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La gran tormenta... de histeria y predicciones

Juana Libedinsky

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LA NACION
Sábado 18 de marzo de 2017
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NUEVA YORK.- Una nueva gran tormenta de nieve se esperaba para la semana última. Las clases, los vuelos, una gran parte de los medios de transporte, todo se canceló preventivamente. Muchos padres con los chicos en casa no pudieron ir a trabajar aunque hubieran querido. Los museos, negocios y grandes tiendas departamentales cerraron para frustración de los turistas y millonarias pérdidas para la ciudad. Los supermercados, esos sí, tuvieron suerte: en particular los que venden productos orgánicos aparecían en la televisión mostrando largas colas que se formaban de gente desesperada por llenar sus carritos antes de que se acabara, por ejemplo, el kale. Esto no es una boutade: ya desde 2015 que los medios sociales divulgan fotos de las estanterías especializadas vacías en los mercados de los barrios cool de Manhattan y Brooklyn con epígrafes en mayúscula que alertan: "No hay más kale ni kombucha enWhole Foods. ¡Esto es peor que la tormenta que viene!" (Para el no iniciado, Whole Foods es la cadena sofisticada de comida natural, aunque la definición a menudo es controvertida; kale es la col rizada considerada un "supervegetal" y sin la cual cualquier ensalada aquí equivale a suicidio social; kombucha es un té fermentado, a veces de algas u hongos, al que se han adjudicado propiedades que van de curar el cáncer a repigmentar el pelo canoso).

Esta vez, dado lo tarde en la temporada que se esperaba la tormenta, la gente se desesperó también por llevarse hasta el último espárrago fresco, a pesar de que en la televisión advirtieran del aroma que inundaría a los pequeños y sobrecalefaccionados departamentos neoyorquinos si quedaban varios días sin consumir.

Al final, hubo un poco de nieve y un poco de viento, pero el servicio meteorológico en seguida bajó el alerta a un grado muy inferior. "La madre naturaleza es una dama impredecible a veces", se disculpó el gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo.

"Si los modelos de predicción fallaron respecto de las elecciones, ¿cómo no iban a fallar respecto a esto?" escribió un lector de The New York Times haciéndose eco de un sentimiento popular. Por su parte, estar con canadienses, o gente de Minesota, Buffalo o cualquier otra parte fría de lo que aquí llaman la "verdadera América" era una tortura: significaba escuchar que esto sería la primavera para ellos, y cómo los neoyorquinos siempre son unos histéricos endebles que entran en pánico por insignificancias.

Pero la Gran Manzana siempre tiene su magia. Adelantándose a la nevada, un grupo hizo un llamado para romper el récord Guiness de cantidad de gente participando en una guerra de nieve. No lograron ni de cerca romper el récord (que, obviamente, tienen los canadienses), pero sí lograron juntar medio centenar de personas en Central Park.

Por otra parte, rápidos de reflejos, los teatros inmediatamente avisaron que por la noche estarían abiertos. Con toda la gente que se vio forzada a cancelar planes, quienes pudieron decidir a último momento ir a Broadway, se encontraron con la agradable sorpresa de entradas considerablemente más baratas, y la posibilidad de ver musicales agotados meses atrás. Como diría Irving Berlin: "Let it snow, let it snow, let it snow!"

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