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Aun sin copa en la Liga de las Américas, Bahía siente que ya tiene éxito

El club argentino perdió la final del certamen, pero su proyecto de juveniles llegó más lejos que lo esperado a esta altura

Domingo 19 de marzo de 2017
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Sebastián Ginóbili instruye a sus dirigidos; Redivo (12) fue la figura de Bahía en el torneo
Sebastián Ginóbili instruye a sus dirigidos; Redivo (12) fue la figura de Bahía en el torneo. Foto: FIBAAmericas.Com

Las cabezas gachas son lógicas: la gloria estuvo ahí, a mano. Las medallas plateadas en el pecho, no tan lógicas: Bahía Basket no preveía que a esta altura, principios de 2017, estaría a semejante altura, el segundo puesto latinoamericano. Perdió por 88-65 la final de la Liga de las Américas en Barquisimeto, Venezuela, a manos del local y defensor de la corona, Guaros.

El campeón tiene un plantel lleno de experiencia y numerosos jugadores del seleccionado venezolano. Lo opuesto fue el conjunto celeste, rebosante de cortos veinteañeros y de adolescentes tardíos, y que se mantuvo en juego hasta fines del tercer cuarto.

Ganara o perdiera Bahía, lo suyo ya había cumplido un objetivo: llamar la atención del básquetbol argentino. Hacerle entender que no todo es terminar lo más arriba posible en la Liga Nacional en la temporada de turno. Que hay que pensar más allá, que no hay que hipotecar el futuro por un presente más dulce. Que la materia prima siempre será la base y que hay que sembrarla. Que el producto se venderá mejor si tiene más comodidades para los espectadores y es más prolijo para los televidentes.

Invirtió un par de temporadas Bahía para organizarse bien. Dejó pasar dos campeonatos, aun con cierto riesgo de descenso por presentar muchos juveniles todavía verdes. No le importó y se focalizó en lo suyo: poner mejor el estadio, dar un espectáculo más atractivo al público y formar a los chicos. Las iniciativas de Pepe Sánchez, su presidente, cundieron en la Liga Nacional, que suspendió los descensos por un par de años para reducir urgencias y se convenció de que había que actualizar la infraestructura con inversiones dentro de lo que los presupuestos permitieran, sin pagadioses.

Sánchez tomó ideas de la mejor liga del mundo, en la que fue el primer argentino en debutar, pero puso más énfasis en el desarrollo de los chicos que en cualquier otra cosa. A la usanza estadounidense, se creó la Liga de Desarrollo, con los mismos clubes y bastante difusión mediante sus departamentos de prensa. Pero Bahía se adelantó a todos e hizo crecer a sus jóvenes con roce de primera categoría.

Y entonces surgieron Lucio Redivo, que a sus 23 años parece un veterano al lado de muchos compañeros; Juan Pablo Vaulet (20), ya seleccionado por Brooklyn Nets en un draft de NBA; Máximo Fjellerup (19); Facundo Corvalán (18, base titular en la final), muchachos que hacen ruido en la Argentina y sorprendieron en el nivel continental. Vienen otros un poco más atrás: Santiago Vaulet (18, hermano de Juan Pablo), Francisco Filippa (21), Martín Fernández (19), Fermín Thygesen (19) y varios más.

El caso del más grande de los Vaulet, que permaneció una temporada en la Liga luego de ser elegido por Brooklyn, es demostrativo de la idiosincrasia del club: "Trabajamos para que pueda irse cuanto antes. Muy a nuestro pesar, pero teniendo en claro que es lo mejor para él. No podemos retener en la Liga a un jugador cuando lo quiere la NBA", explicó Sánchez. "Si tuviéramos mucho dinero probablemente pensaríamos también en tener jugadores de mucha calidad y experiencia. Pero la realidad es que uno, por convicción y por ser hijo de la necesidad, busca caminos alternativos. Nosotros buscamos éste, el desarrollo de los jóvenes, y nos sentimos muy cómodos. Nos viene muy bien, es lo que nos gusta hacer y ojalá logremos ganar desarrollando jugadores", dijo el año pasado a la nacion.

Claro que todo está explotando antes que lo previsto. El futuro llegó antes para Bahía Basket. Porque, al no privilegiar el presente, no lo puso en riesgo.

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