Rossi que no pudo contener Andrada. El estadio Arena Condá y varios otros rincones del planeta vibraron con el primer gol del equipo más querido del mundo del fútbol.

Lanús no se desesperó. Tampoco tuvo tiempo para perder el rumbo, ya que tres minutos después, Aguirre empató definiendo de primera tras un desborde de Silva. La superioridad que Lanús fue demostrando con cuentagotas llegó como una avalancha. Chapecoense desapareció de la cancha. Lanús atacaba con mucha libertad. Hasta que un desborde de Acosta, que no logró llegar hasta el fondo sólo porque João Pedro se interpuso para derribarlo torpemente. Penal que Sand convirtió en gol, con una definición suave a la derecha de Artur. Lanús no estaba dispuesto a parar. Otra vez Velázquez, con tiempo y espacio, se internó sin dificultades en el área catarinense y encontró por el medio del área a Lautaro Acosta, que con un toque sutil puso el 3 a 1 que, a esas alturas, ya definía el juego. El conjunto de Almirón es más equipo a pesar de la falta de ritmo. Chapecoense estaba nervioso y, más allá de haber crecido desde el inicio de la temporada, no deja de ser un plantel que se armó desde cero y aún no consiguió una identidad, como si tenía la versión 2016, que llegó a ser finalista de la Copa Sudamericana. La emoción invadió a todos, pero Lanús necesitaba los tres puntos. Y se los llevó.

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