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Zarpó la bienal antártica: una nueva aventura del arte al continente de los secretos

En un buque-taller al mando de un soviético, salió ayer de Usuhaia la aventura creativa de una veintena de artistas entre los que se cuentan a dos argentinos

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PARA LA NACION
Sábado 18 de marzo de 2017
El ucraniano Alexander Ponomarev director de esta primera aventura de 12 días al continente helado
El ucraniano Alexander Ponomarev director de esta primera aventura de 12 días al continente helado. Foto: Antarctic Pavillion
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El Arca de Noé, el Nautilus de Nemo, el Yellow Submarine de Los Beatles. Esos imaginarios son los que entusiasman a Alexander Ponomarev (Ucrania, 1957), larga melena ceniza y barba candado, para explicar el proyecto de su vida. Como si al mundo le faltasen bienales, este ingeniero naval de la ex Unión Soviética se puso al hombro la primer Antarctic Biennale, un viaje de doce días y dos millones de dólares por el continente helado a bordo de un buque botado en Finlandia en el que ahora mismo viajan 29 artistas y observadores multidisciplinarios de todo el mundo. El plan mezcla la expedición científica, el naturalismo romántico y la expansión del arte contemporáneo como lingua franca estética.

Vía skype, con los auxilios de un traductor ruso-inglés-español, Ponomarev explicaba desde su casa en Moscú el itinerario que le esperaba. Hacer las valijas para viajar a Buenos Aires y desde allí hasta Usuhaia, donde todos los participantes de la Bienal zarparon ayer en un viaje de 12 días, regresando a Buenos Aires el 29 de marzo. Y esto es apenas el punto de partida de la experiencia, ya que a estos artistas y sus obras les esperan dos años de peregrinaje por instituciones museísticas de todo el mundo. La Bienal de Venecia, por caso, tendrá este año por inicitativa de Pomomarev un pabellón antártico.

Familiarizado con los confines en su vida de marino soviético, Ponomarev es reconocido por sus instalaciones y performances en situaciones geográficas extremas como el desierto de Sahara, el mar de Barents y el monte Himalaya. Pero acaso su acto de mayor impacto haya sido representar a Rusia en la Bienal de Venecia de 2007 conduciendo un submarino adaptado para la delegación de artistas. El submarino es un fetiche en la obra del ucraniano, un objeto donde confluyen sus intereses como marino y artista. "Me uní a la marina porque era la única forma de viajar que teníamos en la Unión Soviética. Al mismo tiempo la educación era muy buena y cualquier chico podía estudiar música o arte y yo dibujo desde que tengo uso de razón. El submarino fue originalmente una obra de Leonardo da Vinci que luego convertimos en una máquina de matar y yo quise devolverle ese origen artístico." Obras de Ponomarev con el submarino como soporte forman parte de las colecciones del Louvre y de museos de Rusia y Luxemburgo.

Arte a bordo y en el hielo

Joaquín Fargas y su robot solar, ayer, antes de zarpar
Joaquín Fargas y su robot solar, ayer, antes de zarpar. Foto: Gza. del artista

Según la plataforma de la Bienal Antártica, muchas obras "se desarrollarán a bordo y en condiciones difíciles. El barco ha sido concebido como un estudio flotante y espacio de exhibición y conferencias. Durante los desembarcos en distintas locaciones los artistas podrán instalar temporariamente sus obras o realizar performances". Pero ¿qué tipo de obra es pertinente para esta aventura? En la Universidad Maimónides de Buenos Aires, el ingeniero y artista Joaquín Fargas explica cómo funcionan los Glaciators (Glaciadores) que forman parte del envío a bordo del Akademik Sergey Vavilov. "Son cuatro robots de una forma orgánica que remite a la de los paramecios y que tienen la misión de colaborar en las glaciaciones apisonando la nieve", explica Fargas a sus criaturas autónomas que funcionan a energía solar y tuvieron un costo de 50 mil euros.

De larga trayectoria en la intersección de ciencia, tecnología de punta y arte, Fargas representa a la Argentina en esta Bienal junto con Tomás Saraceno, tucumano residente en Berlín que en abril muestra en el Moderno. Fargas ya había pisado la Antártida con el proyecto Utopía para el que diseñó unos cíborgs que replicaban la forma de los insectos originales del continente antes de su glaciación. Ahora bien, ¿no deberían estos esfuerzos enfocarse a la investigación científica? Fargas: "Si presentara esto como un proyecto científico, la comunidad de investigadores me diría que estoy loco. En cambio, en el terreno del arte puedo plantear un concepto sin que tenga que tener una demostración cabal. Lo que yo presento son hipótesis en forma de obras artísticas. Hoy parecen cosas imposibles, pero quizás en el futuro sean comunes. Quién sabe...".

Las barreras entre ciencia y arte están listas para ser borradas. Saraceno, estará presente a través del proyecto Aeroceno, la comunidad multidisciplinaria que echó a rodar y en la que toman parte artistas, filósofos, científicos, investigadores, aeronautas y visionarios. Liz Barry y Nick Shapiro van en la expedición entre Usuahia y la bahía Margarita en Antártida. A ellos les tocará el lanzamiento de dos globos "Explorers", esculturas aerosolares capaces de trasladar el equipamiento necesario (monitores de polvo, sensores de salinidad y kits detectores de bacterias) para explorar las condiciones microscópicas del aire antártico.

Ponomarev, que visitó antes la Antártida en misiones militares-científicas, sabe sin embargo que los problemas que ponen en cuestión el futuro del continente de hielo exceden el campo artístico: "Los artistas no somos quienes vamos a dilucidar si los problemas se deben al calentamiento o al enfriamiento global, nuestra misión en todo caso es llamar la atención con nuestro lenguaje. Los artistas expresamos el dolor de la humanidad. La Antártida no es solo un paisaje extremo sino el último territorio libre que le queda al hombre. Un espacio que todavía no tiene muchas reglas y que funciona bajo un acuerdo de buena voluntad entre países. Un lugar donde se pone en juego el imaginario de lo infinito y lo secreto. Y para los científicos y los artistas la idea de que el mundo sea un secreto a revelar es primordial".

Acaso este valor de lo secreto haya movido al gigante ruso de la seguridad informática Kaspersky a solventar la mayor parte de los gastos de la Bienal Antártica. Bajo el lema "el arte de la cyberseguridad", Kaspersky asume el lugar de general partner en el cartel de la expedición. El arte contemporáneo explora también nuevos caminos de mecenazgo, en el linde con las asperezas geopolíticas (Moscú en el centro del espionaje digital). Cuestiones que Ponomarev deja cuidadosamente fuera: "Esta Bienal está inspirada en el concepto del Potlach de los antiguos indios de Norteamérica. Las obras serán como ofrendas de intercambio y el arte contemporáneo nos da esa posibilidad de documentar de formas muy diferentes la aventura. No tenemos ningún interés de colonización sobre la Antártida, lo hacemos para elevar una pregunta fundamental: ¿Vamos a dejar a la Antártida como un territorio libre?". La respuesta, Dylan después, quizás esté soplando en el helado viento antártico.

Escultura aerosolar del argentino Tomás Saraceno
Escultura aerosolar del argentino Tomás Saraceno. Foto: Fund. Aerocene

Identikit de la tripulación

12

Días de Bienal

Nave

Buque Akademik Sergey Vavilov (Finlandia)

Capitán

Alexander Ponomarev (Ucrania), director de la Bienal

Pasajeros

29 artistas. De la Argentina (Joaquín Fargas, Tomás Saraceno), Brasil, Ecuador, Japón, Rusia, España, Alemania, Francia/Suiza, Italia, Bangladesh/Reino Unido, Marruecos, China, Emiratos Árabes

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