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Duelo

Lunes 20 de marzo de 2017
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Silvana, hija única de un señora que contrajo una grave enfermedad y a la que le dieron pocos meses de vida, decidió que su madre no sólo estaría internada en una buena clínica privada, sino que iba a poner a alguien que la acompañara en forma permanente. Quería que su madre -una señora mayor- nunca estuviese sola. Contrató a dos mujeres, que se iban turnando. Tiempo después, al ver que la agonía se prolongaba, les ofreció a las dos regularizar su situación laboral. Blanquearlas. Las dos se negaron. Le explicaron que, como eran beneficiarias de planes sociales, si aceptaban el blanqueo tendrían que renunciar al subsidio. "Muchas gracias, pero no nos conviene." Cuando la señora murió, al cabo de algo menos de un año, las tres se abrazaron y lloraron. A los pocos días, a Silvana le interrumpieron el duelo con dos telegramas: las mujeres que habían acompañado a su madre exigían el pago de una indemnización por despido. Si no lo hacía, presentarían una demanda ante la justicia laboral. Eso sí, se mostraron dispuestas a negociar. A partir de allí, Silvana iba a tener que entenderse con su abogado.

Ningún descubrimiento. La Argentina no es fácil, y algunos argentinos, menos que menos.

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